
Proyectan una nueva reserva en Victoria
La zona se extendería a lo largo de numerosas islas del Paraná, en su mayoría despobladas, donde habitan especies vernáculas
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VICTORIA, Entre Ríos.- Carpinchos, coipos (nutrias), biguás, garzas, lobitos de río y otras decenas de especies autóctonas quedarían a salvo de la contaminación humana, en 37.310 hectáreas fiscales en el corazón del Delta.
Se trata de un desierto de agua y de islas que separa esta ciudad entrerriana de Rosario, Santa Fe. Apenas asoman algunos albardones y las copas de los sauces en tiempos de crecientes, cada vez más frecuentes en el Paraná.
Pero, ni bien el río vuelve a su cauce normal, aflora un desierto virgen, poblado de vegetales y de animales vernáculos que se cuentan por miles.
Pocos baquianos caminan estas islas entre chilcas y pajonales.
Algunas personas cuidan el ganado vacuno en las islas más altas, con pastizales que asoman si el río está en bajante. Otros se dedican a la caza del carpincho y de la nutria (como llaman aquí al coipo), o a la pesca de sábalos, bogas y amarillos. Pero la soledad es tanta que uno puede navegar kilómetros y kilómetros sin divisar una sola persona y menos aún una casa.
En este escenario, biólogos de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) sugirieron la creación de un área natural protegida en las islas del Delta.
La idea se convirtió en un proyecto de ley presentado en el Senado provincial, para delimitar una reserva natural de 37.310 hectáreas pertenecientes al Estado, y en su mayoría inundables, al sur del arroyo Barrancoso y al norte del arroyo Laureles.
Salvar a los animales
El grupo de biólogos de la UBA, encabezado por Ana Ines Malvárez, del Laboratorio de Ecología regional de Ciencias Exactas y Naturales, recorrió más de 120 kilómetros de cursos de agua y halló en corto tiempo 47 especies de aves, 35 de ellas ligadas al medio acuático.
Los especialistas sugirieron la realización de relevamientos más intensivos a fin de confeccionar un inventario de fauna más completo, en el cual no se avanzó aún: sólo las especies de aves superarían las 300, más un centenar de reptiles y de anfibios y unos 50 tipos de mamíferos.
Claro que, dado el ambiente, predominan los patos cutirí y biguá, las garzas blancas y moras, las gallaretas y las cigüeñas, y no faltan aves no acuáticas como el chimango, el benteveo y el morajú.
Sorprenden en las orillas las manadas de carpinchos, y los nutrieros dan fe de la abundancia de las nutrias, las comadrejas mora y colorada, el lobito de río y los gatos montés.
El ciervo de los pantanos, en cambio, como otras especies, ya no se ve en la zona y los lugareños lo atribuyen a las crecientes repetidas de los ríos en las últimas tres décadas y a la caza descontrolada.
Los investigadores manifestaron en un documento que la presencia de estas especies "pone de manifiesto la importancia de este humedal como refugio de biodiversidad", y admitieron que las características mencionadas son suficientes para proponer el establecimiento de una reserva en la región.
En eso coincidieron los dirigentes de distintos partidos y entidades sociales y ambientalistas que anhelan proteger esa zona, aprovechando las tierras del Estado provincial de modo que no se necesite expropiarlas.
Existen, sí, diferencias en torno de quién debe dictar las normas y administrar la reserva: si la provincia, que es dueña de las tierras, o el municipio.
En este último caso debería aprobarse en la Legislatura la cesión de la superficie, como lo propuso el senador Juan Carlos Stratta.
Esta posibilidad se funda en que la jurisdicción de Victoria es la más grande de todas las comunas provinciales, porque hace cuatro años fue ampliada a 375.000 hectáreas, el 95 % de ellas entre las islas.
Un paseo en lancha
Por eso hay tierras distantes 50 kilómetros de esta ciudad, y que los rosarinos visitan asiduamente en el verano a sólo siete minutos de lancha: están frente al Monumento a la Bandera, pero dependen del intendente local.
La zona por proteger, que triplicará la superficie destinada hoy en Entre Ríos a reservas, incluido el Parque Nacional El Palmar de Colón, está a unos 40 kilómetros de aquí, en dirección a San Nicolás, en el sur Rosario.
El enlace entre las dos provincias, una obra gigantesca en ejecución, tendrá una bajada en el arroyo La Camiseta, por donde se podrá ingresar en la reserva, hacia el Sureste, y esta ventaja apura a los ambientalistas porque también favorecerá la explotación ganadera, que podría colisionar con sus aspiraciones.
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