
Piden que cierre la disco La Morocha
El requerimiento se funda en normas religiosas que impiden poner un templo cerca de una boite.
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Los habitués de la discoteca La Morocha, que funciona en parte de la estación Tres de Febrero de la ex línea Mitre del ferrocarril, tendrían que buscarse nuevos templos de diversión en la noche porteña, si prospera un pedido de la embajada del Reino de Arabia Saudita para que sea cancelado el contrato del club nocturno.
La inminente construcción del Centro Cultural Islámico en el terreno delimitado por las avenidas del Libertador y Bullrich, la calle Cerviño y las vías del ex ferrocarril Mitre, es el motivo por el que la representación diplomática de ese país -que tiene a su cargo la construcción del complejo- puso en cuestión la presencia tan cercana de la mencionada discoteca.
Una mezquita muy cerca
El centro que se pretende construir en la zona incluye la edificación de una mezquita como parte del complejo. Y ése sería, precisamente, uno de los puntos de la discordia.
La Nación tuvo acceso a una copia del pedido girado por la embajada a la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT), con fecha 7 de enero de 1998, y firmada por el segundo secretario de esa representación diplomática, Farouk M. W. Ali, en la que solicita "... proceder a retirar la concesión a La Morocha, proceder a eliminar la carpa -uno de los agregados ornamentales del local en cuestión-, como así también la boite. No es permitido hacer una mezquita a veinte metros de un night-club. Caso contrario nos veremos obligados por el artículo 2 de la citada ley -se refiere a la 24.619/95 de cesión del terreno- a recurrir al señor presidente de la Nación".
El artículo 2 de la aludida ley dice que se faculta al Poder Ejecutivo Nacional para delegar en el intendente de la ciudad de Buenos Aires -que en 1995 era Jorge Domínguez- las medidas administrativas necesarias para instrumentar la transferencia del predio ubicado en el barrio de Palermo.
Precisamente, hasta ese momento los terrenos en cuestión pertenecieron a la comuna porteña.
En la solicitud también considera que el club privado "penetró en su terreno con una carpa de grandes dimensiones".
Danza de presiones
Versiones recogidas en el gobierno porteño y también entre allegados al club nocturno indican que varias comunicaciones para que se haga efectivo el cierre habrían partido desde el Ministerio del Interior con destino a la CNRT, a la prestadora Trenes de Buenos Aires (TBA) -concesionaria de la línea ferroviaria y del local en cuestión- y al Gobierno de la Ciudad.
Esos pedidos serían perentorios y hay quienes vieron en ellos algunas connotaciones de extrema exigencia.
Hasta hoy, La Morocha continúa funcionando y cuando se trasladó la consulta sobre su posible cierre a funcionarios de TBA, la firma prefirió no emitir declaraciones al respecto, aunque no negó que la rescisión fuera posible.
"Se trata de un asunto delicado y tenemos expectativas de que se resuelva favorablemente. Nuestro papel fundamental es transportar pasajeros", dijo un vocero de la empresa.
Los dueños del boliche bailable sólo aclararon que ellos cumplen rigurosamente con los pagos y todas las obligaciones del contrato.
De acuerdo con la formulación del contrato, el vínculo entre TBA y La Morocha tendría vigencia hasta el 2007.
Trascendió, además, que esta situación puso en aprietos a la disco, que tiene contratos con patrocinantes y fechas señadas para la realización de fiestas de egresados de distintos colegios privados, y que trataría de resolver en los mejores términos la controversia.
Culto
Según expresiones coincidentes de analistas diplomáticos y de voceros de la Cancillería acerca de si es habitual que la embajada de un país extranjero se dirija en forma directa a una dependencia oficial argentina, expresaron que lo usual es que ese tipo de trámites se hagan por medio del Ministerio de Relaciones Exteriores, pero que existen excepciones.
En el caso del Reino de Arabia Saudita, el hecho de que el jefe de Estado de aquel país sea también custodio de los santos lugares islámicos podría dar lugar a una de estas excepciones.
Esos mismos expertos comentaron que la cesión de ese terreno fue hecha para un fin determinado, y es la embajada la que debe correr con los gastos que demande esa finalidad.
Sólo es habitual que una representación diplomática se dirija en forma directa a los organismos públicos si se trata de cuestiones de emergencia o temas de culto.
Consultada al respecto, la embajada del Reino de Arabia Saudita aseguró a La Nación que nunca había hecho trámites por la vecindad de la discoteca.
Pero no fue eso lo único llamativo, sino que las fuentes consultadas por el tema del supuesto traslado de la disco pidieron reserva de sus nombres.
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