Son las 10 de la noche y tus hijos quieren saber dónde estás
Los niños ahora rastrean a sus padres, y necesitan que pases por Starbucks de camino a casa
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Los chicos ahora rastrean a sus padres y necesitan que pases por Starbucks camino a casa.
Una noche de diciembre, Abbie Pruitt salió a hacer las compras navideñas para sus hijos: Ulta para su hija universitaria, luego GameStop para su hijo preadolescente. No quería despertar sospechas, así que abrió la aplicación de ubicación compartida que usa su familia y ajustó la configuración para que su geolocalización precisa no fuera visible para nadie.
Ni cinco minutos después, recibió una llamada de su hija, Kylie, exigiéndole saber dónde estaba y por qué su ubicación no era visible en la aplicación Life360.
“Yo pensé: ‘Soy adulta y no es asunto tuyo’”, dijo Pruitt, entre risas. Su hija dijo que solo quería asegurarse de que estuviera bien.
“¡Conseguí esto para poder hacerles seguimiento a ustedes!”, recuerda que pensó Pruitt. En cambio, sus hijos le estaban haciendo seguimiento a ella.
Alrededor de un tercio de los padres rastrea la ubicación de sus hijos con una aplicación u otro programa, según una encuesta del Pew Research Center. Los adolescentes son vigilados con todavía más entusiasmo: cerca de la mitad de los padres en un estudio de la Universidad de Duke informó usar tecnología de rastreo para monitorear a sus hijos adolescentes. Lo que está menos claro es con qué frecuencia los hijos invierten los roles virtuales y monitorean la ubicación de sus padres.
“Llamamos a la tendencia ‘Fambushing’”, dijo en un correo electrónico Sheldon Bachan, director de comunicaciones de Life360. El acrónimo —familia y emboscada— se refiere a los chicos que rastrean a sus padres en restaurantes y cafeterías para luego aparecer sin previo aviso o pedir papas fritas y frappuccinos. “Analizamos los datos y descubrimos que los adolescentes, especialmente aquellos en edad de conducir, revisan la ubicación de su familia en la aplicación con más frecuencia que sus padres o los adultos”, dijo Bachan.
Jeanette Luna, madre de cuatro hijos que vive en el este de Texas, lo comprobó en carne propia. Cuando ella y su esposo visitaron Ciudad de México este verano para la Copa del Mundo, dejaron a sus hijos —de 8, 13, 16 y 18 años— al cuidado de familiares. Una noche, Luna y su esposo se quedaron fuera hasta tarde después de un partido y fueron a restaurantes y bares.
“¡Vimos que estuvieron fuera hasta tarde anoche!”, les dijeron sus hijos al día siguiente. “¡Nada bueno pasa a esa hora de la noche!”, reprochó su hijo de 16 años.
Luna y su esposo comenzaron a usar tecnología de rastreo cuando su hijo mayor obtuvo el registro de conducir. Él empezó a llevar a sus hermanos a la escuela y una aplicación les permitía confirmar que manejaba por debajo del límite de velocidad y que los chicos llegaban a salvo.
“Me da tranquilidad”, dijo, aunque es consciente de que los chicos se enseñan trucos entre sí para engañar a las aplicaciones. También nota que sus hijos rastrean la ubicación de sus amigos.
“Esta generación de chicos siente que tiene que tener acceso a todo el mundo las 24 horas del día, los siete días de la semana”, dijo. “Estamos tratando de enseñarles que eso no siempre es saludable”.
La hija de Pruitt —la que descubrió las compras navideñas— disfruta revisar la ubicación de su familia en la aplicación entre 10 y 12 veces por día. “Da tranquilidad y seguridad saber que están bien, que van a donde se supone que deben ir y que nada anda mal”, dijo. “A cualquiera le puede pasar cualquier cosa cualquier día. Ver su ícono es muy tranquilizador”.
