
Preocupa la superpoblación de ratas
La cantidad de roedores supera hasta en un 30 por ciento los límites aceptados internacionalmente
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En casi un tercio de la ciudad de Buenos Aires la cantidad de ratas supera los límites máximos tolerados por la Organización Mundial de la Salud.
Puerto Madero, Costanera norte, el puerto de Buenos Aires, La Boca, San Telmo, Barracas, Nueva Pompeya, Parque Patricios, Villa Soldati, Villa Riachuelo, Mataderos y el recorrido de los ocho ferrocarriles que cruzan la ciudad forman parte de ese mapa rojo donde la densidad de roedores supera hasta en un 30 por ciento los valores máximos admisibles de acuerdo con los parámetros internacionales de salud.
Peligrosamente cerca del límite se encuentran el microcentro y los barrios de Once, Paternal, Almagro, Caballito, Liniers y Villa Luro.
Más allá de los números, existe un riesgo concreto que amenaza a los porteños y es que cuando la densidad de los roedores se sitúa por encima de los valores máximos tolerables, eso significa que las ratas conviven con la gente en sus casas, en los restaurantes, sus lugares de trabajo, escuelas y medios de transporte, con el consiguiente riesgo sanitario.
Los datos surgen de un estudio realizado en la Maestría de Control de Plagas y su Impacto Ambiental, de la Universidad Nacional de San Martín. Durante diez años, el licenciado en Biología y especialista en control de roedores Héctor Coto colocó tramperas en 173 puntos de la ciudad para definir cuáles son las áreas más críticas. De acuerdo con la cantidad de roedores capturados y la población del lugar se empleó un modelo matemático para medir el nivel de gravedad de la situación.
Es la primera vez que se encara una investigación de este tipo en el país y sus resultados arrojaron un dato inquietante: en casi la tercera parte de la ciudad la densidad de roedores es tan alta que hace que necesariamente deban convivir con los seres humanos.
"Antes de esta investigación no había ningún trabajo que definiera con rigor científico cuál era el estado de situación. No había antecedentes de trabajos que tuvieran por objeto estimar la población de roedores en la ciudad, se hablaba de cinco o siete roedores por habitante, pero esa estadística es más parte del folclore popular que un dato con rigor científico", señaló Coto.
Según el especialista, es imposible saber cuántas ratas hay en la ciudad, pero sí se puede determinar si debido a su densidad constituyen o no una amenaza para la población.
"Los cambios que experimentó la ciudad, con el crecimiento de sus bolsones de pobreza y la caída de la calidad de vida, hicieron que los roedores se convirtieran en un problema", opinó el especialista.
Fernando Kravetz es profesor titular de la cátedra de Ecología de Poblaciones de la Universidad de Buenos Aires y dirige el Laboratorio de Ecología de Roedores, máximo organismo en la materia que existe en América latina.
Varios factores contribuyeron en los últimos tiempos a favorecer la reproducción de los roedores: inviernos no muy fríos, veranos lluviosos, inundaciones que los ayudaron a desplazarse y ámbitos propicios.
"Los vecinos ven más roedores y nosotros cada vez recibimos más cantidad de llamadas de gente preocupada porque hay ratas en los lugares de acceso de la televisión por cable o del teléfono o porque las ven en las alcantarillas en las vías del tren", comentó el especialista.
"Lo que falta en la ciudad -señaló Kravetz- es compatibilizar los intereses de distintas jurisdicciones, porque en una ciudad hay lugares con jurisprudencias incompatibles, como los terraplenes de los ferrocarriles, las propiedades particulares y los tendidos de cables de televisión o teléfono, y mientras no exista voluntad de compatibilizar intereses, será difícil llegar a una solución."
Según el especialista, la política de control de plagas debe ser el resultado del acompañamiento de las instituciones.
Políticas de control
El Gobierno de la Ciudad realiza programas de desratización aislados, pero los especialistas consultados coincidieron en la necesidad de adoptar una política de control sistemática y constante, que evite la recolonización. Consultados por La Nación , los voceros de prensa del gobierno porteño postergaron la respuesta para "más adelante" y se disculparon por no brindar precisiones sobre las tareas de desratización.
Sin embargo, el problema existe. La amenaza de una dispersión de ratas frustró, por ejemplo, la demolición del penal de Caseros. La oposición de los vecinos y la cercanía de varios centros sanitarios, incluido el hospital de niños Juan Garraham, puso entre paréntesis la voladura del edificio que fue desalojado meses atrás.
En muchos países las plagas forman parte de los problemas urbanos y sus gobiernos tienen en marcha políticas de control, como en Nueva York, donde se destinan ocho millones de dólares por año al control de roedores o Río de Janeiro, donde se invierten tres millones anuales.
Para el doctor Alfredo Seijo, jefe del departamento de Zoonosis del hospital Muñiz, el aumento de la cantidad de casos de leptospirosis que se registró en la última década y que causó temor entre los porteños pocos meses atrás puede explicarse por la "mayor oportunidad de contacto del hombre con los microorganismos que causan la enfermedad y esto tiene una relación directa con las condiciones de la vida de la población".
En el último mes, en el hospital Muñiz se registraron seis casos de mordeduras de ratas. Los especialistas sostienen que las mordeduras son un indicador de que existe un contexto de gran cantidad de ratas, ya que la posibilidad de que esto ocurra se estima que es de una en un millón.
Los roedores transmiten más de 243 enfermedades, entre las que se incluyen leptospirosis, hantavirus, parasitosis y fiebre hemorrágica.
El contagio no siempre se produce por medio de mordeduras, los pelos, orina, materia fecal y saliva de las ratas también son vías de contagio habituales.
Para Kravetz, la presencia de roedores trae varios problemas asociados: "No es casual que sean los principales animales de investigación, ya que los afectan cosas parecidas a las que nos afectan a nosotros. A nadie se le ocurriría tener a un perro sin vacunar en su casa, sin embargo, en la ciudad convivimos con ratas que se comprobó que transmiten enfermedades como el cáncer de próstata o de mama, y lo peor es que muchos de estos roedores están afincados en casas".
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