
Recuperan el esqueleto de una ballena
El animal había aparecido muerto en Puerto Madryn; mide 12,5 metros de largo; limpian los huesos en península Valdés
1 minuto de lectura'
PENINSULAVALDES, Puerto Madryn.- La ballena franca austral que apareció muerta en Puerto Madryn halló mejor destino que el olvido y la degradación en una playa patagónica. Un grupo de biólogos y voluntarios del Ecocentro se dedicó durante los últimos días a recuperar, hueso por hueso, el esqueleto del cetáceo, para luego exponerlo en el citado centro.
En un cuadro que recreaba el de Gulliver amarrado por los liliputienses, un ejército de biólogos y voluntarios del Ecocentro rodeaba la ballena en medio de una febril actividad.
Ya finalizó la etapa de recuperación. Los huesos fueron llevados a un campo en la península Valdés para iniciar la limpieza fina, en la que se trabajará todavía algunos meses.
Se trata del ejemplar más grande que estará en exhibición. Es un animal subadulto de 12,5 metros de largo, y para obtener sus huesos se puso en marcha un enorme despliegue de gente y variados recursos. Se usaron camionetas y hasta una pala mecánica para tirar de gruesos cabos que tensaban los músculos y la grasa que había que cortar, o para mover pesadas piezas como el cráneo y la mandíbula.
Fue lo más parecido a abrir y limpiar un pescado, sólo que era un mamífero marino de 30 toneladas que llevaba un par de días muerto. Con la ayuda de un barco de la Prefectura Naval, que lo encontró flotando cerca de la costa de Madryn, el 8 del actual se remolcó el animal hasta una playa más alejada de la ciudad, donde lo soltaron y la marea se ocupó de dejarlo en el lugar conocido como la cantera.
Allí, el Ecocentro montó su base de operaciones. Se amarró el cuerpo a una estaca en la playa para que la marea no volviera a llevárselo. Había que trabajar rápido antes de que los tejidos y los órganos se pudrieran y tornaran el aire irrespirable.
"Fueron siete días de trabajo muy intenso, 10 o 12 horas cada jornada", cuenta Valeria Falabella, coordinadora del área científica del centro, a cargo del operativo de rescate del esqueleto, junto a Alejandro Carribero, investigador asociado y responsable del programa de varamientos, y Pablo Raposo, miembro del staff de la entidad.
"Primero sacamos toda la capa de grasa, de unos 35 cm de espesor -dice Falabella-. Hicimos cortes longitudinales y luego transversales, formando cuadrados. En cada porción clavamos unos ganchos armados especialmente, similares a los garfios. Esa fue la peor parte. Demandó mucho esfuerzo perforar la grasa, serrucharla y cortarla, porque estaba durísima."
Ese trabajo, al principio, se hizo en forma manual. "Pero después nos ayudamos con dos camionetas -prosigue la investigadora- y logramos un avance importante. Desde arriba de la ballena hacíamos los cortes, se ponían los ganchos, se les ataba un cabo y tiraban con la camioneta. Así lográbamos tensar el tejido y eso nos permitía cortar más rápido, pero todo fue hecho a fuerza de hombre."
Tres personas enfundadas en mamelucos, con antiparras, barbijos, guantes y botas se ocupaban de cortar y manipular partes del animal. Ellos eran Falabella, Carribero y Raposo. Alrededor trabajaban siete voluntarios con diversas tareas bien delimitadas. Unos afilaban las herramientas, entre las que se encontraba una hoz enorme, hojas de metal redondas con un largo mango y toda clase de elementos cortantes.
Otros tenían la misión de clasificar cada hueso recuperado, de consignar su procedencia y posición y de colocarle una etiqueta con su número de identificación. Un poco más allá se ocupaban de pasar las herramientas al equipo. Otros limpiaban y mantenían prolija el área de trabajo y algunos informaban a los curiosos que se acercaban al lugar atraídos por la insólita vista.
"Hay que destacar cómo colaboró la Municipalidad de Puerto Madryn -dice Alejandro Carribero-. Dieron su apoyo con una predisposición excelente y nos prestaron una pala mecánica, manejada con gran destreza por su conductor, el señor Silva. Con ella se mantuvo el área prolija y constantemente se sacaba todo el material orgánico para que se descompusiese allí. Enterraron esos restos en las canteras abandonadas de Cerro Avanzado."
La máquina también fue esencial para levantar partes del animal, hacer cortes, "tirar y quitar musculatura o ayudarnos a arrancar partes muy duras de grasa", agrega Falabella.
Una vez abierta la capa de grasa se emprendió la búsqueda de los huesos vestigiales, único testimonio del antepasado terrestre de la ballena. "Son pequeños y están libres dentro de la musculatura en la zona ventral, cerca de los genitales. Miden unos 30 cm y es todo lo que queda de lo que fueron los miembros posteriores de los cetáceos", explica Falabella.
"Cada parte ósea que quedaba expuesta era removida y al final de la jornada se la llevaba a un campo en la península Valdés, de manera que no quedara material óseo en la playa, porque corría el riesgo de perderse", comenta Carribero.
El trabajo de corte y serruchado terminó cuando finalmente recuperaron el cráneo, la mandíbula y los platos de las barbas. Estos huesos son tan grandes que para sacarlos de la playa tuvieron que usar la pala mecánica y cargarlos en un camión especialmente contratado para transportarlos, ya que ni las camionetas aguantaban tanto peso.
La limpieza todavía llevará meses, pero se estima que el Ecocentro estará pronto estrenando un esqueleto de ballena, en el nuevo milenio, como una forma de saludar la continuidad de la especie.
1
2Feria del Libro 2026: la grilla con las actividades y los invitados más destacados
3Previo a la exhibición de Franco Colapinto, vecinos y comerciantes entre la expectativa y las quejas por la falta de información
4La psicología dice que venimos al mundo a desarmar lo que nos enseñaron y a aprender cosas nuevas



