Ola de robos en Libertador y Agüero
Según los vecinos, la zona se convirtió en dominio de los arrebatadores y ladrones de mascotas
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La modalidad de robar bancos conocida como "express" porque se ejecuta en menos de 3 minutos, que es lo que tarda en llegar un patrullero, tiene también su versión callejera cerca de la plaza Mitre, en Recoleta.
Dicha modalidad delictiva asoló durante el último mes a los transeúntes de la esquina de avenida del Libertador y Agüero. Los ladrones que "trabajan" la zona ampliaron su margen de impunidad teniendo en cuenta el tiempo en que cambian las luces del semáforo, que es de 50 segundos.
El operativo es así: el delincuente elige una víctima cerca de esa esquina; lo asalta o le arrebata alguna pertenencia, contando por delante con un margen de unos 15 segundos antes de que la luz verde dé paso a la roja; corre entonces velozmente y cruza la avenida. Sabe que el puntual mecanismo del semáforo lo pondrá a salvo de un eventual perseguidor.
Es uno de los tantos hechos delictivos que han recrudecido últimamente en la zona que circunda la plaza Mitre, conocida como La Isla, en el límite entre los barrios de la Recoleta y Palermo Chico. En ese radio están situadas la embajada de Gran Bretaña, la Biblioteca Nacional y -casi una ironía- la Secretaría de Seguridad Interior.
Las calles comprometidas son Agüero, Levene, Copérnico, Galileo, Agote, Gelly y Obes, Austria y Guido. Un área residencial, situada a minutos del centro, en donde parecían inalterables las condiciones de seguridad. Ahora es otro lugar de riesgo.
Para todos los disgustos
El atraco a quienes transitan por ellas, sobre todo cuando llega la noche, se ejerce en muchos casos con violencia, exhibiendo navajas, cuchillos o simplemente hojas de afeitar.
Pero no es el único tipo de delito. También hay robos de perros (para venderlos o pedir rescate) y de estéreos de autos, despojo a menores, incluyendo todas sus ropas, manoseos y hasta intentos de violación, agresiones verbales por parte de borrachos y la extendida extorsión de "cuidadores" de coches a quien estaciona en la zona:"Señor, ¿se lo cuido?" O sea: "Si no me da unas monedas, lo va a encontrar rayado".
En una recorrida efectuada por La Nación , los testimonios abundaron en la descripción de estas situaciones. Corrieron primero por parte de los encargados de edificios.
José, de Gelly y Obes 2294, dice que el problema se acentuó desde mediados del año último. Conjetura que "los chorros vienen de la villa 31". Y agrega que hace un par de meses salvó "a dos adolescentes a los que, después de asaltar, un delincuente molía a patadas en el suelo".
Cuenta otro caso: una mujer que paseaba su perro se sentó a descansar en un banco de la plaza. Llegó un hombre que le dijo que tenía SIDA y le puso una aguja cerca del cuello mientras le pedía que le diera plata. "Por suerte ella llevaba unos pesos. La encontré llorando", recuerda el encargado.
Luis Blanco, que trabaja en un edificio de Galileo al 2400, vio una mañana cómo asaltaban a un hombre. Empezó a gritar y apareció un policía. Juntos corrieron al ladrón, que cruzó Libertador. "Pero nosotros no pudimos, porque cambió el semáforo y el tipo desapareció." Antes de retomar su trabajo, añadió: "El otro día dos policías pasaron por aquí corriendo a dos chorros. Ellos gritaban que los habían asaltado. Parecía una película cómica, pero el tema se ha vuelto muy serio."
Desde el hombre araña
Reunidos en la Asociación Plaza Mitre, Javier García Elorrio, Andreína de Luca de Caraballo, Edna Lynch, Susana Romero y María Inés Newbery suman a lo anterior un rosario de quejas.
El primero dice que todo comenzó con "el hombre araña", cuando debutó hace un par de años en edificios de Gelly y Obes y AgŸero. "Lo atraparon, pero fue el comienzo de la inseguridad", apunta.
Lynch, que vive en Uriburu y Peña, va con frecuencia a la plaza con su perro. "Está lleno de merodeadores, chiquilines de 14 o 15 años, que arrebatan carteras o bolsos. Agüero, desde Libertador a Las Heras, es de terror. Aparte de los ladrones callejeros, están los que cobran ´peaje´ por estacionar. Conocen los nombres de todos los que viven ahí y sus costumbres."
Al confirmarlo, la señora de Caraballo añade que los cobradores dormían antes bajo las escaleras de la biblioteca, pero ahora se mudaron a la placita Leloir, que está poco expuesta, como si fuera un reducto. Allí se cambian de ropa, incluso dejan camisas colgadas de un ombú como si fuera una percha.
"Se han repartido las calles, como los distritos que se fijaban para su explotación los mafiosos. Aunque uno no vaya a estacionar, son igualmente peligrosos. Hay quienes se animan a pasar por allí sólo en grupos", acota.
Gestiones sin fin
La entidad ha hecho gestiones en la comisaría 19a., con jurisdicción en La Isla. No lograron muchas cosas y "para colmo, cada tanto cambian el comisario. Y el nuevo no sabe o dice no saber nada de la gestión en este sentido", explicó García Elorrio.
"El gobierno porteño retiró hace dos meses la policía de tránsito. No era mucho, pero su presencia servía al menos para que los ladrones no fueran tan audaces. Parece que la medida se debió a irregularidades en el servicio de esos efectivos, por lo que los asignaron a otros destinos. No se entiende por qué no compensaron eso con algo que evitara el aumento del delito en estas calles", reflexionó la señora de Caraballo.
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