
Se iniciaron las tareas de demolición en la ex cárcel de Caseros
La primera etapa demorará 130 días; se conservará parte del antiguo edificio, donde funcionarán una escuela y un centro cultural
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Una faca oxidada en el medio del patio vacío da cuenta del tiempo que pasó desde que el último recluso fue trasladado fuera de la cárcel de Caseros. Las dos torres de 18 pisos construidas durante la última dictadura militar para alojar a los presos que aguardaban proceso fueron desalojadas en julio de 2000.
Desde entonces, mucho se ha hablado de cuál es el destino que se le dará al predio que las dos unidades penitenciarias –conocidas como Caseros vieja y Caseros nueva- ocupan en el barrio porteño de Parque de los Patricios.
El Gobierno de la Ciudad había prometido que el 27 de abril de 2002 ya no estaría más. Pero los vecinos vieron pasar esa fecha en el almanaque y la mole de cemento continuaba en el mismo lugar.
Finalmente, hoy se iniciaron las tareas de demolición en la ex cárcel de Caseros. En el lugar, se hicieron presentes el jefe de gobierno porteño, Aníbal Ibarra, y el secretario de Obras y Servicios Públicos de la comuna, Abel Fatala.
Durante esta primera etapa se retirará el asbesto, un material contaminante presente en las calderas del presidio y las instalaciones termomecánicas. Asimismo se derribará el sector administrativo, que incluye los dos subsuelos, la planta baja y el primer piso, con lo que quedará totalmente al descubierto la estructura.
Durante los 130 días que demoren los trabajos se mantendrán en pie el cerco perimetral y todos los elementos que no comprometan la estabilidad de la torre.
"Las obras no paran"
Ibarra declaró que el desarrollo inmobiliario levantará el barrio y permitirá gozar de escuelas, viviendas, espacios verdes y centros comerciales.
“Las obras no se van a parar. Yo deseo que para fin de año esté terminado todo el trabajo y así se lo manifesté a los vecinos”, dijo Ibarra a LA NACION LINE.
Para la segunda etapa está prevista la demolición completa del edificio. Según estimó el director general de Obras Públicas porteño, Fernando Fornas, los trabajos demorarán entre 9 y 15 meses, según el método que utilicen para tirar abajo las dos torres.
“Si se determina que es factible una demolición a través de una implosión, es probable que para fin de año ya esté terminado el trabajo. Pero eso está sujeto a estudios de factibilidad, porque no olvidemos que la zona está cercada de hospitales y la onda expansiva podría perjudicar los equipos de alta complejidad”, expresó Fornas.
De acuerdo con lo sancionado por la Legislatura porteña, se deberá preservar de la ex Unidad carcelaria Nº 16 -la parte vieja de la cárcel-, los muros exteriores, almenas superiores y torreta de esquina, en una proporción no menor al 30% de su desarrollo. Asimismo se tendrán que poner en valor los elementos de arquitectura relevantes.
La opinión de los vecinos
La mayoría de los vecinos de la cárcel se mostró escéptica frente a la presencia de las autoridades porteñas en el lugar. El comentario más escuchado fue: “Hasta que no vea los escombros, no les creo”.
Lo cierto es que todos desean que las dos torres desaparezcan del horizonte del barrio y que enseguida de haber demolido el presidio comiencen obras que sirvan para la reactivación del barrio.
“No me lo vas a creer, pero desde que se fue la cárcel, acá está todo más inseguro. Antes, los presos estaban adentro y afuera había movimiento y gente que vigilaba”, dijo Roberto, empleado de una librería sobre la avenida Caseros que hace 15 años que vive en la zona.
En el mismo sentido se manifestó Ana Muñiz, dueña de un local de comidas en Pichincha y Rondeau, justo enfrente de la puerta de entrada del antiguo presidio. “Acá había gente todo el tiempo. Ahora esta calle es una boca de lobo y los guardias no están más. Además, como comerciante yo me vi perjudicada. Hay menos movimiento y, entonces, hay menos ventas”, expresó.
Distinta es la opinión de Cristina Castro, que junto con un grupo de vecinas se acercó hasta el patio de la cárcel para reclamarle al jefe de Gobierno el compromiso de que las tareas de demolición concluirán.
“Acá esto era un desastre, porque los guardiacárceles no se metían si había algún delito en la calle. Por eso, nosotros queremos que esto desaparezca y se haga algo que sea útil”, dijo.





