
Se completa la cadena evolutiva
El descubrimiento de fósiles contribuye a aclarar los orígenes del ser humano.
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El individuo bajo, de gran fuerza muscular, mandíbulas potentes, brazos largos y pequeño cerebro que acaba de ser rescatado de la noche de los tiempos -y que los antropólogos bautizaron como Australopithecus garhi - agrega un nuevo eslabón a la cadena evolutiva que desemboca en el ser humano.
"No se puede hablar de un único eslabón, porque la transformación se va produciendo muy lentamente -explica la doctora Marta Méndez, investigadora del Conicet y de la sección antropología del Museo de Ciencias Naturales de La Plata-. Pero es un hallazgo importante que ayuda a completar el árbol filogenético del ser humano."
Según la teoría elaborada por Charles Darwin, miles de generaciones en continua evolución enlazan al ser humano con su antepasado remoto, el mono. Entre uno y otro extremos del camino los científicos identificaron varias estaciones que expresan las mutaciones que condujeron a la realidad actual.
La cadena del tiempo
Los australopitecos fueron los primeros primates que lograron caminar en posición erecta y con sus manos libres. "Durante mucho tiempo los científicos discutieron si eran antepasados o primos nuestros", escriben Johanson y Edey en "Los primeros antepasados del hombre".
Pero, de acuerdo con las evidencias recogidas, se supone que la evolución humana partió de un tipo primitivo, parecido a los simios antropoides, que fue transformándose paulatinamente a lo largo de millones de años. Seguramente, afirman los científicos, no hubo un salto brusco del antropoide al hombre, sino una época borrosa de tipos intermedios que costaría clasificar en uno u otro grupo.
Según la doctora Méndez, el descubrimiento del equipo liderado por Tim White y Berhane Asfaw que fue publicado en la última edición de la revista Science es notable. "Hay que tener en cuenta que -debido al tiempo transcurrido- la conservación de este tipo de fósiles es muy problemática", afirma. "Los tres hallazgos, uno de los cuales es un antílope con restos que aparentan tener tratamiento humano, si se comprueba su contemporaneidad, podrían probar que ya en esos tiempos habría habido intervención de los homínidos", afirma Méndez.
Pero también aclara que, más allá del brillo del descubrimiento, todavía resta mucho trabajo por hacer para esclarecer una serie de puntos oscuros. "El grupo de investigadores tendrá que seguir trabajando, deberá presentar sus resultados en congresos y someterlo a la discusión con sus pares. Un viaje como éste nunca se agota en una publicación."
Entre otras cosas, habrá que examinar no sólo los caracteres macroscópicos, sino también los microscópicos, y exponer las muestras al examen minucioso de la biología molecular.
"Hay que trabajar con ADN antiguo, con técnicas especiales que requieren sumo cuidado, porque son muy frecuentes las contaminaciones -afirma Méndez-. Quedan aún muchísimos baches por rellenar. Pero este equipo nos va a sorprender con nuevos hallazgos en el futuro."




