Nadie le pone freno a las bandas de las villas
Atrincherados: una docena de policías continúa defendiendo a tiros la casa del comerciante que mató al jefe de una gavilla cuando lo asaltaba.
1 minuto de lectura'
Ayer a sólo 20 cuadras de la Capital una banda de delincuentes que desvela al conurbano siguió haciendo ostentación de impunidad: durante toda la jornada una docena de policías fue blanco de sus tiros en la villa El Mercado en Caseros.
Los agresores fueron los miembros de la banda de los paraguayos gavilla que comandaba Néstor "Sopapita" Merlo quien murió el viernes último a manos de un comerciante al que intentó asaltar.
Ráfagas de armas automáticas llovieron sobre los uniformados que custodian la casa del comerciante a quien la gavilla busca para vengar la muerte de su jefe.
Mientras otro hecho reflejó la creciente presencia de estos peligrosos grupos en el conurbano: en el barrio Ejército de los Andes (conocido como Fuerte Apache) se tirotearon dos bandas de delincuentes. Para contenerlos la policía de esa zona pedía refuerzos a los efectivos apostados en la villa de emergencia de Caseros jaqueados a su vez por el fuego esporádico de francotiradores.
Ante esto el secretario de Seguridad Bonaerense Alberto Piotti prometió una amplia razzia para terminar con la banda de "Sopapita".
Siguen los tiros y la inseguridad
"Agáchense agáchense que están tirando. Pónganse detrás de las puertas blindadas de los patrulleros que son los únicos lugares seguros."
La voz clara y terminante de un sargento empuñando una escopeta Itaka retumbó como una orden en los oídos de este redactor y la fotógrafa de La Nación cuando se acercaban ayer a la villa El Mercado en Caseros cuando hacía instantes se había oído una cadena de detonaciones de un arma automática.
Allí en el cruce de Mendoza y Perú donde comienza dicho asentamiento se levanta la precaria casa de frente de revoque del comerciante Pedro Ruiz quien en la mañana del viernes último cuando por enésima vez lo asaltaban dio muerte a mazazos a Néstor "Sopapita" Merlo y a su novia.
Los Ruiz están a buen resguardo pues la Banda de los Paraguayos de la que era jefe "Sopapita" tiene hoy un solo fin: vengar su muerte.
Tarde de perros
"A las 17 una ráfaga de 9 mm pasó por arriba del carro de asalto y de nuestras cabezas y picó en el muro donde estábamos. Otra causó cinco impactos en una pared cercana a donde estaban parapetados dos hombres nuestros. Pero aún no sabemos dónde están los que tiran. Toda la tarde fuimos blancos ambulantes."
El veterano sargento con su chaleco antibalas colocado así dialogaba con La Nación mientras sobre el baúl de un patrullero apoyaba su Itaka con la mira puesta en los altos de las casas linderas a la de Ruiz en cuyo interior había otros dos policías pertrechados como si estuvieran en un frente de batalla.
La decena de efectivos del Comando de Patrullas Bonaerenses de San Martín y de la Guardia de Infantería de Ciudadela todos con sus pistolas martilladas y escopetas listas para abrir fuego confiaban que los ataques provenían de miembros de la Banda de los Paraguayos.
Pero el escenario atípico se completaba con el paso de chicos y moradores de la villa que caminaban por allí como si nada pasara. Ellos sabían que a esas horas las balas eran para los policías que custodiaban la casa de los Ruiz y que según comentaron algunos vecinos intentarían quemarla para calmar su sed de venganza.
Por lo menos dos autos particulares pasaron más de seis veces por la posición de los policías. Chicos que simulaban pasear miraban bien a los efectivos y a los periodistas. "Esos son los que les informan a la banda cuántos somos cómo estamos armados y qué hacemos pero no podemos hacerles nada" confió otro suboficial.
Con las primeras sombras de la noche los policías que nunca bajaron la guardia comenzaban a masticar un duro bocado mezcla de bronca tensión e incertidumbre.
