
Ripoll descubrió el glamour de Las Cañitas
También recorrió la zona roja y a los travestis les propuso "otros oficios"; con los cartoneros criticó a Ibarra y a Macri
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Saben quién es. La saludan por el nombre o con un "diputada", a secas. La miran, la escudriñan, la ven pasar. Siempre atentos, como si la patrulla acabara de declarar el alerta Vilma , la señal que preanuncia el desembarco de un piquete o un cacerolazo en la jurisdicción.
Durante la recorrida que preparó LA NACION para Vilma Ripoll, candidata a jefe de gobierno por Izquierda Unida, los que la reconocieron por la calle fueron los policías.
El episodio se repitió con cuatro agentes en el circuito nocturno por la zona roja, el tren de los cartoneros y Las Cañitas.
La candidata pisó firme en los dos primeros destinos. Desenvainó propuestas y sostuvo contrapuntos con travestis y recolectores. En Las Cañitas bajó temerosa. Pero al final terminó con una copa de champagne, a los besos y se fue con una invitación para un happy hour .
No bien subió al auto, Ripoll quiso saber adónde nos dirigíamos. "¿A la zona roja? ¡Qué bueno! Yo a las chicas las conozco a todas, porque con nosotros trabaja Loana Berkins, que es dirigente travesti", se preparó.
Antes de las 20.15, en la esquina de Costa Rica y Godoy Cruz tres travestis intentaban seducir con meneos a los automovilistas. Un coche se detuvo. "Esperemos, no les arruinemos el negocio", sugirió la candidata. Cuando el auto se fue, entonces, ella bajó y puso primera: "Hola, yo soy la diputada Ripoll. Soy candidata a jefe de gobierno. Yo trabajo con Loana Berkins".
Una de las chicas se alejó. "Sí, pero Loana no está con nosotras. Ella no hace más la calle, no sabe lo que está pasando; la policía nos hace de todo, nos golpea -acotó Gaby, la más locuaz-. Acá vienen políticos, pero no para hacer campaña... ¿Usted quiere ser intendente? ¿Qué piensa hacer con esta zona?"
"¿Les gustaría trabajar en un lugar cerrado?", interrogó Ripoll. "Yo no voto porque soy menor. ¿Puedo opinar? -preguntó el tercer travesti-. Si una no muestra un poco en la calle no trabaja... Acá está la clientela."
La candidata les habló de otras salidas, de dejar la calle. "Peluquería, costura, otros oficios, ¿a ustedes no les interesaría?" La pregunta quedó flotando cuando un cartonero pasó por la esquina con su carro.
"Fierita, ¿me sacás una foto con ellas dos?", pidió al fotógrafo, señalando a los travestis. Se abrazaron y posaron para una instantánea. "Pará, pará... Ella es una diputada -interrumpió Gaby-. Vení, vení a la foto con nosotras." Allá marchó Ripoll. Después, besos para todos y de vuelta al auto.
Próxima parada: estación de trenes Carranza, minutos antes de que se abra el portón de acceso para los cartoneros. La palabra clave, en la boca de la candidata: "compañero". Un grupo la rodeó. "Vino gente de Macri y de Ibarra. Nos ofrecen guantes, un curso de cómo separar la basura... ¡enseñarnos a nosotros, que vivimos de eso!", dijo Norma Flores después de toda una jornada de revolver con su hija Noelia.
"Ibarra y Macri son lo mismo. Uno es dueño de empresas y el otro, gerente. Quiere centros de acopio privados para tenerlos de empleados. Yo quiero centros estatales", se explayó Ripoll.
"No me preocupa si son del Estado o privados. Yo quiero trabajo. Estoy harto de revolver la basura. Con o sin guantes es lo mismo. Es basura", se despachó Miguel Pedroso. Ripoll le ofreció su teléfono, una palmada y pidió que cualquier cosa la llamara. Ya eran las 21.41 y llegó el tren. Los cartoneros desaparecieron. Ripoll saludó desde el andén, lista para lo próximo: "Lo que sigue, para mí, es un sacrificio", adelantó.
Cuando el auto se detuvo en Báez y Chenaut, en el corazón de la noche en Las Cañitas, Ripoll se mostró temerosa. Bromeó con negarse a bajar. "Esta gente tiene los problemas resueltos", intentó. Y al final, confesó que era su primera vez en el lugar. Después puso un pie en la calle y los ojos -delineados en celeste- casi se le desorbitan. "Esto es otro mundo", comentó mientras caminaba pegada al brazo de la cronista. "¿Tengo que hablar con la gente?¿Qué digo?", vaciló.
Bien arriba
Un grupo de chicas, recién bajadas de una 4x4, fue el objetivo. LA NACION la condujo hacia ellas. Luego de las presentaciones del caso, Claudia y Angeles Dominutti, Valeria Radío y Mariana Roca comenzaron a interrogarla sobre todo, menos de política.
"Yo no voto, soy de Olivos, pero si querés te ayudo con tu imagen, sé un montón de marketing. ¡Vilma, tenés que venir a un happy hour! Sería buenísimo, llámame", la invitó Valeria y le dio su tarjeta. Más relajada, Ripoll se sumó a la camaradería: "¡Un happy hour , me encantaría! Ay, chicas, ¿qué les parece que me ponga para ir a lo de Mirtha?"
-Tenés que darte un touch , sugirió Valeria.
-¿Un tach de qué?
-Un poco de cama solar, mejorar el color. El delineador así te tira para abajo. El make up es fundamental. Tenés que sacarte todo lo que sea down. Tenés que ser muy arriba . Las propuestas de campaña tipo tango, tipo bajón, no van más. Vos tenés que ser como sos, pero para arriba. Yo tengo una ropa divina, llamame que te puedo prestar algo, te va a quedar brutal", insistió la chica, mientras un mozo repartía champagne entre los que esperaban para entrar a comer. "No sé si me explico, nosotras queremos champagne, pero sin pizza", apuntó Mariana, que es personal trainner.
"Si me viera la gente de la Legislatura... Yo voté contra la ley seca", comentó la candidata entre risas.
"No, Vilma, que nadie nos saque el cabernet, te lo pido por favor", insistió Valeria. Después la invitaron a posar para una foto. Las chicas le sugirieron poner "trompita" para los flashes y Vilma les pidió que en lugar de whisky dijeran Trotski.
Mua mua . Se despidieron a los besos y a los abrazos. "Quedamos para un happy hour , Vilma, llamame."
Arriba del auto, la candidata volvió en sí y trató de explicar lo que había ocurrido. "Tuve suerte, me encontré con unas locas divinas. Ves... yo quiero esto, pero para todos", definió.
Una noche de contrastes
Los tres puntos de la recorrida que preparó LA NACION para Vilma Ripoll estaban dentro un radio no mayor de 20 cuadras. Pero fueron la síntesis de los fuertes contrastes que viven a diario los vecinos de Palermo: oferta de sexo en la zona roja ubicada sobre la calle Godoy Cruz, el ejército de cartoneros que avanza por el barrio cuando cae la tarde y se replega antes de las 22 en la estación de trenes Carranza y la movida de Las Cañitas, un rincón que por las noches no escatima glamour.
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