Sexo Swinger: un fenómeno que crece en medio de morbos, mitos y tabúes

En encuentros discretos con reglas claras, exploran su sexualidad en pareja pero separados
En encuentros discretos con reglas claras, exploran su sexualidad en pareja pero separados Crédito: Shutterstock
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25 de febrero de 2019  • 18:25

"Es una evolución en el concepto de pareja monogámica . El swinger desdobla esa condición: es monógamo en el amor y liberal en el sexo ", explica el periodista y escritor Daniel Bracamonte, quien no sólo practica el sexo swinger sino que es un referente del movimiento. ¿Se puede ser monógamo en los sentimientos y compartir la pasión de los cuerpos? Para quienes ejercen la sexualidad desde una modalidad swinger, no solo es posible sino que es la condición sine qua non que define la dinámica.

Si bien para la sociedad contemporánea sigue siendo tabú, lo cierto es que cada vez más se habla más del tema, se lo esconde un poco menos, solo un poco, y los adeptos, que se cuentan por cientos, conforman un núcleo en permanente crecimiento numérico. De todos modos, la visibilidad no se lleva bien con este colectivo silencioso que hace de la discreción todo un culto a partir de los mitos falseados que se tejieron sobre quienes practican esta forma de encuentro sexual. Tantas décadas de tapar, ocultar y callar, le sumieron a la práctica un equivocado halo de oscurantismo. Aún hoy, la sociedad no se encuentra en un plano de evolución tal que permita no mirar de reojo y sin prejuicios a quien desee contar abiertamente su libre ejercicio del intercambio de pareja. Con todo, los clubes sociales se multiplicaron. Al igual que los pubs y quintas suburbanas que organizan encuentros. En Buenos Aires, los albergues transitorios, a partir de la aprobación de una ordenanza municipal, también permiten el ingreso de más de una pareja a una habitación, siguiendo determinadas limitaciones como el cupo de personas por metro cuadrado.

"El swinger se permite explorar y descubrir un montón de cosas inimaginables de la sexualidad"
"El swinger se permite explorar y descubrir un montón de cosas inimaginables de la sexualidad" Crédito: Fernando Massobrio

"Esto es una elección, no una obligación. Elijo con quién estar y, mi pareja, quizás, elige a otra persona. El permiso es parte de la confianza", explica Beatriz Musachio, esposa de Bracamonte, a quien conoció en la escuela secundaria y con quien llevan más de 44 años de matrimonio, casados por Iglesia, con dos hijos y nietos. Una familia a la vieja usanza, pero con el permiso de ejercitar una sexualidad libre con otros. Confianza plena. De eso parece ser que se trata. Y de dejar fluir fantasías. Imaginarlo despierta en muchos un morbo exacerbado. En otros, el rechazo. Y, desde ya, también están quienes vinculan esta modalidad con perversiones e inmoralidades.

"A lo largo de la historia, cada cultura y sociedad ha ido transformando y modelando el intercambio sexual de sus miembros. En la Prehistoria, la sexualidad se vivía de manera similar a como la viven la mayoría de los animales: con compañeros sexuales múltiples, pero fue con la aparición de la ganadería, la agricultura y la propiedad privada que la sexualidad comenzó a ordenarse y regularse de acuerdo a los principios de la monogamia, garantizando de esta manera la continuidad del patrimonio familiar", sostiene Patricio Gómez Di Leva, psicólogo y sexólogo (MN40671).

