
Nueve muertos al explotar un gasoducto
Se trata del accidente más grave de este tipo registrado en la provincia
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SALTA.- Nueve obreros murieron y uno sufrió quemaduras graves como consecuencia de la violenta explosión de un gasoducto en el paraje Las Mesitas, a 67 kilómetros de esta capital.
El hecho ocurrió ayer, minutos después de las 11, cuando una cuadrilla intentaba reparar el ducto, en una zona deshabitada, a unos metros hacia el este de la ruta 34. La onda expansiva dejó un cráter de 15 metros de diámetro y seis de profundidad, en medio de árboles y pastos chamuscados. Se trató del accidente más grave en la historia de gasoductos de la provincia de Salta.
Hasta anoche se desconocían las causas de la explosión en el gasoducto dado en concesión a la empresa Transportadora de Gas del Norte (TGN).
El único sobreviviente de la tragedia -identificado como Enrique Ramón Dorado- sufrió quemaduras graves y, al cierre de esta edición, permanecía internado en un hospital de la zona. El grave accidente se produjo muy cerca de las vías del Ferrocarril Belgrano. La onda expansiva levantó un tramo de los durmientes e incendió la camioneta Trafic en la que los operarios habían llegado al lugar a trabajar.
Fuentes de TGN aseguraron anoche a La Nación que todavía no se habían podido determinar las causas de la explosión. Por otro lado, aclararon que el accidente no afectará la provisión de gas en la zona, ya que los gasoductos troncales no fueron afectados.
Carbonizados
Poco después de las 9.30 de ayer, una cuadrilla de 10 operarios ingresó en el Gasoducto Norte, en Las Mesitas, con la intención de arreglar una pérdida de gas. Algunos quedaron concentrados en el lugar donde comenzaron a trabajar y otros, más alejados.
Los obreros realizaban la excavación a mano, debido a que no se pueden usar maquinarias ni herramientas dentro de los ductos.
Sólo habían avanzado unos pocos metros cuando la violenta explosión terminó con la vida de nueve de ellos y dejó gravemente herido al restante.
Uno de los trabajadores resultó totalmente destrozado y los cadáveres de los otros ocho resultaron carbonizados. Varios quedaron semisepultados y se los debió desenterrar. Los pastizales y los árboles a unos 100 metros a la redonda se incendiaron, al igual que la Trafic, que estaba a unos 15 metros del cráter.
Las llamas fueron advertidas por un operario de Telecom, Aldo Toconás, que estaba inspeccionando una torre distante algunos kilómetros. El hombre alertó a su empresa y se apresuró a adoptar medidas de corte de tránsito, advirtiendo que desde el Sur avanzaban hacia el Norte dos camiones cisternas que podrían haber cruzado en el momento de mayor peligro.
Enrique Román Dorado, el único sobreviviente, estaba a unos 70 metros, cerca de la ruta. Esa fue la razón por la que pudo salvar su vida, aunque el 40 por ciento de su cuerpo resultó con quemaduras.
Fue derivado primero al hospital de la ciudad de General Güemes y luego al San Bernardo, de esta capital, donde permanecía internado en el Servicio del Quemado.
Si bien aún no han podido establecer las causas del siniestro, los investigadores descartaban ayer la posibilidad de que un pico o una pala hubieran roto el ducto y provocado el accidente. De hecho, los operarios no habían llegado hasta el caño que explotó, a cinco metros de profundidad.
El gasoducto que estalló nace en la localidad de Caimancito, el sur de Jujuy, y recorre unos 385 kilómetros hasta terminar cerca de San Miguel de Tucumán. Fue construido en 1975 y tiene unas 16 pulgadas de diámetro.
Fuentes de la empresa TGN aseguraron a La Nación que, luego del accidente, se cerraron las válvulas de seguridad al norte y al sur del lugar del hecho para evitar posibles consecuencias.
Testimonios
Según fuentes policiales, uno de los obreros habría intentado escapar luego de advertir el peligro. Pero de nada le sirvió, porque las llamaradas lo alcanzaron.
Bomberos y policías cercaron el sector, dado que otro gasoducto corre en forma paralela.
Ambos transportan unos 14 millones de metros cúbicos de gas.
Salvado por el destino
Sentado a la sombra de un camión, Facundo Cajal, de 48 años, observaba cómo los bomberos transportaban las bolsas con los cuerpos de los que fueron sus compañeros. "Yo tenía que haber estado allí", comentó a La Nación . El debía supervisar los trabajos y se dirigía al lugar junto con otros cuatro soldadores para completar la tarea.
No viajaron en la Trafic que resultó incendiada. "Cuando estaba a unos kilómetros escuché la explosión. He nacido de nuevo", afirmó.
Dijo que la noche anterior estuvieron todos comiendo juntos en General Güemes: "Eramos un grupo muy unido. Nos hicimos amigos. La mayoría tenía menos de 30 años".
Durante la tarde anterior habían trabajado mucho, por lo que los autorizaron ayer a llegar un poco más tarde.
Sin embargo, éste no es su segundo nacimiento: es el tercero. Recordó que en 1987 trabajaba como soldador en el poliducto hacia el Sur, en Tucumán, cuando se produjo una explosión. No recordó cuántos murieron, pero sí cómo se pudo zafar de la muerte.
¿No tiene miedo de seguir trabajando en esto, luego de tan terribles experiencias? "Yo estoy en esto, vivo en esto, no sé qué otra cosa podría hacer."
Al recordar a sus compañeros se le nubló un poco la mirada. Pero no lloró. En sus escasas palabras sólo se percibió un profundo dolor por la pérdida de quienes compartían con él esta tarea, desde hacía 30 días.
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