
Otra condena para un asesino múltiple
Pena: Guillermo Alvarez fue condenado a reclusión perpetua por el asesinato de un policía y una mujer en el bar Company.
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Guillermo Antonio Alvarez fue a los mejores colegios de San Isidro y vivió hasta los 19 años en un cómodo chalet de Acassuso. En agosto de 1996 fue detenido acusado de ser el cabecilla de la "banda de los chicos bien", que asaltó lujosos restaurantes porteños entre junio y julio de ese año.
Ayer, el Tribunal Oral de Menores Nº 1 lo condenó a reclusión perpetua más las accesorias por tiempo indeterminado por el homicidio doblemente calificado de la joven María Andrea Carballido y del subinspector de la Policía Federal,Fernando Aguirre.
Al escuchar la dura sentencia del tribunal, Alvarez, vestido de sport, no se inmutó. En la sala de audiencias estaban su madre, la muchacha que fue herida y familiares de las víctimas.
Hace algo más de un año, Alvarez había sido condenado a 25 años de prisión por el asesinato del empresario Bernardo Loitegui (h.).
A fines del último año, el juez Daniel Turano lo procesó y le dictó la prisión preventiva por su presunta responsabilidad en el asesinato de Elvio Aranda, un preso que le disputó el liderazgo en el pabellón destinado a los menores de 21 años en la Unidad 16, la vieja cárcel de Caseros.
Los jueces Marcelo Arias, Osvaldo Albano y Luis Velazco, entendieron que Alvarez cometió ambos crímenes con alevosía y con el objetivo de procurar su impunidad, cuando el 28 de julio de 1996 irrumpió con otros dos cómplices en el pub Company, situado en Migueletes 1338, en el barrio de Belgrano.
Esa noche, Alvarez, acompañado por Oscar Reinoso, alias El Osito y un menor, al que el tribunal condenó a prisión perpetua, cuyo nombre no se difundió por razones legales, intentaron asaltar a los clientes que estaban en Company.
Aguirre los enfrentó y durante el tiroteo hirió de gravedad a Reinoso.
Los testigos que desfilaron ante el tribunal relataron que, al ver a su amigo en el piso, Alvarez enloqueció y disparó tres tiros al subinspector, que ya estaba malherido en el piso. Preso de furia también baleó a Carballido y otra muchacha.
Unos minutos después, Alvarez y un cómplice recogieron a Reinoso, lo subieron al Honda Accord que habían robado la noche anterior al gerente de una petrolera durante el asalto al restaurante Alkorta, y lo dejaron en la clínica San Lucas, en el centro de San Isidro.
Ese acto significó el principio del fin para las andanzas de Alvarez, que sin saberlo había violado los códigos del hampa, que indican que los heridos siempre son abandonados cerca de hospitales públicos.
"Si mi hermano se muere, se pudre todo", advirtió la hermana de Reinoso a Alvarez. "A mí qué me decís, si al policía que le disparó a tu hermano lo cociné a tiros", respondió Alvarez, según consta en las actuaciones realizadas por el crimen del empresario Bernardo Loitegui (h.), asesinado por Alvarez y su banda.
Durante el proceso oral que finalizó ayer, desfilaron 38 testigos, entre los que figuran muchos de los que declararon durante el juicio por el asesinato de Loitegui (h.).
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