
Por primera vez, científicos observan la formación de nuevo lecho marino
La expansión del fondo oceánico, a medida que las placas tectónicas se separan, es conocida pero difícil de observar. Los científicos documentaron ahora el proceso en acción.
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NUEVA YORK.- Muy profundo en el lecho oceánico, la Tierra recicla su propia piel. En ciertos límites, las enormes placas de roca que conforman la corteza del planeta chocan entre sí o se superponen, empujando la corteza antigua hacia abajo. En otros puntos, estas placas tectónicas se están separando, permitiendo que el magma ascienda y cree tramos completamente nuevos de lecho marino.
Pero el proceso es sutil y difícil de captar en acción. Por lo general, el lecho marino solo añade unos pocos centímetros de terreno nuevo por año, a menos que sea provocado por terremotos repentinos e impredecibles y otras interacciones a gran escala de las placas tectónicas.
En 2024, sin embargo, los investigadores pudieron observar por primera vez un evento de expansión del lecho marino a gran escala, en el cual una serie de terremotos añadió abruptamente más de un metro de nuevo lecho marino al Océano Índico. Sus hallazgos, descritos en un estudio publicado el miércoles en la revista Nature, ofrecen una mirada a uno de los procesos más esquivos de la Tierra.
“Hemos tenido mucha suerte de haber tenido todos estos instrumentos instalados cuando sucedió”, dijo Jean-Yves Royer, geofísico marino y autor principal del estudio. “Pero también fuimos afortunados porque estos grandes montículos de lava se derramaron a uno o dos kilómetros de nuestros instrumentos, así que no perdimos ningún dato”.
Royer y sus colegas habían comenzado recientemente un experimento de tres años a lo largo de la dorsal situada entre dos de las placas tectónicas del Océano Índico. El observatorio que utilizaron, llamado OHA-Geodams, estaba compuesto por 15 estaciones de monitoreo capaces de detectar ondas sonoras que viajaban a través del océano provenientes de terremotos y otros cambios geofísicos en el lecho marino. Por casualidad, fue instalado apenas dos meses antes del enjambre de terremotos de 2024.
El movimiento de las placas tectónicas de la Tierra es ruidoso. El observatorio detectó no solo los retumbos de baja frecuencia de las rocas, sino también los detalles precisos del movimiento: parte de la dorsal colapsó unos cuatro metros y sus dos lados se separaron más de un metro.
“Es bastante difícil, y quizás raro, realizar estas mediciones”, dijo Aaron Micallef, geocientífico marino que no participó en el nuevo estudio. “Sabemos tan poco sobre lo que sucede en estos entornos que ni siquiera estamos realmente seguros de qué mediciones necesitamos llevar a cabo, por eso es clave utilizar todos los instrumentos disponibles para estudiar el fenómeno, como hicieron estos investigadores”.
Utilizando micrófonos submarinos, sensores de presión y otros instrumentos, los investigadores pudieron diseccionar el proceso de expansión del lecho marino con más detalle de lo que habían permitido las observaciones indirectas anteriores.

El proceso, determinaron, comienza con bolsas de magma a alta presión en las profundidades de la Tierra. Con el tiempo, la presión aumenta lo suficiente como para impulsar el magma entre las capas de roca de la corteza, y el terreno situado sobre esa bolsa colapsa hacia adentro. Los terremotos generados por el movimiento del magma separan las placas tectónicas, permitiendo que el magma ascienda hasta el lecho marino y forme un nuevo tramo rocoso de fondo oceánico.
Ingo Grevemeyer, investigador de geodinámica marina en el Centro GEOMAR Helmholtz para la Investigación Oceánica y uno de los revisores del nuevo estudio, destacó la extraordinaria fortuna del equipo. “El lugar donde los autores colocaron sus instrumentos puede haberse expandido por última vez hace varias décadas, y ahora registraron un evento de expansión apenas dos meses después del despliegue de su equipamiento”, dijo. “Jean-Yves Royer y sus colaboradores tuvieron muchísima suerte; como si hubieran ganado la lotería”.
Instalar el observatorio submarino y recopilar datos de él requirió toda una expedición. Los investigadores tuvieron que viajar 45 días en barco para instalar los sensores y otros equipos, y regresan anualmente para recolectar los datos.
“No puedes simplemente conducir tu auto hasta el lugar, ni tampoco tomar un avión para llegar”, dijo Daniel Fornari, geólogo marino de la Institución Oceanográfica Woods Hole, que no participó en el nuevo estudio. “Hacer algo en el fondo del océano requiere ingeniería inteligente y experiencia”.
Los instrumentos ya están nuevamente en el lecho marino, donde el equipo continuará recopilando datos sobre el movimiento de la Tierra hasta 2027. Royer dijo que esperaba que el trabajo inspirara a otros científicos a realizar mediciones similares en lugares donde se sabe que el lecho marino se expande más rápido que el promedio.
“Esta fue una buena demostración de que es posible medir con un poco de suerte y también un poco de talento”, dijo.
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