
Recibió un disparo en la cabeza y se recuperó
El chico de 10 años sufrió el accidente en la vereda de su casa
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La noche del martes 7, Leonel Nieto, de 10 años, recibió un balazo accidental en la frente, disparado por un arma que se cayó mientras se realizaba una mudanza en Matheu al 900, de la ciudad de Rosario. Internado de inmediato en el Hospital de Niños, los médicos que lo atendieron no pensaron que pudiera sobrevivir. Pero lo hizo, en un hecho que los profesionales califican como "misterio", según lo consignó ayer el diario La Capital, de Rosario.
Hace 24 días, Leonel estaba parado en la vereda de su casa. El proyectil que le atravesó la cabeza provino de un revólver de un vecino que se disparó cuando cayó del cajón de una mesa de luz.
El chico fue conducido al Hospital de Niños Víctor Vilela en estado desesperante. "El panorama era muy complicado", recordó el doctor Gerardo García, uno de los médicos que siguió permanentemente la evolución del accidente. "El cuadro era de un gravísimo traumatismo de cráneo, con pérdida de masa encefálica y un compromiso neurológico muy importante. En ese momento pensamos que no podría sobrevivir", admitió uno de los profesionales que lo atendió en el centro, ubicado en Virasoro e Italia.
Pronóstico desalentador
El pronóstico con el que ingresó Leonel era entonces desalentador. Al riesgo de muerte le seguía la posibilidad de quedar con secuelas neurológicas serias e irreversibles. Luego de una limpieza quirúrgica en la zona afectada, "lo único que restaba era esperar cómo evolucionaba en las 48 horas siguientes", recordó García.
El médico explicó que cuando un paciente ingresa con un balazo en la cabeza, lo primero que se intenta es extraer el proyectil. Pero el caso de Leonel era distinto, porque la bala había cruzado por completo el cráneo y había dejado sólo unas pequeñas esquirlas en el cerebro. "Fue algo sorprendente. Evolucionó solo. La zona afectada se fue desinflamando y corrigiendo con el paso de los días, hasta que Leonel recobró el conocimiento", comentó García, quien agregó que, a partir de entonces, el chico fue sorteando día tras día los obstáculos gracias a su voluntad de vivir.
Cuando los médicos observaron las mejorías en su cuadro, de inmediato instrumentaron una serie de estímulos para propiciar la recuperación de los sentidos. Además de hablarle, le hicieron escuchar música y probar alimentos de distintos sabores. "Lo importante fue que Leonel, a pesar de no poder hablar, respondió a cada estímulo. Eso nos demostró que estaba conectado con todo a su alrededor", agregó el médico.
"Es increíble que en sólo 23 días haya mejorado tanto. El chico se fue del hospital saludando. Creo que las personas creyentes pueden hablar de un milagro y hasta elevar una plegaria de agradecimiento, aunque en términos científicos no hablamos de milagros. Nosotros opinamos que, en casi un mes, no se afectaron órganos vitales", analizó el jefe de internación del Vilela, para quien el espíritu positivo del chico fue fundamental.
"Es uno de los misterios lindos que tiene la vida", concluyó García.
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