
No quería irse el preso más viejo de Mendoza
Obligado a salir por las autoridades
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MENDOZA.- El chileno Oscar Cubillos, que con sus 88 años era el preso más viejo del sistema penitenciario provincial, debió ser obligado a abandonar la cárcel de San Rafael. No quería irse, pese a que ya había cumplido su condena de 18 años de prisión, porque se había habituado a la rutina carcelaria.
Lo convencieron las autoridades del establecimiento y uno de sus hijos, que lo invitó a quedarse a vivir con él en una vivienda del distrito rural de Villa Atuel, en las afueras de la ciudad.
El sábado último, el "Chileno", como le decían, dejó la cárcel que fue su hogar durante varias décadas. Se marchó con un dejo de nostalgia. Su buena conducta y el haber cumplido 14 de los 18 años de la última condena recibida lo habilitaban desde 2004 para gozar del beneficio de la libertad condicional. Pero él se negó a volver a las calles.
Según un despacho de la agencia Télam, Cubillos dijo que prefería quedarse. Las razones que alegó fueron éstas: "Yo lo quiero así, y me mantengo con mi plata". Es que le habían hecho el chiste de que, si quería seguir adentro, iba a tener que pagar.
El hombre confesó que durante los casi 30 años de privación de la libertad que pasó tras las rejas por distintos delitos no tuvo mucho de que quejarse. "La he pasado bien", enfatizó. De todos modos, reconoció que su vida en el presidio no fue sencilla. "He tenido problemas con otros presos; me «he tirado golpes» y me ha ido bien, pese a que no soy muy «turco para las porras», pero me respetan", dijo Cubillos.
Si bien tuvo dos condenas por homicidio, entre otros delitos, el "Chileno" será recordado por su singular adaptación a un medio tan hostil como es el carcelario. En prisión se dedicaba con esmero al mantenimiento del jardín de ingreso de la cárcel de San Rafael, situada en Mitre al 2000.
A pesar de sus 88 años, todas las mañana transportaba un pesado balde de 20 litros de agua con la que regaba sus preciadas plantas y flores.
Un guardiacárcel de esta ciudad comentó ayer a LA NACION sobre Cubillos: "Era uno más de nosotros porque tuvo una conducta intachable. Venía a la guardia a tomar mate y muchos de nosotros lo ayudábamos con ropa cuando la necesitaba".
Recordó: "A pesar de sus años, era muy guapo para el trabajo y terminó acostumbrándose a esta vida. Nunca pasó un día en el calabozo por mala conducta".
Después cumplir su segunda condena de 13 años y medio en prisión, el sábado dejó a sus compañeros del pabellón 8, donde están los presos de mayor edad, con la promesa de volver a visitarlos dentro de poco tiempo. Eso sí: sólo de visita.