"Nos amamos y tenemos sexo como cualquier otra persona, solo que derribamos las paredes de nuestro dormitorio, cuando queremos, donde queremos y con quien queremos", grafica Ale, un comerciante de 52 años que participa del intercambio con su pareja de 49. "Biológicamente estamos adaptados para el multisexo, no para la exclusividad sexual, que es una construcción cultural que data de miles de años, pero que siempre fue rota, no respetada. La infidelidad es tan vieja como la monogamia. Nació la monogamia y nació la infidelidad. Hay una pulsión natural humana que nos lleva a buscar otros cuerpos. Los swingers reconocemos esa realidad de pareja, por eso después de conversarlo, habilitamos la posibilidad de poder vivir juntos otras experiencias. Nos damos el permiso de liberar nuestra sexualidad, pero en lugar de llevarlo a cabo en forma individual, solitaria, u oculta, lo hacemos juntos, con pleno consenso, eligiendo los dos, poniendo normas, acuerdos, límites", se explaya Bracamonte.

Algunas iniciativas incluyen prácticas en grupos grandes, otras en espacios más reducidos
Algunas iniciativas incluyen prácticas en grupos grandes, otras en espacios más reducidos Crédito: Shutterstock

Ejercer la libertad y poder canalizar los deseos más profundos sin tabúes, miedos ni prejuicios. Una panacea que, según coinciden los adeptos, garantiza plenitud y durabilidad de los vínculos. "Hoy, psicólogos y sexólogos nos encontramos, en el consultorio, con hombres y mujeres que sufren por intentar sostener un modelo que sus deseos exceden. La ´crisis´ del modelo monogámico tradicional hace que aparezcan nuevas, o no tan nuevas, realidades", sostiene Di Leva, autor del libro Sexualidad inteligente que argumenta, entre otras cuestiones, el tránsito que puede mutar la infidelidad por un vínculo de pareja inteligente.

Reglas propias

A pesar de lo que, ingenuamente, puede suponer quién no conoce a fondo este universo, en el encuentro swinger no vale todo. Al contrario. Quienes acceden a la práctica sexual múltiple, deben seguir un verdadero protocolo. Y si bien una de las premisas es que el cuerpo no es propiedad privada de la pareja y que no se es dueño del cuerpo del otro, tampoco todo es tan libre. "En el momento en el que concluyó la experiencia, y la otra persona vuelve con su pareja, se evapora todo el vínculo y se pierden todos los derechos. No gano ni espacios ni derechos por haber tenido sexo con una persona. Esto evita que se establezcan otro tipo de relaciones. Desde ya, ha habido casos, pero no es lo habitual. Hubo intentos de gente que quiso convivir de a cuatro, pero todo terminó en fracaso", sostiene Bracamonte, quien se desempeña como director de la revista especializada Entre Nosotros.

Debutar en estas lides es toda una experiencia. Un ejercicio de liberación y ruptura de preconceptos. "Las parejas nuevas llegan a los encuentros agarraditos de la mano. La mayoría teme ponerse celoso. Uno trata de orientarlos, de presentarles parejas con experiencia que les sirvan para orientarlos, y sacarles la mochila de la culpa y de los miedos para que puedan disfrutar de esa primera vez. Los chicos más jóvenes tienen que tomar conciencia que nadie les propondrá nada raro. La culpa es social, cultural y religiosa. Acá solo se busca la felicidad", explica Beatriz Musachio. Lo etario es bien amplio: la iniciación suele suceder alrededor de los 25 años, aunque el grupo más nutrido lo conforma gente de más de 40. ¿Vejez y swinger? Es posible. No son pocos los que pasados los 70 se atreven al intercambio de parejas, aunque pesa mucho la posibilidad del rechazo.

"El universo de los swingers es muy heterogéneo. Yo tuve la posibilidad de atender a varios pacientes que habían vivido la experiencia pero ninguno consultó por conflictos vinculados con esa experiencia. En general son personas curiosas, sexualmente muy abiertas y seguras de sí mismas, por lo menos en el aspecto sexual", reflexiona Di Leva. En ese plano de libertades, qué se hace y qué no, es el planteo inicial del sexo compartido entre varios. Aclaraciones previas que evitan malos entendidos e incomodidades posteriores. Todo se charla. "En el hombre, todavía hay algo de vergüenza por mostrar cierta actitud bisexual, pero eso se aclara antes. Incluso, hay reuniones de parejas bisexuales o experiencias donde la bisexual solo es la mujer. El hombre versátil puede dejarse tocar por otro hombre, aunque no necesariamente haya penetración. Puede practicar sexo oral y eso no implica que sea homosexual. El hombre heterosexual puede tener contacto físico con otro hombre en una situación particular y no por eso ser un gay en el closet. La bisexualidad, o la versatilidad, se dan. Las mujeres, sobre todo, desarrollan rápidamente su bisexualidad", sostiene Bracamonte.

