
Qué es el Súper Niño 2026: todo lo que hay que saber sobre el fenómeno climático en la Argentina
El momento de mayor intensidad, que llegaría entre octubre y diciembre, provocará intensas precipitaciones
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El fenómeno climático El Niño atraviesa un proceso de fortalecimiento y se espera que alcance su pico de máxima intensidad, conocido como Super Niño, en la Argentina hacia fin de año. Este escenario mantendrá la amenaza de lluvias abundantes, olas de calor y tormentas severas en el Litoral hasta febrero del año próximo.
El Niño es un fenómeno climático que ocurre cuando las aguas del océano Pacífico ecuatorial se calientan mucho más de lo normal y alteran el clima en todo el planeta.
En este momento, el indicador Niño 3.4 —que mide la temperatura del agua en esa zona clave— muestra que la superficie del mar está 3 °C por encima de su valor habitual. Este calentamiento se debe a una enorme masa de agua caliente acumulada bajo la superficie del océano, que empuja el calor hacia arriba y mantiene el fenómeno en constante crecimiento.

Un estudio del International Research Institute for Climate and Society de la Universidad de Columbia mostró que los 22 modelos meteorológicos analizados coinciden en que el fenómeno seguirá en la categoría de “muy fuerte” durante todo el verano.
En la misma línea, las previsiones del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio indicaron que el calentamiento del agua podría llegar a un pico de +4,1 °C en diciembre, lo que convertiría a este episodio en el más potente de la historia registrada. El organismo internacional le asignó un 100% de probabilidad a que estas condiciones se mantengan al menos hasta abril de 2027.
El meteorólogo Mauricio Saldivar explicó que un fenómeno de mayor intensidad no significa que todos los pueblos vayan a sufrir inundaciones o desastres por igual, sino que aumentan las probabilidades generales de tener mal tiempo en varias provincias.

El comportamiento por regiones en la Argentina
Las provincias de Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Chaco y Formosa tienen los pronósticos más altos de recibir lluvias superiores a lo normal entre noviembre y marzo, según reporto el medio especializado Meteored.
En esa región, los cursos de agua reaccionan de manera distinta: el río Uruguay suele tener crecidas violentas y repentinas que exigen avisos urgentes, mientras que el Paraná sube de forma más lenta, pero mueve volúmenes de agua mucho mayores.
Para el oeste de Cuyo, La Pampa, el sudoeste de Buenos Aires y el noreste patagónico, los datos del Servicio Meteorológico Nacional advierten que llegará con menor intensidad y muestran señales de lluvia bastante más débiles.

Además, los registros de los últimos 50 años revelan que la mayoría de las inundaciones graves en las ciudades ocurrieron en “fases neutras del clima”, como pasó con la gran crecida del Paraná en 2014.
En el Litoral, el problema más leve implica anegamientos en zonas bajas, pero el escenario más grave podría repetir lo vivido en 1997-98, cuando la crecida de los ríos dejó 32.800 evacuados y casi 290.000 afectados.
En el campo, la llegada de más agua mejora las perspectivas para la campaña de granos gruesos, aunque también suma el riesgo de campos encharcados y caminos rotos.
El norte pampeano, el sur de Córdoba y la cuenca del Salado bonaerense corren más peligro porque ya tienen el agua muy cerca de la superficie. Por eso, muchos productores planean adelantar la siembra de maíz y soja en los lotes más altos y firmes.
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