
Rubicondi, el actor italiano que eligió las playas de Punta del Este para recibir el 2017
Es el ex marido de Ivana Trump y habló de su relación con el presidente electo de Estados Unidos desde la costa esteña
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PUNTA DEL ESTE.-El punto alto de su historia de amor se remonta ocho años atrás, cuando el actor y ex modelo italiano Rossano Rubicondi (45) se casó con Ivana Trump (67), la primera esposa de Donald Trump, madre de tres de sus hijos: Donald Jr., Ivanka y Eric.
A toda pompa, la ceremonia se desplegó en la mansión de los Trump, Mar-a-Lago, en Palm Beach, y el presidente electo de Estados Unidos fue uno de los invitados de honor. Entonces Donald Trump, quien mantiene una relación de amistad “del tipo familiar” con Rubicondi hasta hoy, según asegura el actor italiano a LA NACION, fue el único hombre de la fiesta que se rehusó a vestir smoking blanco, como imponía la pareja. Una regla de etiqueta que los propios hijos de Trump y el novio acataron al pie.
El matrimonio entre la ex modelo checa y el italiano duró apenas unos meses, pero según Rubicondi, un jet setter recién llegado a las playas esteñas, el vínculo con todo el clan Trump sigue siendo muy férreo. Tan férreo que pasaron juntos con Ivana las fiestas navideñas en Nueva York.”Tenemos una relación que ya lleva de 20 años y es muy, muy buena”, cuenta Rubicondi. Son las 11.30 en el parador Bagatelle, de Manantiales, hay un sol radiante y mientras en la mesa se suceden los ristrettos de sus acompañantes, el actor bebe vino blanco bien helado.
Llegó antes de fin de año desde Nueva York, invitado a Punta del Este por el magnate del negocio del transporte de petróleo, Gian Angelo Perrucci, dueño desde hace poco más de un año del ex hotel Mantra, ahora rebautizado Punta del Este Hotel & Spa. Rubicondi se hospeda en la residencia en Punta Ballena de su amigo Perrucci. Sirvió de nexo con los franceses Aymeric Clemente y Remi Laba, dueños de la marca Bagatelle, para que ese parador europeo, famoso en la Costa Azul, pudiera desembarcar en estas latitudes. Tras participar en varios reality shows emitidos en Italia, él mismo se dedica ahora al negocio gastronómico: en breve abrirá su propio reducto de pizza orgánica en Palm Beach, bautizado “Rossano to go”.

A pesar de algunas reticencias iniciales, la charla con LA NACION girará alrededor de su relación con el hombre más poderoso del mundo: Donald Trump.
“Donald es un hombre muy dinámico y fuerte —lo describe—. Sabe lo que quiere y es difícil hacerlo cambiar de opinión. Pero hay dos Trump: el que uno conoce, Donald, y el otro que ve por TV y en campaña, Donald Trump. Y aunque suene paradójico, en ambos lo que uno ve es lo que es: esté bien o esté mal, en esas dos personas que lo habitan, lo que uno ve es lo que es. Nunca se lo podrá cambiar”.
-¿Está sugiriendo que Trump es, al menos, ambivalente?
-No hay que sorprenderse porque haya dos personas en una. En todas las figuras públicas las hay. En Hillary Clinton, también.
-¿Cómo lo conoció?
-Lo conocí por Ivana, en Nueva York. Nos casamos en la residencia Mar-a-Lago en Palm Beach y Donald, con sus tres hijos, participaron de la fiesta. Hace 20 años que tengo una relación con la familia y con Ivana y es excelente con todos. Los chicos (Donald Jr., Ivanka y Eric) han recibido una excelente educación, están muy preparados para secundar a su padre y son una familia muy unida. Durante mucho tiempo cargaron con el peso de ser los hijos “de”, pero lo han manejado muy bien. Cuando tenemos oportunidad, nos juntamos y la pasamos muy bien en familia. No tengo nada más para agregar.
-¿Cuál es la diferencia entre “El” Donald como lo llaman en la intimidad y Donald Trump?
-Donald es mucho más agradable. Pero le aseguro también que todo lo que él dice ya sea en sus anuncios, en Twitter, en TV, es realmente lo que cree. Veremos si luego lo hace o se lo dejan hacer. Trump es, fiel a su esencia, un hombre que impone cambios, y tiene la habilidad para implementarlos. Tiene dinero, experiencia como ejecutor y como hombre de negocios que ha tenidos oscilaciones en su fortuna. Sabe lo que es ganar y perder. La gente que trabaja para él, sabe que una de sus mayores fortalezas es su capacidad negociadora. Y la política es el arte de la negociación.
-¿Qué lo hace tan buen negociador? Su discurso es más bien intransigente...
-Conoce todos los trucos de las negociaciones, que nadie imagina. Sabe cómo dar vuelta las cartas sobre la mesa y cómo cambiar también él rápidamente de postura si percibe que no le conviene. Es ultra pragmático. Nunca se da por vencido. Y eso yo lo he visto. El sabe mejor que nadie que al final siempre hay que negociar. Y como presidente de EE.UU lo va a hacer.
-¿Cuáles son sus flancos débiles?
-Debería preguntarle a Ivana, que los conoce bien (se ríe). Pero, claramente, el principal es su enorme ego, que él sabe que no puede manejar. Aunque a veces eso se convierte en fortaleza. Pero en líneas generales también le ha traído problemas. Todo depende cómo lo maneje a partir de ahora. Él solo no puede. Para eso ahora tiene muy buenos asesores que lo están ayudando, empezando por sus hijos, con los que yo me llevo bárbaro. Donald sabe que ahora, por su futura investidura, no se le permitirá ser él mismo. Pero no voy a hablar más del Donald que yo conozco.
-Vive hace tiempo en EE.UU. Si fuera ciudadano americano, ¿hubiera votado por Trump?
-Sí, creo que toda persona que quiere gestar un cambio merece una oportunidad. Y en el caso de Donald, aunque ha sido muy cuestionado, hay que darle ese respaldo. El cambio puede ser o no posible. Pero creo que los norteamericanos al apoyarlo no tenían nada que perder.
-¿Piensa que concretará sus promesas radicales de campaña?
-Veremos. Pero Donald es extremadamente inteligente, mucho más de lo que la gente cree.
-Esta es su primera visita a Punta del Este, ¿qué impresión tiene del lugar?
-Mi amigo Giuseppe Cipriani me había hablado bastante. Amanecí en Punta Ballena y el lugar me encanta. Creo que me voy a divertir mucho desde hoy hasta el 3 de enero cuando me vaya. Pero no pregunto a qué lugares o fiestas voy; dejo que mi anfitrión me lleve. Con Gian Angelo (Perrucci) siempre la pasamos muy bien, en cualquier lugar del mundo donde coincidimos.
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