Daniel Bracamonte y su pareja son muy felices con su vínculo
Daniel Bracamonte y su pareja son muy felices con su vínculo Crédito: Fernando Massobrio

¿Y si mi pareja se enamora de la otra persona? Esa parece ser la pregunta del millón. Por eso una de las premisas clave es evitar la creación de lazos que vayan más allá de lo social. El compromiso afectivo, bien lejos de la cama. "El porcentaje de divorcios en los swingers no llega al uno por ciento. ¿Por qué? Nadie se enamora de una persona en una hora, a través del sexo, sino a partir de otros parámetros. Podés hacer amigos, pero el vínculo de otro tipo se evapora en el momento en que se terminó la relación sexual. Durante la práctica, hasta puede generarse algún estadío pasional con la otra persona, pero termina allí. En el swinger, el principio y el fin es el sexo", sostiene Bracamonte. Para su mujer "hay parejas que piensan que con esto van a solucionar sus conflictos amorosos. Pero, justamente, el matrimonio termina en un quiebre, porque acá no está en juego el amor sino la genitalidad. Los que están en crisis, cuando regresan a su casa, ponen sobre la mesa el tema de los celos, los planteos acerca de por qué se gozó más con el otro o con la otra. La pareja que realmente no se ama, va a la expectativa, va a poner el ojo en lo que hace su pareja. Y, cuando ve algo diferente a lo que sucede en su cotidianeidad, aparece la competencia. Las parejas que no se quieren, cuando llegan al swinger, se destruyen. En el swinger no se viene a solucionar problemas de pareja, se viene a tener sexo, a disfrutar libremente".

Con coordenadas claras antes de arrancar, no hay lugar para malos entendidos. Cuanto más producidas, mejor. La lencería bien sexy es otro de los condimentos. Aunque el franeleo previo no es parte de la cuestión. Una vez que una pareja eligió a otra, con guiños, cabeceos o alguna charla, la acción comienza rápido. Y esto, que puede ser tomado como una ventaja, a veces apabulla a los novatos. Algunos varones que se inician pueden llegar a tener problemas de erección al faltarles ese momento crucial del juego previo. "En general, los que llegan por primera vez, buscan nuevas experiencias y salir de la rutina. La mayoría tiene su primera experiencia por curiosidad. A algunos, lo que más les excita es ver al otro gozar, y otros prefieren no ver", sostiene el sexólogo Di Leva.

"Se goza por la propia expansión sexual y por la de la pareja. Si tu pareja no la pasa bien, te enfría a vos. Hay simbiosis de placer. Cuando no se produce puede haber conflicto. Tiene que haber un equilibrio de pretensiones", argumenta Bracamonte, autor del libro: La rebelión de los cuerpos. Mientras que su mujer sostiene que "luego del encuentro, se charla con la pareja, aparecen preguntas. Es morboso. Incluso, luego del swinger, la pareja puede tener, en su casa, un sexo tremendo". Lo mismo sostiene Ale, quien asegura que "la mejor relación sexual entre nosotros, se da después de algún encuentro con otras personas".

No son pocos los que sostienen que el intercambio de parejas potenció la vida íntima del propio matrimonio apartándolos del tedio, la rutina y el aburrimiento. En la variedad está el gusto. De eso se trata. Incluso, en parejas con muchos años de convivencia y con un sexo casi a punto de extinguirse, el swinger les posibilitó volver a encender esa llama sagrada de los cuerpos desnudos compartiendo lo sublime del contacto genital.