Angela Narayan, profesora de psicología en la Universidad de Denver que atiende a niños en su práctica clínica, señala que, tanto para los padres como para los hijos, no tener confirmación permanente sobre el bienestar del otro es saludable.
“Es un ejercicio de nuestra propia tolerancia a la incertidumbre poder convivir con algo de incertidumbre y aun así ver que las cosas van a salir bien”, dijo. Si un padre le dice a un niño preocupado: “‘Acá, mirá el teléfono, averiguá dónde estoy, llamame, te voy a contestar, te voy a tranquilizar’, eso solo va a seguir reforzando esa ansiedad”, dijo Narayan. “Eso está asociado con el desarrollo de trastornos de ansiedad, al buscar esa tranquilidad excesiva todo el tiempo”.
¿Llevará el hecho de que los hijos rastreen a los padres y viceversa a una generación obsesionada con el control y a la muerte de las fiestas sorpresa de cumpleaños, o conducirá a rutas más seguras y vínculos más estrechos? Como un adolescente manejando un auto, los resultados pueden variar.
Kaitlyn Burnell, profesora de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill que estudió el rastreo de ubicación entre padres e hijos, cree que lo que más importa es la motivación detrás de la decisión.
“En algunos casos, el rastreo de los padres podría estar asociado con una mejor adaptación, como cuando refleja confianza o reciprocidad (vos me rastreás, yo te rastreo)”, dijo. “En otros casos, podría estar asociado con una peor adaptación, como cuando genera problemas relacionados con la privacidad (algo que funciona en ambos sentidos)”.
Luna y su esposo se acostumbraron a volver a casa después de una salida y recibir mensajes que dicen: “Vemos que están pasando por Whataburger o McDonald’s, ¿nos pueden traer algo?”. (La mayoría de las veces, dice Luna, les llevan alguna cosa).
Sin embargo, compartir la ubicación puede volverse en contra tanto de los padres como de los hijos. “Como padre de adolescentes, entiendo el deseo de rastrear a los hijos”, dijo Andrew Ferguson, profesor de derecho en la Universidad George Washington y autor del libro Tus datos serán usados en tu contra: vigilancia policial en la era de la autovigilancia. Pero “me preocupa más cómo esa información puede ser utilizada por investigadores y las lecciones que les enseñamos a nuestros hijos cuando les decimos que todo el mundo debería ser rastreado todo el tiempo”, dijo.
En 2021, The Markup informó que Life360 vendía información de ubicación de niños y adultos, actuando como una enorme fuente de datos. Desde entonces, la empresa dijo que limitó la venta de datos de usuarios y que no vende ni comparte información sobre usuarios menores de 18 años.
Más allá de la venta de datos personales, toda tecnología de rastreo de ubicación conlleva riesgos. “El problema de las tecnologías de rastreo digital es que, si compartís tu ubicación, no podés evitar que el gobierno también obtenga acceso mediante una orden judicial”, dijo Ferguson. “La verdad es que las compensaciones son difíciles. Hoy vivimos en un mundo donde, para obtener los beneficios de la vigilancia como herramienta de seguridad, renunciamos a la privacidad, y eso significa que no podemos tener ambas cosas”.
Narayan recomienda que padres e hijos que utilizan rastreo de ubicación se sienten a conversar sobre las expectativas, apoyándose en un cierto nivel de confianza mutua. “Sean justos, sean firmes, sean claros”, dijo.
“Con muchas de estas tecnologías, no sabemos cómo van a funcionar ni conocemos sus consecuencias, así que muchas veces simplemente las adoptamos”, dijo Narayan. Si querés desactivar tu propia ubicación y mantener visible la de tu hijo, o si querés usar menos el sistema de ubicación compartida en general, “siempre podés decir: ‘Lo pensé, reuní más información y quiero reducir esto’”.
“Los padres son los adultos”, dijo. “Ellos ponen las reglas”.



