
No es tan mala ni tan buena
Por Marcelo Peretta Para LA NACION
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Denostada del mes y aparente culpable, los argentinos hemos encontrado en la efedrina con qué descargar nuestra bronca. ¿Es tan mala en verdad?
La efedrina es un fármaco centenario que ha resuelto muchas enfermedades y salvado varias vidas. Técnicamente, es vasoconstrictora y broncodilatadora, eficaz por vía oral, nasal, ocular e inyectable.
Más de una embarazada debe su vida y, eventualmente, la de su bebé a la efedrina. En el parto, cuando la anestesia descompensa y causa hipotensión, algo bastante frecuente, se aplica efedrina para compensar a la madre.
Miles de individuos han sufrido reacciones alérgicas tras el uso de un medicamento, la ingesta de una comida o la inhalación de un tóxico. Tal vez no lo sepan, pero probablemente fue una inyección de efedrina la que les salvo la vida.
Jarabes, gotas y comprimidos para descongestionar la nariz, tratar la sinusitis, relajar los ojos o calmar la tos contienen diferentes cantidades de esta sustancia. Y más de un caso de depresión o tratamiento para adelgazar incluye fórmulas con esta droga.
Como todo medicamento, la efedrina puede producir efectos secundarios, en este caso, hipertensión, taquicardia, cefaleas o nerviosismo. Pero si está bien prescripta y dispensada, los efectos negativos casi no ocurren.
La efedrina no es ni mala ni buena, depende del uso que el hombre le dé. Los hombres malos la usan como precursor de cocaína, éxtasis u otras drogas de síntesis, ya que la droga se convierte en una anfetamina que intoxica a jóvenes "desorientados", provocándoles falsa sensación de seguridad, verborragia y claridad mental.
La solución no es prohibirla, si prohibiéramos todos los remedios riesgosos nos quedaríamos sin tratamiento de las enfermedades. La solución es controlar el circuito de la efedrina y de todas las drogas y medicamentos aprobados: trazabilidad.
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Urge una política de medicamentos que garantice esta trazabilidad: del laboratorio productor a la droguería mayorista, y de ésta a la farmacia, única que puede venderle al paciente. Lo demás está de más.
Hay que terminar con el "canal k" conformado por quioscos, supermercados, gimnasios, estaciones de servicio, restaurantes y páginas web. Estos lugares ilegítimos no tienen responsable y son campo fértil para medicamentos robados, adulterados o falsificados. También para que inescrupulosos negocien con la salud de la gente y abusen de remedios como la efedrina.
Hay que respetar la función del farmacéutico, universitario y experto en medicamentos. De poco sirve que se le exija una dirección técnica si no se le hará caso. Los medicamentos fabricados en la Argentina son de calidad, pero deben comercializarse por una vía controlable y penalizar con cárcel cualquier desvío. No hay que prohibir sino fiscalizar en qué se transforma cada miligramo de todos los kilos de efedrina que entran en el país. Espero que el INTI pueda lograrlo.