"Elegimos este juego juntos hace ya 12 años. Surgió en una conversación sobre fantasías. Nos dimos cuenta que ambos teníamos ideas parecidas y decidimos hacerlas realidad. Además, encontramos variedad en el sexo, apertura y honestidad extrema. No hubo falsedad entre nosotros ni engaños físicos ni mentales, todo lo hablamos", explica Ale, en sintonía con su pareja.

Marta tiene 54 años y sostiene que "siempre tuve fantasías con este tema, así que, luego de investigar bastante, me decidí y se lo plantee a mi marido. Al principio fuimos a un club con muchos reparos. Pero, rápidamente, nos adaptamos y entablamos una charla con una pareja de nuestra edad. Luego de aquel primer encuentro, nos vimos varias veces. Nos hicimos amigos y, ahora, solemos encontrarnos los cuatro para cenar sin necesidad de tener sexo cada vez que nos vemos. En cuanto a mi matrimonio, debo decir que mejoró nuestra vida íntima en un ciento por ciento".

Los que ya acarrean con algunas décadas coinciden que la práctica swinger los apartó del hastío, la rutina, y la falta de cama. Si el paso del tiempo atenta contra el buen sexo, el intercambio de parejas parece estimularlo, revitalizarlo y permitir el libre ejercicio de manera vital. Y si bien no se permiten las escenas de celo por contraponerse con la esencia de la dinámica, también es cierto que el morbo de mirar a la propia pareja interactuar con otra persona genera mil y un fantasías y excitación. Mirar y ser mirados. Tocar y ser tocados. Sin exclusividades y con respeto.

Genética originaria

Podría decirse que desde que los orígenes mismos de la raza humana, la práctica sexual compartida atravesó los modos de encontrar placer a través del cuerpo y el vínculo con el otro. Grupos aborígenes tenían naturalizada la posibilidad del intercambio. Se dice que los Inuit, a pesar de su discreción, fueron una de las comunidades precursoras en estas cuestiones. Con el correr de los siglos, religiones, hábitos culturales y códigos sociales, fueron moldeando el "deber ser" de la sexualidad, y el intercambio pasó a formar parte de una práctica no contada sobre la que se tejió una pátina que agigantó el misterio sobre este mundo. De eso no se habla. Pero se ejerce.

A pesar de la influencia del Club de París, formalmente, se dice que el movimiento swinger nació luego de la Segunda Guerra Mundial en Estados Unidos. En los ´80, la tendencia llegó a Buenos Aires. Según Bracamonte se arraigó primeramente "en pequeños sectores de Capital Federal y de un acomodado poder adquisitivo".

Tan viejo como el hombre, hasta el arte se ocupó de historiar el ejercicio de la sexualidad compartida entre varios. El francés Paul Cézanne plasmó la cuestión en su lienzo El banquete, obra que fue conocida masivamente como La orgía, por la exaltación de los cuerpos desnudos compartiendo la mesa en medio de la insinuación del placer carnal. Sobran los ejemplos a la hora de bucear en el arte como soporte que radiografía, tensiona y dialoga con las conductas humanas.

Patricio Gómez Di Leva, todo un entendido en descifrar las conductas humanas en torno a su vínculo con la sexualidad explica que "la palabra swinger deriva del inglés ´ to swing´ que significa balance, libertad de movimiento u oscilación. En este caso, lo que se moverían serían algunas estructuras del modelo tradicional de pareja".

Opciones posibles

Si bien el manual básico sostiene que se trata de iniciativas que buscan tener sexo, algunas experiencias no se ajustan sólo a eso. Aquí va un pequeño catálogo de opciones:

Swinger clásico. Reunión de dos parejas. Se lleva a cabo en hoteles o casas particulares. Intercambian los cuatro.

