
Restauraron el legendario faro Año Nuevo, construido en 1902
Fue declarado monumento histórico nacional a fines de 1998
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USHUAIA.- El centenario faro Año Nuevo, emplazado en la isla Observatorio, frente a la Isla de los Estados, recuperó el brillo de otros tiempos, cuando era la única luz que alumbraba el Atlántico, desde la isla Martín García hasta el Polo Sur.
Trece marinos y un carpintero civil restauraron el edificio, inaugurado el 1° de octubre de 1902, en treinta días de arduo trabajo, bajo condiciones climáticas extremas, con materiales, herramientas y víveres transportados hasta allí en helicóptero y en barco.
El faro fue declarado monumento histórico nacional a fines de 1998, pero la erosión por los factores climáticos y la depredación de los cazadores de recuerdos lo habían convertido mucho antes en una ruina, similar a las decenas de barcos hundidos que rodean el archipiélago.
La recuperación de la torre de veintidós metros de altura, que reemplazó al faro de San Juan de Salvamento, inspirador de Julio Verne en la novela "Le phare du bout monde" ("El faro del fin del mundo"), demandó mantenimiento de la estructura de acero, pintura y limpieza de cristales, pero la casa contigua, que alojaba a los torreros, requirió la reconstrucción de piso, techo, aberturas y el pasillo cubierto que unía ambas edificaciones, así como el montaje de un baño y cocina completos.
Falta de presupuesto
"No podemos quedarnos en el lamento de la falta de presupuesto, que es una realidad, tenemos que seguir funcionando, si hasta un reloj parado da dos veces al día la hora exacta", graficó el jefe del comando del Area Naval Austral de la Armada, capitán Gustavo Trama, al destacar la mezcla de "vocación de servicio" y "espíritu de aventura" que guió a los voluntarios que pasaron las últimas fiestas de fin de año trabajando en la isla.
Observatorio tiene un solo desembarcadero posible, la pequeña playa La Olla, de la bahía Miguel, donde los marinos bajaron los elementos de construcción, como puertas, ventanas, caños, mezcladoras y vigas de madera, que debieron izar por un acantilado de veinticinco metros y trasladar a pie, en fila india, casi un kilómetro hasta el faro.
La carga más pesada, como los 4000 litros de agua, los toneles de acero de combustible, las chapas y el generador de energía, fueron depositados en la isla en diez viajes de un helicóptero del Ejército que operó desde el rompehielos Almirante Irízar, que hizo escala en Observatorio, en viaje a la Antártida.
"Organizamos hasta el último detalle y lo que faltó fue resuelto con ingenio y entusiasmo", señaló el suboficial principal Eduardo Misermont, a cargo del operativo junto al capitán de fragata Juan Carlos Nicolau.
"Fue una experiencia muy fuerte, por lo humano y por la carga histórica que tiene el lugar", expresó el carpintero Eduardo Prieto, aún conmovido por las botellas de barro holandesas y francesas de 1914 que hallaron enterradas junto a platos, ollas y hasta zapatos, mientras excavaban para sacar la cocina original del faro, hecha de hierro fundido, de 200 kilos de peso, cuyas patas se habían enterrado en la turba porque el piso de madera cedió, podrido por la acción del agua.
Lejos de Pirovano, su pueblo natal en la provincia de Buenos Aires, y a doce horas de navegación de Ushuaia, donde se radicó en 1981, se casó y tiene tres hijos, Prieto integró el grupo que reparó la casa de los guardafaros, mientras el otro contingente se dedicaba a revivir la estructura metálica de la señal luminosa durante catorce horas diarias.
"Viajé un mes antes para tomar medidas, ver qué se podía reciclar y copiar las líneas de construcción para reproducirlas lo más fielmente posible", recordó el único civil de la expedición, que cumplió 45 años en la isla.
Colaboración del Conicet
Por su parte, el biólogo del Conicet Adrián Schiavini, que asesoró a los marinos sobre cómo maniobrar para preservar la vida silvestre del lugar, colaboró con la obra y aprovechó los diez días de estada antes de cruzar a Isla de los Estados,para estudiar las aves de Observatorio.
"Ahí vive la mayor colonia de cormoranes imperiales de la zona, además de pingüinos de Magallanes y petreles gigantes", señaló el científico.
Como las aves contaminaron con guano el único chorrillo que surca la isla, los expedicionarios usaron una lona para almacenar agua de lluvia, para bañarse con la ayuda de un calefón eléctrico.
Una isla con historia
La isla de cuatrocientas hectáreas, sin árboles ni elevaciones, que emerge cincuenta y un metros sobre el nivel del mar, recibió este nombre por el observatorio magnético, meteorológico e hidrográfico que mandó a construir Julio A. Roca, con motivo del VII Congreso Internacional de Geografía, realizado en Berlín en 1899, donde los gobiernos de Alemania y Gran Bretaña pidieron al de la Argentina que colaborara así con las expediciones antárticas.
El observatorio dejó de funcionar en 1919. En ese tiempo las casas y los depósitos de chapa y madera fueron desmantelados.
Hoy sólo quedan rastros débiles entre las arbustos achaparrados que cubren la superficie de la pequeña isla, junto al faro que ya no funciona con gas, sino con baterías alimentadas por paneles solares.
Por esta isla pasaron muchos navegantes e investigadores.
Visitantes
El expedicionario sueco Otto Nordenskjöld aclimató en la isla a los perros siberianos que más tarde utilizó en la Antártida.
También la visitó la histórica corbeta Uruguay, al mando del almirante Julián Irízar, antes de rescatar a la tripulación del Antartic, que pasó dos inviernos en el continente blanco porque el barco quedó atrapado en el hielo y se hundió.
Son muchas las historias que guarda esta isla.
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