
Santa Fe y Pueyrredón, casi un mercado marroquí
Los vendedores ambulantes se han adueñado de las veredas
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Hace un par de semanas, vecinos del Barrio Norte se reunieron con el vicejefe del gobierno porteño, Enrique Olivera, para formular reclamos referidos al creciente deterioro de la calidad de vida que se observa en la zona.
El funcionario prometió estudiar los problemas denunciados, pero advirtió que en ese, como en otros lugares de la ciudad, "se verifican hechos que son muy difíciles de erradicar".
Punto neurálgico es la intersección de las avenidas Santa Fe y Pueyrredón, y calles aledañas, con un cúmulo de situaciones críticas -algunas hasta extrañas, como se verá- que ya llevaron a la deducción de que el lugar ha caído bajo la influencia de "poderosas fuerzas malignas".
Todo para vender
Si empezamos por la proliferación de vendedores callejeros, aquélla permite apreciar lo que es un zoco (el multifacético mercado marroquí), sin necesidad de viajar miles de kilómetros.
Durante todo el día se pueden encontrar allí -en caballetes o sobre el piso- encendedores, sahumerios, tarjetas y cospeles telefónicos, ropa (interior y exterior), artículos de librería, ferretería y electricidad, relojes, peines, paraguas, medias, bufandas, pañuelos, golosinas, bijouterie, pomadas "milagrosas", tijeras, portarretratos, decodificadores "truchos" de canales de cable, pantuflas, anteojos, etcétera.
En cuanto a los locales fijos, las quejas apuntan a tres restaurantes que, casi juntos sobre Santa Fe al 2400, esparcen por todos lados el olor de sus fritangas y parrillas. Encima, uno de ellos creó en plena vereda una "sala de espera", en cuyas sillas los clientes aguardan que se vacíe una mesa.
En el 2514 de la misma arteria, una tienda llamada "Crazy" (toda una confesión, el nombre) está desde hace días en plena liquidación "hasta agotar el stock". Las ofertas de camperones y jeans se anuncian por un parlante que se escucha en varias manzanas, inclusive sábados y domingos de 9 a 21, junto con las "pausas" en las que se propala música de Pocho la Pantera. El dueño, muy suelto de cuerpo, admite que no tiene permiso, pero que va a trabajar "más o menos hasta diciembre".
Un escenario particular se monta desde la noche del jueves hasta la madrugada del domingo. Circulan por allí gays, travestis, transexuales, bisexuales y heterosexuales pasivos. Todos hacen su alegre aporte a este variado carnaval, cuya persistencia de "búsqueda" ningún especialista ha podido explicar suficientemente.
Misterios barriales
Y si de hechos inexplicables se trata, mencionemos algunos que han ocurrido por ahí: el cuarto incendio, tipo siniestro serial , de la casa de alfombras Avón (Santa Fe 2481). La fuerte sospecha de que fue intencional abrió un proceso judicial que, entre otras cosas, impedía el acceso a su interior. Sin embargo, no hace mucho se colocó en su frente un enorme cartel de publicidad para lo cual varios obreros ingresaron sin mayor problema a los derruidos pisos superiores.
Otros los protagonizaron un par de vehículos. Uno, en el que viajaban dos hombres, dobló a marcha lenta desde Larrea a Santa Fe, hacia el Norte, es decir, de contramano. Avanzó por el lado derecho y volvió a doblar por Ecuador, esta vez en sentido correcto. Tuvo suerte: por el semáforo, la calle estaba vacía y, además, la insólita infracción no fue observada por ningún policía.
El otro ocurrió en Beruti, entre Pueyrredón y Larrea. Un Fiat Regatta se desplazó desde el lugar en que estaba estacionado, se cruzó a la otra mano, subió a la vereda un poco antes de llegar a Pueyrredón y se incrustó contra el frente de un edificio. ¿Y por qué es extraño? Pues ¡porque no lo conducía nadie!
Según una versión, en una de las parroquias del barrio, la del Carmelo, en Charcas al 2400, hace un tiempo fue encontrada una peluca de mujer detrás de la imagen de un santo. Como ofrenda, no es muy usual, que digamos.
En fin, molestias y curiosidades son frecuentes en la zona. Las primeras provocan reiterados -y poco atendidos- reclamos por parte de los vecinos. Y las otras hicieron desaparecer a Carlitos de la esquina azotada por "poderosas fuerzas malignas", en donde durante años sorprendió a los paseantes con sus ladridos. El pintoresco personaje debe haber comprendido que su extravagancia, al lado de las traídas por una nueva onda, resultaba muy poca cosa.






