
Poco antes (o después) de que den las diez
En barrios de moda, boutiques noctámbulas para clientela con horarios diferentes. Desde ropa y accesorios hasta sabores krishnas
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A las 20 cierran las boutiques de la avenida Santa Fe y demás circuitos de compra tradicionales, y los de Palermo Viejo. A las 21, algunos shoppings, y, a las 22, todos los demás. Así, en caso de fiesta imprevista (o prevista, pero -igual- sin tiempo para alistarse) y nada que ponerse, resultará útil una guía con los poquísimos lugares que permanecen abiertos en horarios más relajados.
Para compras después de hora, Las Cañitas es el barrio más estratégico: entre comidas y tragos, para optimizar el tiempo mientras llega el pedido, se puede cruzar Báez -por ejemplo- y sumergirse en un chill out de percheros. Esperan en Alta Gracia (desde strapless de algodón y camperas en denim hasta minis rasadas y trajes pantalón) y Nana Lou (ropa de diseño mayormente nocturna, firmada por Paz Alvarez Menéndez, Alververás, Isabel Think Pink, Isabel Mónaco, más accesorios de vidrio de Ana Manghi y bijouterie importante de Mariana López Osornio, dueña del lugar). También, en un corner en el bar Supersoul: justo al lado de los discos, cuelgan remeras de colores de Sol Suide y cantidad de ropa vintage, como jeans Levi’s y camperas de cuero.
“A la noche se da una atmósfera distendida, alegre. La gente que pasa seguro se lleva algo, aunque sea un par de aros de 8 pesos. Esto me hace acordar al clima de la costa, con negocitos abiertos a la noche vendiendo de todo”, cuenta López Osornio. Y sigue: “La gente empieza a caer desde las 21, pasan antes de ir a comer, miran, se prueban, reservan... Y en tres horas vuelven para llevarse las bolsas y pagar. Hubo días -algunos sábados, vísperas de Navidad- que nos quedamos hasta las 3 y pico, y valió la pena”.
Pero la primera tienda de turno de la zona fue Rapsodia. Desde marzo de 1999 -cuando ofrecían quesos y champagne hasta en los probadores- atrajeron primero a la clientela de los restaurantes vecinos, y después a “compradoras puntuales que trabajan hasta las 7 y, como todo cierra a las 8, no tienen tiempo para elegir ropa en una hora -explica Sol Acuña, al frente de la firma-. También hay chicas que vienen un rato antes de irse a una fiesta. Se compran algo, se maquillan acá y se lo llevan puesto”.
Perchas + tenedores
En Palermo, en cambio, habrá que bajar las expectativas de nocturnidad: los negocios cierran temprano (algunos, con intervalo de siesta incluido) y no abren los domingos. Pero una inmensa minoría se estira después de las 21. Quien busque vintage de los años 40 a 89 -a estrenar- puede pasar por Salamanca, hasta las 22. A esa hora cierra Salón Berlín, para terminar el día con unos masajes y empezar la noche con un tatuaje nuevo o el pelo recién cortado.
A unas cuadras, de jueves a sábado, hasta las 23, espera Pri, con vintage reciclado con su propia firma, algo de los brasileños A mulher do padre y la ropa muy London rules de Noel Romero y Angie Chevallier. Para elegir, también hay té chae, platos balanceados y milanesas de soja. En Krishna, el restaurante vegetariano incorporado.
Y a partir del martes 10, los tenedores también convivirán con las perchas en Casa Oma, un desprendimiento de las ferias Oma Design. Así, sin moverse de Palermo, el trabajo de 25 diseñadores independientes -sin local propio, básicamente- podrá verse y llevarse todas las noches hasta las 2. Con o sin comida fusión latinoamericana. “Adiferencia de los demás locales, nuestra idea es respetar el espíritu de la feria en los precios”, promete Diego Medinacelli, uno de los impulsores del proyecto.
De Caballito a San Telmo
Para una transformación rápida, otra opción es subir por Rivadavia hasta el 4000, doblar en Pasaje Indonesia y, a menos de 100 metros, brillará el neón azul de la peluquería Roho.
De jueves a sábado, hasta las 24 (y este fin de semana es el último hasta marzo, cuando retomen), será posible hacerse rulos, teñirse de naranja oxidado, bajarse las crestas demodé en función de flequillos largos, tomarse un café, escuchar el último disco de Cerati o -directamente- encontrárselo a él en el asiento de al lado. O a algún músico de Miranda! o de los Babasónicos, peinándose justo antes de algún show.
“La energía a la noche es otra, hasta la música suena diferente. De día, la gente viene a atenderse y nada más, pero de noche vienen a pasar un rato, a charlar, a nuclearse”, explica Horacio Cabrera, peluquero y dueño, junto con Oscar Fernández.
Aunque sin este tipo de sorpresas, para quien ande por Barrio Norte, una alternativa capilar exprés es Luis Carusso, de lunes a sábado, hasta las 23.
También por el barrio, y antes de las 23, se puede pasar por el hotel Design Suites y tomarse un Bloody Mary, mientras se elige algo del D’Shop instalado en el lobby, con ropa de Uma (al mismo precio que en sus locales), A mulher do padre, trajes de baño de Zoël y -sólo para hombres- Varanasi y Spinacruz. Además, bijouterie y anteojos.
Para redondear el equipo, no quedará más que correrse hasta San Telmo a elegir los zapatos. Siempre que sea jueves, viernes, sábado o domingo, el primer piso del restaurante La Far+acia alberga una boutique.
Hasta la medianoche o más, es posible revolver entre zuecos vintage de cuero y madera reciclados con pintura, ropa de diseñadores nuevos para hombre y mujer, carteras de diseño muy pop, bijouterie en plata, alpaca y vidrio fundido hecho por los orfebres de la cooperativa de IMPA (La Fábrica Ciudad Cultural), y demás opciones como para desvelarse.
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