
Peleó 11 años para que volvieran sus hijos
Tres jóvenes neuquinos regresaron a su ciudad para ver a su madre; viven desde 1987 en el Líbano, donde se los llevó su padre
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NEUQUEN.- La historia de Cristina Paláez es la de una madre que eligió el diálogo antes que el enfrentamiento y que derrotó la ansiedad con una paciencia infinita para lograr que sus hijos regresaran a la Argentina, después de vivir 11 años en el Líbano junto con su padre.
Tras recorrer un camino lleno de obstáculos, Ismael, de 18 años; Iussef, de 15, y Fátima, de 19, regresaron anteayer al aeropuerto de Neuquén, donde estuvieron por última vez cuando eran niños.
"Es precioso", repetía Ismael, que se pegó en un abrazo interminable a su abuelo, Víctor Peláez, ex diputado nacional y actual presidente de la Unión Cívica Radical de Neuquén.
Los chicos llegaron a la Argentina para encontrarse con la otra mitad de sus raíces, la familia materna, que vive en esta ciudad. Y permanecerán aquí durante un mes.
Hace 10 años, Peláez se separó de su marido, un brasileño, hijo de padres libaneses, que impuso la religión islámica y las leyes musulmanas para quedarse con la custodia de los hijos.
Un día de diciembre de 1987, Ismael, Iussef y Fátima se fueron a Brasil de vacaciones junto con su padre. Pero en febrero del año siguiente los cuatro subieron a otro avión rumbo a una ciudad libanesa situada en el valle del Bekaa. Los chicos tenían entonces ocho, siete y tres años. Cristina sintió que el mundo la aplastaba.
Larga negociación
Así comenzó la peregrinación de esta mujer de 42 años, que recurrió a embajadas, golpeó puertas en los despachos de la Cancillería y visitó organismos de derechos humanos en busca de asesoramiento y de ayuda.
Después de tres años de no ver a sus hijos, Cristina pudo volver a acariciarlos.
El primer encuentro fue en el Líbano y con custodia, como ocurrió en tantas otras visitas que se sucedieron tiempo después.
Durante todos estos años, Cristina viajó 11 veces al país de Medio Oriente. Hasta vivió 12 meses allí para no perder contacto con los chicos.
De a poco fue ganando la confianza de los abuelos paternos de sus hijos, hasta convencerlos de que ella sólo quería que los chicos viajaran libremente a la Argentina.
Su actitud la llevó hacia el objetivo: en diciembre último consiguió la autorización.
"No quiero robármelos, sino que tengan confianza y que alguna vez puedan optar", dijo ayer Peláez.
Ella se resiste a aconsejar a madres que están viviendo situaciones similares a la suya. "Yo elegí este camino, pero otros creen más en la Justicia", cuenta.
Ismael, Fátima e Iussef se encontraron con su madre, sus abuelos, tíos y 11 primos, a quienes no conocían, excepto a su abuelo Víctor, que había viajado al Líbano.
Fútbol en la Patagonia
A Ismael le gusta el fútbol, lo practica en un equipo del país donde vive y fue convocado para integrar el seleccionado.
Es fanático de Boca y ayer a la mañana se calzó los botines, la azul y oro y jugó un partido en este rincón de la Patagonia.
Ismael finalizó sus estudios secundarios, Fátima va a la Universidad en Beirut y cursa la carrera de relaciones internacionales, mientras que Iussef terminó el segundo año del ciclo medio.
Los tres se encuentran de vacaciones y, por primera vez en mucho tiempo, pudieron descansar en el país en el que nacieron.
El caso Arias Uriburu
Si bien son pocos los que toman estado público, los casos de sustracción ilegal de menores por parte de uno de los cónyuges son muchos. El de Gabriela Arias Uriburu, hija del ex embajador argentino en Guatemala, es uno de los más conocidos en los últimos tiempos.
El jordano Imahad Shaban secuestró a los tres hijos de su matrimonio con Arias Uriburu, en enero de 1998. Tras separarse de su esposa en Guatemala, donde residían, Shaban decidió volver a su país de origen y se llevó a los menores con él. Gabriela sólo pudo ver a sus hijos un año después, en Jordania, gracias a diversas gestiones diplomáticas. Pese a ello, el encuentro duró unas pocas horas y, hasta el momento, las autoridades jordanas no han autorizado que se repita.