"A la noche para nosotros comienza el baile. Ellos saben que no podemos tirar si es que no los ubicamos y aprovechan la oscuridad para dispararnos" dijo un cabo primero mientras con ambas manos tenía apoyada su pistola sobre el techo de un patrullero.
La noche se cerraba y se oyeron más disparos no muy lejos de donde estaban parapetados los policías y los pocos periodistas que cubrían esta inexplicable historia de inseguridad que se vive hace tres días a a menos de 20 cuadras de la Capital Federal donde parece que la villa El Mercado es tierra de nadie.
Ahora prometen razzias
LA PLATA.- El secretario y subsecretario de Seguridad bonaerense Alberto Piotti y Alejandro Pérez Cárrega planean una gigantesca batida en la villa El Mercado de la que tomarían parte numerosos policías y miembros de la justicia federal y criminal.
Estudian filmaciones fotos testimonios porque sospechan -al igual que funcionarios de la comisaría de Villa Pineral y de la Unidad Regional San Martín- que los secuaces de Néstor Daniel Merlo "deben estar allí" .
En tanto el quiosquero boliviano Pedro Ruiz quien mató a mazazos a "Sopapita" y a su novia Mirtha "Fanny" Silva se encuentra con su familia viviendo en un lugar seguro de la Capital Federal.
El paradero del "justiciero" fue ayer un secreto de Estado; se temía que los cómplices de Merlo tomaran venganza habida cuenta de que los vecinos los han señalado como dueños y señores de una franja de Villa Pineral
Piotti se hizo presente
Un cuadro de situación de Villa Pineral en la que el miedo y la incertidumbre marcan el pulso de la mayoría de su gente especialmente en varias manzanas a la redonda de Villa El Mercado y en un sector lindante no fue compartido por Piotti Pérez Cárrega el subcomisario Luis Romero y el comisario inspector Juan de Dios González.
El subcomisario y el jefe de turno de la Regional de San Martín no disimularon sus sentimientos por la suerte corrida por "un incorregible delincuente" .
Además acordaron que debido a sus primeras incursiones en la senda del delito Merlo fue detenido tres veces en un año por personal de la comisaría de Villa Pineral.
¿Qué pasó; qué juez lo dejó en libertad y por qué?
"Lo desconozco. Habría que averiguar por el lado de la Justicia. Además es la primera vez en los últimos cuatro años en que la zona aparece señalada como centro de delincuentes y no es así" se defendió el subcomisario Romero.
En cambio tanto Piotti como su segundo no confirmaron esas presuntas detenciones de un precoz y peligroso sujeto.
"La misma importancia que Valor"
Piotti dijo que era "tan buscado como el Luis ´El Gordo` Valor" y se mostró confiado en erradicar los restos de la gavilla que sobrevive a "Sopapita". En ese punto el secretario de Seguridad no negó que esos sujetos pudieran librar una lucha a muerte para heredar el cacicazgo ahora vacante acrecentando aún más el temor vecinal.
"En Villa El Mercado como en otros sitios de riesgo como La Cava el complejo Ejército de los Andes (más conocido como Fuerte Apache) en Ciudadela o en la Carlos Gardel el panorama es más o menos el mismo: pocos y peligrosos delincuentes y mucha gente honesta y de trabajo que incontables veces por miedo o por el no te metás se queja de la acción de la policía y de la justicia y no se anima a denunciar los delitos y con ello favorece la impunidad de sus victimarios" acordaron Piotti y Pérez Cárrega.
A su vez los policías Romero y González señalaron que la "sensatez y la precaución" evitaron que la policía entrara en acción y pusiera en riesgo la vida de inocentes en el caso de la despedida fúnebre a "Sopapita".
"Sólo cuatro o cinco despidieron con tiros al aire al jefe caído pero la gran mayoría estaba por curiosidad y nosotros no somos gatillo fácil; se nos da un arma para usarla con responsabilidad" concluyeron.






