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Norah Borges, la gran hermana
En exclusiva, un riquísimo diálogo entre Rodolfo Braceli y la artista, que al poco tiempo falleció
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En un extenso y riquísimo diálogo que el escritor y periodista Rodolfo Braceli mantuvo con esta mujer antes de que ella muriera, la pintora traza una mirada íntima y desconocida sobre el más universal de los escritores argentinos. Aquí, un adelanto de este documento exclusivo de inestimable valor histórico:
Jorge Luis, por su hermana
- "Yo dibujaba y Georgie (como ella lo llamaba) leía; él tenía una piel de tigre con cabeza y todo, se la trajo un tío del Sur. Entonces Georgie, se acostaba boca abajo sobre la piel, ponía el libro sobre la cabeza del tigre y así se pasaba días enteros, leyendo allí."
- "Lo que sí nos gustaba a los dos eran los patios ajedrezados en blanco y negro. Con aljibes... Nuestra casa de Serrano tenía plantas y árboles y un cero. Entonces Georgie le llamaba a eso "el laberinto del jardín."
- "¿Le conté que Georgie casi no veía pero lo mismo viaja en bicicleta? Pero su bicicleta era mágica, porque lo paraba justo donde debía bajar."
- "Nunca nos peleamos porque éramos contrarios. A él le gustaba una cosa y a mí otra. Nos complementábamos. A mí me gustaba jugar, a él le gustaba leer y mirar tigres. A Georgie le gustaba conversar y a mí me gustaba el silencio... En mis cuadros he pintado jovencitos silenciosos que viven esperando amor. Y el amor no les llega en mis cuadros..."
- "Mi hermano era muy inteligente en los grandes temas, pero en los pequeños detalles de la vida no sabía nada. Georgie no sabía ni quién era, ni dónde había nacido, nada sabía. A él le gustaba subirse a algo que se llamaba tranvía, pero que ya no era tranvía, para ponerse a recitar en voz alta. En eso era valiente."
Por La entrevista completa, el próximo domingo en LA NACION Revista.




