
Paxi Quillan, entre el cura Brochero y el dios del fuego
Cacique de honor toba y qom se define como brocheriana “de alma”; acompaña todas las celebraciones del cura gaucho
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Córdoba. Entre los cientos de fieles que celebraron en Villa Cura Brochero el paso clave para la canonización de José Gabriel Brochero el próximo año, una mujer destacaba por su emoción y por su vestimenta mezcla de gaucho e indio. Paxi Quillan, referente de pueblos originarios y brocheriana "de corazón", es la mujer que llevó a la cantante Patricia Sosa a trabajar al Chaco. Mañana, caminará seis horas, en la procesión de las Altas Cumbres.
Cacique de honor toba y qom, es quien le entregó un sobre rojo a Sosa donde le contaba la desesperación de su gente. "Estábamos ante el fuego llorando la muerte de un joven cuando sonó una canción de ella. Fue una señal. Viajé a Córdoba, donde daba un recital y le dejé una carta", cuenta Paxi a LA NACION en la parroquia Santa María del Tránsito.
Mientras ella estaba en El Impenetrable "luchando" por su gente, su hijo estaba en Haití como integrante de los equipos militares argentinos. Paxi oraba ante el fuego con palabras aprendidas de su abuela y también le pedía a Brochero por la vida de su hijo. "Vivo en las dos culturas, sólo que no comulgo porque no avalo el homicidio de Cristo", comenta.
Por problemas de salud y por entender que los "punteros políticos" se aprovechan de los qom y los tobas, hace tiempo que no vuelve a su comunidad. Vive en Ischillín en el norte cordobés y trata de emular algunas "conductas brocherianas, como el compromiso con los pobres, el llevar comida a los que viven en el monte".
Asegura que tiene el espíritu "rebelde" del cura gaucho. Recuerda que Brochero respetaba a los pueblos originarios y que "vivir en su filosofía es un canto a la humanidad y a la entrega". Sus abuelos le inculcaron el amor por ese sacerdote que, en los años de su niñez ni era beato ni iba camino a la santidad. "Venció las barreras y luchó de manera intensa", enfatiza.
Cabello negro y ojos profundamente claros, Quillan confiesa que la muerte del adolescente quom de 11 kilos hace pocos días la hizo "sentir vencida". Porque –afirma- los dirigentes políticos "oyen pero no escuchan, escuchar es comprometerse y ellos prefieren el ‘no te metas’".
"Creen que alcanza con abrir una bolsa y sacar comida –sigue-. No tuvieron el valor de bajar al fondo de la problemática". Insiste en que la mueve el "dolor de saber que los aborígenes estamos solos. La Justicia es para el sistema, no para nosotros".
Relata que ella no nació cacique sino hechicera. Sonríe ante el impacto que la palabra genera en muchos y explica que sus ancestros le contaron que el concepto es hecho de cero, de la nada. "Por eso, quien con un sonido hace música, es un hechicero", grafica.
No deja de hablar de la Matanza de Napalpí, hace 91 años en Chaco, donde 200 indígenas de las etnias qom y mocoví fueron matados por la policía y grupos de estancieros. "Sigue hasta hoy, con la falta de agua, de luz, de alimentos… es una extinción silenciosa", subraya.



