
Recuperan un antiguo edificio marplatense
Tras una inversión millonaria, es un polo gastronómico
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MAR DEL PLATA.- El glamour inundaba el edificio a fines de los años treinta, cuando la elite había encontrado allí un lugar de lujo para sus cenas y reuniones de baile. Pero el final del siglo pasado lo encontró con el título de patrimonio histórico, aunque en ruinas, con riesgo de derrumbe y transformado en monumento a la desidia.
Desde esta semana, y con una millonaria inversión privada de por medio, ese espacio, que entonces ocupó la exclusiva confitería Normandie y que hasta inicios de los noventa fue sede del Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (Inidep), pasó a ser La Normandina, un moderno y vistoso complejo que incluye restaurantes con inigualable vista al mar, un amplio salón para congresos y una gran galería de arte.
Las obras, a cargo de un grupo empresarial marplatense que ya habría invertido más de cuatro millones de dólares en este proyecto, comenzaron a principios del año pasado y todavía continúan en algunos niveles. Por lo pronto, el espacio para eventos especiales y al menos tres locales gastronómicos, al igual que el salón de exposiciones, ya están en uso. Una cafetería y una parrilla se sumarán a partir de este fin de semana, cuando inauguren sus instalaciones.
Con este emprendimiento se cumple un viejo sueño de la comunidad marplatense que advertía, por un lado, el descuido al que había quedado expuesto uno de los símbolos de la ciudad y, por otro, la mancha que implicaba esa imagen para un sector cotizado como Playa Grande, favorito durante los últimos años de los inversores que apuestan a emprendimientos inmobiliarios de máxima categoría.
Una gran nave
El complejo está situado al nivel de la playa, a la altura de la calle Roca y la costa, y aparece como uno de los extremos de la escollera que separa Playa Grande de Playa Chica.
El edificio fue durante años el favorito de la elite local para sus fiestas y bailes.
"Lo único que queríamos y pudimos salvar fue la fachada original", contó a LA NACION el arquitecto Carlos Mariani, integrante del estudio Mariani-Pérez Maraviglia, responsables del proyecto de recuperación del espacio.
Hasta 1994, y durante casi cuatro décadas, funcionó allí el Instituto de Biología Marina, hasta que el organismo pasó a ser el Inidep y, ante lo frágil que ya se veía la construcción, se mudó a la Escollera Norte.
Mariani rescata que la postal "mantiene la memoria urbana" del sector. Pero puertas adentro todo es nuevo, con última tecnología y máxima cercanía con el mar. "Funcionará como un gran polo gastronómico, con un foyer ligado a la actividad cultural y un gran espacio para convenciones", dijo a LA NACION el gerente general de La Normandina, Eddie Soria.
En el subsuelo habrá un gimnasio de última generación de 1500 metros cuadrados y ya funciona el Buda Bar, franquicia de la marca española, uno de los dos paradores que el año próximo explotarán la mínima franja de playa que se formó al pie del histórico y ahora remozado edificio.
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