Ramón Alonso, el argentino que llevó a la Apollo 11 a la Luna

Se doctoró en la Universidad de Harvard y creó la computadora de aquella nave pionera
Ariel Torres
Ricardo Sametband
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7 de marzo de 2010  

Ramón Alonso es argentino y fue a la Luna. En rigor, no viajó, pero diseñó la computadora que llevó a la Apollo 11 a su destino y que se usó en el resto de las misiones Apollo. De paso por Buenos Aires para dar una conferencia en el Simposio Argentino de Sistemas Embebidos, que organizó la Facultad de Ingeniería de la UBA, Alonso rememoró, a punto de cumplir los 80 años, una historia que comenzó antes de 1969.

"Mi padre era el filólogo Amado Alonso y, en 1946, el gobierno peronista lo metió preso -explicó-. En Harvard lo invitaron para que fuera a dar clases, así que nos fuimos con toda la familia para allá, donde terminé mi secundaria, estudié Física y estuve dos años en el ejército durante la guerra de Corea. Luego volví a Harvard a doctorarme en lo que en esa época se llamaba matemáticas aplicadas, que hoy sería informática."

Durante la guerra de Corea, estuvo en un batallón de técnicos y se topó con la primera computadora, Eniac, desarrollada por el gobierno estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial. "Yo vi, conocí y casi rompí a Eniac -dijo, divertido-, aunque en esa época ya no se usaba tanto; durante las tareas de mantenimiento, por la noche, a veces poníamos un programa cualquiera y nos dormíamos mirando las lucecitas."

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Cuando se doctoró, encontró trabajo en el Laboratorio de Instrumentación del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, según sus siglas en inglés), donde se estaba desarrollando el sistema de control del misil bélico Polaris. "Ahí trabajaba Hal Lanning, que me dijo que había un plan para llegar a Marte con una nave no tripulada. Nos pusimos a pensar que era necesaria una computadora para guiar la nave, que tenía que ser muy eficiente y gastar muy poca energía. Dándole vueltas al asunto -dijo, con modestiae_SEnD patentamos el acceso directo a la memoria y, creo, el comando Interrumpir."

Ambos desarrollos fueron claves para la informática moderna. La carrera espacial por lo de Marte no prosperó, pero un día de 1961 llegó un telegrama que les confirmaba que el MIT había ganado el contrato para hacer el sistema de guía y navegación de las naves Apollo. La carrera por llegar a la Luna antes que los soviéticos entraba en su fase más activa. Lanning escribió MAC, el sistema operativo que controlaba la computadora que estaba diseñando Alonso.

"Yo definí la arquitectura de la Computadora de Guía de la Apollo (AGC, según sus siglas en inglés). Es la computadora que estaba en el Módulo Lunar y en el Módulo de Comando. Básicamente, decidí cómo se organizaban los componentes que iban a estar dentro, el hardware. Y creo que lo que más orgullo me da es haber usado la idea de la memoria soga de los australianos", recordó, entre risas.

Aunque había otras tecnologías para almacenar información (el disco rígido, por ejemplo, que se inventó en 1956), la NASA necesitaba algo que no fallara bajo ningún concepto. La memoria soga usaba imanes unidos con cables para codificar los datos. "Ni un rayo X ni un rayo cósmico, nada podía cambiar lo que estaba escrito ahí. Pero el problema mayor estaba en el software, había muy poco espacio para el código y era muy difícil tener la seguridad de que no había ninguna falla", explicó Alonso.

Las computadoras de las naves Apollo eran unas 10.000 veces menos potentes que un celular moderno. Cada una estaba en una caja de 30 centímetros cúbicos, pesaba 25 kilos, y dentro había 5600 circuitos integrados con 64 KB de ROM (donde se guardaba el sistema operativo) y 8 KB de RAM, que la computadora usaba para sus cálculos. Una PC común hoy tiene 1 millón de KB de RAM. La mitad de la caja se la llevaban las conexiones entre los componentes.

"Nuestro presupuesto para todo el sistema de navegación eran unos 900 millones de dólares de entonces; a valores de hoy serían unas 15 veces más -calculó-. Así que la computadora costaría hoy unos 3 o 4 millones de dólares." Alonso también creó la interfaz de la computadora, es decir, el teclado y el visor que usaron los astronautas para programar la computadora.

"Una de las discusiones que siempre teníamos era cómo operarían los astronautas la computadora. Un grupo quería poner una pantalla y mapas, y cosas así. Pero era imposible, no había energía ni memoria para que la computadora hiciera algo así", recordó. Diseñó una interfaz para que los astronautas ingresaran comandos numéricos en un teclado tipo calculadora.

"Se me ocurrió que una manera era que los astronautas ingresaran los comandos numéricos como verbos y sustantivos, del estilo «activar cohete», «eliminar plataforma», «ver tiempo», etcétera. Lo hicimos como manera de demostrar lo que podía hacer la computadora, pero a los jefes no les gustaba porque no les parecía suficientemente militar. Finalmente se aprobó, pero uno de nuestros jefes decía que los astronautas no lo iban a entender. Años después, en una conferencia, el astronauta David Scott agradeció que lo hubiéramos hecho así, porque fue una forma de operar una computadora que pudieron entender."

Alonso no tiene particular aprecio por los hombres que usaron su creación para llegar a la Luna: "Conocí a varios. Algunos astronautas eran muy inteligentes, otros no tanto. Pero, sí, eran muy carismáticos y tenían la particularidad de ser pilotos de prueba que habían llegado a los 45 años, algo que es una rareza. Pero no les gustaba la computadora: decían que no era necesaria, que la iban a apagar apenas se subieran a la nave".

Paradójicamente, la llegada del hombre a la Luna alejó a Alonso de la NASA. "Ya había hecho todo lo que tenía que hacer ahí. Abandoné el programa en 1970 y nunca más diseñé computadoras. Después desarrollé aparatos de prueba para la industria de los semiconductores, estuve un tiempo en el MIT y luego puse una consultora. Una de las pocas cosas que lamento es no haber estado en Florida, en Cabo Cañaveral, para ver las naves que fueron a la Luna."

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