
Reabren fábricas quebradas formando cooperativas
Los trabajadores reciben apoyo en los municipios
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Surgido de la necesidad, comenzó a concretarse en el Gran Buenos Aires un fuerte movimiento cooperativista que intenta impedir la caída de más fuentes de empleo.
Generalmente sin experiencia empresarial, empleados y obreros de industrias quebradas o en concurso preventivo, la mayoría abandonadas por sus dueños, se agrupan para encontrar formas asociativas que les permitan mantener la producción o volver a ella. Los gobiernos locales y otros cooperativistas, los vecinos y las comunidades educativas a las que pertenecen se les suman en una batalla solidaria por el trabajo que comienza a imponerse como prioritaria ante los jueces que tramitan las causas.
Se trata de un camino que comenzó con la recuperación del frigorífico Yaguané (La Matanza) mediante una cooperativa obrera, pero que hoy se abre en una larga lista en la que los casos testigo son, entre otros, Siam (Avellaneda), el frigorífico Máximo Paz (Cañuelas), Panificación 5 (Vicente López) y El Palmar y La Baskonia (ambas en La Matanza).
La única batalla que se pierde es la que se abandona , decía la decoración de la gran torta que la directora de la Escuela N° 170, de la localidad bonaerense de Laferrére, llevó a La Baskonia para festejar con los trabajadores el 1° de mayo y, en su caso, la defensa de los puestos de empleo gracias al emprendimiento cooperativo.
Respuesta a la solidaridad
Una experiencia señalada como exitosa es la que realizan unidas una cooperativa faenadora de pollos y una empresa privada, hoy fuertes proveedoras en el mercado interno.
De frigorífico quebrado y abandonado por sus dueños a Cooperativa Obrera Máximo Paz, la asociación con la firma Macchi Hnos. le permitió pagar sus deudas, renovar las máquinas, escriturar la propiedad ante el juez de la quiebra y hasta ayudar a la comunidad proveyendo pollos al hospital local y al comedor comunitario, actitudes muy celebradas, como es obvio, por la comunidad local.
Aunque todavía a muchos de los trabajadores les cuesta comprender su paso de ser simples operarios o empleados a socios de una empresa que da trabajo a 70 familias, el peladero , como lo llaman, trabaja a pleno con una faena de 70.000 aves semanales.
Subsidios
En este caso, cuando la cooperativa comenzó a constituirse recibió subsidios de los institutos provincial y nacional de acción cooperativa y de la Federación de Cooperativas de la República Argentina.
En un segundo paso, y con la orientación del Instituto de Desarrollo Empresario Bonaerense (IDEB), de La Matanza, se logró esta sociedad.
A la firma privada que aceptó el desafío le permitió incorporar el eslabón que le faltaba para encadenar la producción, desde la cría de las aves hasta la puesta sobre el mostrador.
"Así contado parece fácil -dijo Manuel Franco, primer presidente de la cooperativa-, pero fue duro.
"Tuvimos deudas, remates y falta de materia prima. El juez y el IDEB nos ayudaron; el intendente de Cañuelas y la gente del Yaguané, también, pero el pollo más difícil de pelar fue Edesur", aseguró este socio de mirada firme y manos encallecidas.
En marcha
En tanto, por buen camino marcha también la experiencia de la cooperativa que se prepara para trabajar a pleno en lo que fue la más grande fábrica de ladrillos huecos del país: El Palmar, situada en Gregorio de Laferrére.
La jueza de la causa llevó a buen término las negociaciones con los trabajadores y se estima que esta semana se concretaría el alquiler de la planta.
Asesorados por sus abogados y por el Instituto Municipal de Desarrollo Económico y Social de La Matanza (Imdes), hasta el momento, los 54 cooperativistas sostienen una producción de unas 1500 toneladas de ladrillos y aspiran a llegar a las 5200.
La planta se inauguró en la década del 60 y fue abandonada en agosto último.
"A cinco cuadras tenemos el búnker de los piqueteros; nos invitaron a sumarnos, pero nosotros somos trabajadores y nos decidimos a hacer lo que sabemos: formamos una cooperativa y empezamos a trabajar", dijo Abel Martínez, secretario de la entidad.
Aún se observa el deterioro, por falta de inversión durante muchos años, pero se repararon las máquinas y están en marcha.
"Claro que nos cuesta manejar una gran empresa, que para afuera de las rejas tiene que competir en el mercado. Pero somos una cooperativa: como nos ayudó Caritas, nosotros ya estamos dándole los ladrillos para construir un comedor.
"También nos ayudó la municipalidad, por lo que estamos dispuestos a devolver esta ayuda a los contribuyentes; tenemos seis hectáreas y proyectamos una sala de primeros auxilios para el barrio y un lugar para capacitar trabajadores", reflexionó el presidente, Mario Morinico.
En expansión
La euforia productiva llegó también a Vicente López, donde los operarios de Panificación 5, reunidos en la cooperativa El Aguante, recibirían esta semana la planta en alquiler.
Con gran apoyo de los vecinos, los trabajadores fueron recibidos por el Concejo Deliberante, que elevó a la Legislatura provincial el pedido de expropiación de la planta para ser cedida a la cooperativa.
Ese proyecto cuenta actualmente con la sanción en la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires.
El intendente, Enrique García, y varios concejales acompañaron a los trabajadores al juzgado donde se tramita ese expediente. Allí se avanzó hasta esta situación.
García les aseguró que tendrán un subsidio para poder comenzar a producir pan, prepizzas y tapas para empanadas.
El compromiso de los trabajadores es vender estos productos a bajo costo para los comedores en los que la comuna atiende a los más necesitados. Una actitud de ida y también de vuelta.
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