San Miguel despidió a los cinco rugbiers fallecidos
Alrededor de 1000 personas asistieron ayer a un velatorio conjunto
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Escenas de profunda tristeza se vivieron ayer en el Palacio Municipal de San Miguel, donde más de mil personas se congregaron en una fila interminable para despedir a los cinco rugbiers que murieron en la madrugada del sábado, luego de que el auto en el que viajaban se despistó en la ruta nacional 12, a la altura de la localidad misionera de Puerto Piray.
En tanto, durante el fin de semana largo, otras 12 personas fallecieron en distintos accidentes viales ocurridos en Santa Fe y en Córdoba.
Los restos de los rugbiers Máximo Taborda, de 37 años; los mellizos Juan Pablo y Juan Manuel Ligorria, de 22; Mariano Falcón, de 25, y Gastón Arias Neschenfeller, de 27, todos integrantes del plantel superior del San Miguel Rugby & Hockey Club, fueron velados durante cinco horas en la sede municipal. Luego sus cuerpos fueron llevados a la Morgue Judicial de Cuidadela para ser identificados mediante muestras de ADN.
Los deportistas habían viajado a Misiones para participar de un torneo de la modalidad Ten a Side, contra equipos de Paraguay, Brasil y la Argentina. Cerca de las 3, el Chevrolet Astra conducido, según los investigadores a unos 150 km por hora por Taborda, el capitán del plantel, se despistó y chocó contra un paredón, y el vehículo se incendió.
El entrenador del club Fernando Spilimbergo dijo a la agencia Télam que los cinco deportistas eran muy queridos en San Miguel. “A pesar de la diferencia de edad entre los cinco, los unía un mismo espíritu y un mismo corazón, y eso era lo que hacía que pudieran entrar en una misma cancha”.
En la sede municipal crecía minuto a minuto la apretada fila de vecinos, compañeros y conocidos que buscaron darles el último adiós a las víctimas. Representantes de clubes de rugby de la zona y de la Unión de Rugby de Buenos Aires (URBA) se congregaron allí e intentaron contener al grupo de amigos recién llegados de Misiones, que le escaparon a la muerte, ya que viajaban en otro vehículo.
El intendente de San Miguel, Joaquín de la Torre, expresó el sentir de la comunidad y de ese club, que este año celebraba 25 años de vida: “Este es un momento muy duro en el que se busca tratar de aliviar el dolor de las familias y del club”.
Con el rostro desencajado, José Díaz, un compañero del plantel, expresó: “Hay un antes y un después de esta tragedia. Esta es una experiencia nada fácil. Cinco personas muy queridas, cinco amigos que ya no están. No puedo creerlo”.
Díaz describió al capitán Taborda como una persona extremadamente solidaria, que “colaboraba con lo que no tenía”, y a los mellizos Ligorria como la alegría del grupo, “dos chicos simples, espontáneos y divertidos, que pertenecían a una camada humana difícil de encontrar. Jugaban desde los 12 o 13 años y formaban parte del plantel superior”.
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