
Se desbordó la laguna Mar Chiquita
El avance del agua afectó dos zonas pobladas y el sector de playas; creen que la situación puede empeorar en breve
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MIRAMAR, Córdoba.- El destino de Miramar se mide en centímetros. Perseguidos por el fantasma de la gran inundación provocada por el desborde de la laguna Mar Chiquita -que entre 1976 y 1984 arrasó con 37 manzanas, 102 hoteles y 60 comercios-, los habitantes de esta localidad del departamento de San Justo calculan día tras día hasta qué punto se elevó el nivel del agua y cuántas pérdidas tendrán que lamentar si no se toman medidas urgentes.
Por diversas causas climáticas y topográficas, el nivel de la laguna creció notablemente en los últimos días y actualmente está apenas 40 centímetros por debajo del nivel histórico máximo (en 1984 alcanzó 71,44 metros y ayer llegaba a 71,04); las proyecciones técnicas indican que en los próximos meses seguirá aumentando.
En los últimos dos meses, el agua invadió dos zonas urbanizadas y casi la totalidad de las playas que con enorme sacrificio habían sido reconstruidas el verano último, con la intención de recuperar al menos una parte del atractivo turístico que el pueblo tuvo a principios de siglo.
Entonces contaba con más de 4000 plazas hoteleras y llegaban visitantes de todo el mundo a buscar los efectos benéficos de las "aguas milagrosas" de Mar Chiquita y del fango curativo. En esa época, Miramar era, junto con Villa Carlos Paz, uno de los centros turísticos más importantes de la provincia.
Mar Chiquita, con sus aguas cálidas y saladas, es una de las diez lagunas más extensas del mundo. Su enorme riqueza biológica se hace evidente, entre otras cosas, por la gran cantidad de aves que viven en el lugar. Con más de 300 especies, la laguna integra la Red Hemisférica de Reservas de Aves Playeras.
Enfermos de humedad
En la última gran inundación, que terminó en 1984, la laguna prácticamente duplicó su superficie; de los 2800 kilómetros cuadrados de entonces hoy cuenta con más de 6000, lo que equivale al tamaño de la provincia de Tucumán. El agua avanzó de tal modo que acabó con buena parte del pueblo y ahuyentó a la mitad de la población.
Miramar, situada a 200 km de la capital cordobesa, hoy tiene 2400 habitantes y un enorme espejo de agua que se mueve peligrosamente.
Sin embargo, los que se quedaron están dispuestos a todo. La mayoría de las 32 personas evacuadas por este nuevo avance del agua (otras 35 podrían autoevacuarse en breve) se mudó a pocos metros de las viviendas que debieron abandonar, como si el hecho de estar cerca de sus casas impidiera que el agua siga entrando y horadando pisos y paredes.
Marta y su marido, convencidos de que aquella tragedia no volvería a repetirse, compraron una casa frente a la laguna. Pero actualmente los dormitorios de esa vivienda forman parte de la laguna y el resto de la casa está a punto de inundarse también.
La mujer y sus seis hijos se mudaron a una hostería ubicada a pocos metros, pero en una manzana más alta. Desde allí esperan que el agua baje, mientras su marido busca un trabajo temporario en la ciudad de Córdoba porque la pesca también se vio resentida por la inundación. "El pejerrey (principal recurso pesquero de la zona) está muy escaso y ya no teníamos para comer", cuenta Marta en la recepción de la hostería que le paga la municipalidad.
"Nos acomodamos en estas habitaciones pequeñas y nos turnamos para comer. Cuando compramos la casa, el agua estaba lejos. Nos gustaba la idea de vivir cerca de la laguna, pero no adentro -sonríe apenada, mientras señala su vivienda a punto de sucumbir-. Ahora veremos si el gobierno decide construir nuevas casas. No tenemos grandes pretensiones, sólo queremos vivir en un lugar digno."
Otro vecino, don Basualdo, permanece en su vivienda inundada; su esposa y sus seis hijos viven en un hospedaje. "Se fueron porque la humedad era tan grande que iban a enfermarse. Yo me vine a Miramar por la pesca, pero hasta eso anda mal ahora", y señala la laguna que caprichosamente se metió en su casa.
No hay más tiempo
En tanto, los ingenieros de la Dirección Provincial de Agua y Saneamiento (Dipas) notaron que el crecimiento de la laguna podría superar el nivel histórico.
Advertidas sobre esta situación, hace algunos meses las autoridades comunales presentaron ante el gobierno provincial una propuesta para construir un nuevo sistema de defensa, que ahora está en estudio (ver aparte). "Tenemos que actuar ya porque julio y agosto son meses muy bravos y tenemos miedo de que el agua tape más casas, la costanera y el acceso al pueblo", dijo a La Nación el intendente Raúl Castellino.
El actual paisaje de Miramar no coincide con el de una postal turística.
Se hace difícil pensar que en ese mismo lugar, hace pocos meses, cientos de turistas disfrutaron de Mar Chiquita y de todos sus encantos.
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