Swinger soft. Es una práctica muy popular. Se practica en boliches y fiestas. La gente se toca y se besa, pero raramente intercambia. Aunque es importante numéricamente, se lo considera un ejercicio algo marginal porque no respeta las normas del swinger.

Swinger de sexo rápido. Se trata de las parejas que van a los reservados de los boliches o clubes. Es impersonal. No se pregunta el nombre del otro, no interesa a quién se tiene enfrente. Se olvida rápidamente a la persona con la que se intercambió. A quienes adhieren a esta modalidad se los llama Tiburones.

Swinger grupal. La pareja que decide ejercer este tipo de prácticas, no se siente cómoda cuando solo hay otra pareja enfrente. Son personas que buscan una mayor variedad. Se practica en casas, departamentos o quintas. Participan hasta 25 parejas.

Los 10 no

1. No es bien visto el consumo excesivo de alcohol. No se contempla que no se sea consciente de lo que se está haciendo.

2. Terminante prohibido el no uso del preservativo.

3. No se naturalizan actitudes discriminatorias.

4. No se permiten prácticas forzadas. Todo lo que se haga debe ser en perfecta aceptación de todos los involucrados.

5. No se debe continuar con la práctica si uno de los participantes desea concluir y retirarse.

6. No es modalidad una extensa seducción previa.

7. No generar ninguna situación de celos o violencia.

8. Evitar la visibilidad exacerbada. Los encuentros son a puertas cerradas y prima la discreción.

9. No generar romanticismo sino un encuentro sexual armonioso y placentero.

10. Evitar que la acción sea muy dialogada.

En las redes

Daniel Bracamonte y Beatriz Musachio lanzaron una APP que permite encontrar rápidamente sitios especializados, clubes, discos, fiestas y bares, como así también a personas con los mismos intereses. En tiempos de plataformas digitales, la APP En Express posibilita, a nivel internacional, un vínculo directo en la comunidad swinger. Incluso, les permite a los usuarios la publicar sus eventos.

La revista Entre Nosotros, también es un vehículo muy consumido por las parejas que buscan informarse, estar actualizados sobre lo acontece en el movimiento, y profundizar sobre la temática con artículos que reflexionan sobre esta práctica sexual.

"Si uno quiere y el otro acompaña, no sirve. A mí me da placer ver gozar a mi pareja y viceversa. Lo más lindo que sentimos en ese momento es el pequeño y controlado ataque de celos al inicio del encuentro. Nosotros pensamos que el día que dejemos de sentir celos es porque nuestra relación no nos importa más", explica Ale en total concordancia con su pareja de igual nombre con quien comparte la actividad de comerciante y la libertad del intercambio swinger.

"Nuestros hijos saben sobre nuestro hábito. Se los planteamos haciendo foco en la libertad sexual. Los reunimos en una cena y les dijimos que ellos eran libres de decidir, en el amor, lo que los hacía felices. Y les contamos sobre nuestra forma de vida. Lo tomaron bien. Nos dijeron que si nosotros éramos felices, ellos nos iban a apoyar. Ellos no son swingers, pero como nos ven tan unidos a lo largo de tantos años, les mostramos, con el ejemplo, que es posible ejercer una sexualidad diferente a la mayoría de la gente. Siempre lo hicimos con mucho respeto. Y a nuestra casa jamás fue ninguna pareja, porque respetamos nuestro hogar", explica Beatriz Musachio, educada toda su niñez y adolescencia en un colegio religioso.

Su marido aclara que "no somos ni sexópatas ni ninfómanas, tenemos perfiles normales. En mi caso, siempre experimenté una sexualidad exaltada, pero, al mismo tiempo, estaba construido como un macho celoso que pensaba que la mujer era mi propiedad. Con el swinger esa estructura de pensamiento caducó. Uno no sabe el potencial sexual que tiene hasta que no lo explora, el swinger permite explorarlo y descubrir un montón de cosas inimaginables de la sexualidad. Se llega negando para luego aceptar. Es un camino de exploración".

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