Polémica por la intromisión política en la Bienal de Venecia

La obra de la artista Nicola Costantino, inspirada en Eva Perón y elegida para representar al país, sufrió cambios en el título y agregados de videos por parte de la Presidenta que no cesan de recibir críticas
Alicia de Arteaga
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18 de junio de 2013  

Desde que se inauguró la Bienal de Venecia, la obra de Nicola Costantino ocupó más centimetraje en las columnas políticas que en las páginas de arte, como si la metáfora de Eva y sus consecuencias hubieran eclipsado la instalación de la artista rosarina.

Ha sido el final menos pensado para una historia que tuvo sus marchas y contramarchas hasta que el comité asesor, integrado por Rosa María Ravera, Jacobo Fiterman y Guillermo Alonso, entre otros, hizo pública la elección confirmada oficialmente por la embajadora Magdalena Faillace: Nicola Costantino, con una obra inspirada en Eva Perón, sería la representante argentina en la madre de todas las bienales.

Faltaban sólo dos meses para que la Bienal abriera sus puertas. Otras urgencias habían demorado el sí de la Presidenta, a quien le había gustado el retrato de Eva hecho a imagen y semejanza de la artista, acostumbrada a trabajar con ella como modelo, en un proceso creativo autorreferencial, muy frecuente en el arte contemporáneo y difundido por la norteamericana Cindy Sherman con sus ya célebres fotografías.

Cuando supo que su Rapsodia inconclusa era la obra elegida, Costantino decidió que llegaría a Venecia aunque el catálogo estuviera cerrado. En tiempo récord, formó un equipo de colaboradores y manos a la obra. Estaba en el camino que para cualquier artista es la gloria. No en vano la Bienal más antigua del mundo es la vidriera global de mayor prestigio en el mundo del arte.

Era una oportunidad única de lucimiento, además, porque después de años la Argentina recuperaba un pabellón propio en el circuito "oficial", que tiene dos tramos: los pabellones nacionales de los Giardini y los Arsenales, viejos depósitos de armas, velas y atalajes.

Como un espejo geopolítico, los pabellones nacionales custodian la avenida de plátanos y tilos perfumados que culmina en el triángulo del poder europeo: Francia, Alemania y Gran Bretaña. La Argentina fue uno de los primeros participantes en el ruedo veneciano inaugurado por el rey Umberto de Saboya en 1896. Pio Collivadino nos representó en 1905; Berni ganó el Gran Premio de Grabado en 1962, y en 2007, León Ferrari recibió, aclamado por el público, el codiciado León de Oro. Sin embargo, nuestro país no tiene pabellón propio, que sí tienen Uruguay, Brasil y Venezuela.

Dos años atrás, Cristina voló a Venecia para saludar a Adrián Villar Rojas, que nos representó con una descomunal instalación, y en esa oportunidad recibió de Paolo Baratta, presidente de la Fundación Bienal, las llaves del nuevo pabellón que sería argentino por veinte años en el mejor lugar de la recorrida, al lado de Santa Sede y debajo de Emiratos Árabes.

Todo hacía pensar que esta edición, bautizada Palazzo Enciclopédico por el curador Maximiliano Gioni (39), admirador sin disimulo de la obra de Xul Solar, sería la gran oportunidad para el envío argentino. Pero la política pudo más que el arte. La presentación "institucional" del pabellón, con los nombres de las autoridades y el escudo nacional en el acceso; los textos del catálogo de mano firmados por la Presidenta y Magdalena Faillace anticipaban lo que fue, finalmente, la piedra del escándalo: tres videos sobre la vida, la muerte y la visión actual de Eva Perón, ajenos totalmente al espíritu de la obra y anexados sin explicación alguna.

Hasta ahí los hechos. Lo que vino después tuvo como punto de partida un oportuno editorial de LA NACION, que enfatizaba el valor artístico de la videoinstalación de Nicola y denostaba el uso político de aquélla.

Vista retrospectivamente, esta desafortunada secuencia de acontecimientos que por las razones menos deseadas convirtió a un artista argentino en noticia se inició con la imposición del nombre. Eva Argentina, una metáfora contemporánea, en lugar de Rapsodia inconclusa.

Esa primera imposición marcó el tono de un envío que sería intervenido. Según declaraciones de Nicola Costantino a BBC Mundo: "La decisión de incluir los videos fue de la Presidenta, para transmitir el mensaje de que Evita sigue viva".

Meses atrás, cuando proyectó el primer trailer de la obra en su taller de la calle Aguirre, confió a LA NACION que su intención era "deconstruir" la imagen política, el mito, la figura dogmática y demasiado transitada de Eva Perón. "Quiero presentarla en la intimidad; femenina y emotiva", dijo entonces, sin imaginar que el guión, trabajado con el curador Fernando Farina, sería modificado sin previo aviso. Para lograr su imagen de Eva, Costantino tomó clases de actuación, diseñó un vestuario ad hoc y superpuso en las imágenes la Eva de la acción política, la doméstica, la mujer glamorosa vestida por Dior y la luchadora vencida por la enfermedad.

Artista de trayectoria, Nicola Costantino fue construyendo con ambición y disciplina casi obsesivas una carrera en el plano local e internacional a partir de Peletería humana, una serie que representó al país en la Bienal de San Pablo. En Savon du corps, utilizó la grasa de una lipoaspiración para hacer jabones promocionados con la estética de un corto publicitario, una obra que le costó duras críticas de la comunidad judía y le garantizó enorme eco mediático.

En otro contexto, el mecanismo (y la palabra se asocia mucho con su obra) vuelve a repetirse, al ser su obra el eje de una difusión centrada en cuestiones extraartísticas.

"El espacio informativo institucional", agregado por Presidencia, hizo de la Rapsodia inconclusa una pieza de propaganda política. Por lo menos hasta ahora, porque la Bienal recién comienza. Cerrará sus puertas en noviembre. Hay tiempo suficiente para dejar que el arte ocupe su lugar y la política el suyo.

La secuencia de una historia controvertida

De la alegría por la elección de la obra hasta el enojo

  • Elección

    La obra fue seleccionada por un comité de expertos dos meses antes de que se inaugurara la Bienal, que es la vidriera global de mayor prestigio en el mundo
  • Imposición uno

    Aunque la artista rosarina Nicola Costantino había titulado su obra Rapsodia inconclusa, por sugerencia de la presidenta Cristina Fernández, el título fue modificado a Eva Argentina, una metáfora contemporánea
  • Imposición dos

    Con sorpresa, la artista argentina se encontró con que su obra sería acompañada por una serie de videos institucionales que exaltan la militancia política con propaganda alegórica de La Cámpora, cuando la idea original era mostrar a la líder argentina en una faceta más íntima y femenina
  • Escándalo

    Costantino y el curador, Eduardo Farina, decidieron colgar un cartel para aclarar su postura al considerar que ese espacio es "innecesario y que puede confundir la interpretación de la obra"
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