
Tigre despliega todos sus encantos para atraer cada vez más turistas
Rincones: los paseos incluyen el muy transitado mercado de frutos y artesanías, las islas y el parque de diversiones.
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Como si la opción por el miniturismo fuera una obsesión imparable, el partido de Tigre está recuperando sus más lindos rincones para convertirlos en lugares irresistibles para los vecinos y los visitantes.
Hoy los resultados están a la vista: para muchos, el centro de Tigre está en su mejor momento. Según las autoridades municipales, cada fin de semana esta localidad recibe 160 mil personas que invaden todo: las costas, el puerto de frutos y los paseos. Ese número es importante, si se tiene en cuenta que equivale casi al 50 por ciento de los habitantes del lugar.
Al boom de turistas se suma el interés inmobiliario: hay unos cien nuevos emprendimientos urbanísticos. Uno de ellos, llamado Nordelta, tiene la inusual extensión de 1600 hectáreas.
El casco histórico, situado a unos 30 km al norte de la ciudad, luce una fachada renovada. Y otro ingrediente agrega interés por la zona: el acceso por autopista es cómodo y las líneas de tren que llegan hasta allí son las más modernas del país.
"Estamos trabajando para embellecer la ciudad. Queremos revitalizar la industria sin chimeneas", aseguró a La Nación un vocero de la comuna local, haciendo referencia al turismo. "La municipalidad se dedica a las obras de infraestructura, pero la explotación corre por cuenta de los privados", insistió. "Estos emprendimientos trajeron más gente y más inversiones."
Otra de las razones para el crecimiento, según varios comerciantes consultados, fue la puesta en marcha del Tren de la Costa, que, al igual que sucedió en toda la zona norte, aportó al flujo turístico e impulsó el desarrollo urbanístico.
El puerto de frutos
De septiembre a fines de diciembre, Tigre disfruta su temporada alta, que luego decae apenas durante el verano para retomar con toda fuerza de marzo a mayo.
¿Qué se puede hacer allí? Desde actividades acuáticas y deportes, así como paseos al aire libre, camping, compra de artesanías o visitas al parque de diversiones (Parque de la Costa), las opciones son muchas.
Cuando el buen tiempo acompaña, los fines de semana o los días feriados, el tránsito se pone espeso y las calles y estacionamientos están repletos.
Desde hace varios años, uno de los circuitos preferidos e indiscutidos de los visitantes es el puerto de frutos. Se trata de un shopping gigante y sin techo que, en los últimos años, aggiornó su fisonomía y multiplicó la conveniencia de sus ofertas.
Según datos aportados por la comuna, en la feria de interés turístico hay 170 puestos. A ellos se les suman otros 130 locales en las tradicionales dársenas, más cuatro galerías y otros tantos negocios de comida. Se puede comprar de todo, en especial artículos de decoración. Y los hay de variados precios.
Aunque la cantidad de visitantes es mayor los sábados y domingos, los comerciantes prefieren toda la vida a los clientes que se acercan de lunes a viernes. "Vienen más tranquilos y compran más. En cambio, los fines de semana la mayoría de la gente pasea y gasta poco", coincidieron los vendedores consultados.
Del antiguo puerto que desde 1932 se caracterizó por su mercado de frutos y hortalizas ahora no queda casi nada. "Hace veinte años que estoy en el Tigre y esto cambió mucho -afirmó Ricardo Alvarez, dueño de un local-. Antes, aquí había artesanos que vendían sus mercaderías, en especial a las provincias."
Andrea Gómez de Castro, propietaria de otro puesto, agregó su punto de vista: "Se fabrican bastantes cosas en mimbre, pero en las islas. Ahora la ciudad está muy adelantada y los locales han sido reformados, están más prolijos."
Acompañada por dos amigas, Mónica Alvaro, de 19 años, caminaba por los pasillos de la feria. "Vengo para ver artesanías y pasear. Aquí se venden cosas relindas", dijo. Pero ninguna de las tres compró nada.
Caminatas
El remozado Paseo Victorica es una especie de rambla que bordea el río Luján. Allí la gente va a hacer algún deporte, anda en bicicleta, come un asadito o simplemente descansa.
"Caminar por aquí me encanta", dijo Adela Monsanti, de 53 años. Aunque reconoció que prefiere la tierra firme a los vaivenes del agua, aseguró que le gusta el paisaje del Delta.
"Desde este lugar se puede ver las lanchas, descansar y respirar un poco de aire fresco", indicó. Con su amiga, Julia Robledo, de 55 años, se toma el tren cada vez que puede y va a pasar el día.
Verónica Busch, de 18 años, comentó: "A mí lo que más me gusta de Tigre es que todavía sea tranquilo como un barrio y que no esté tan cerca de la Capital."
Pero lo cierto es que el Tigre ofrece lugares tan céntricos o tan alejados como se desee. Cuando se está cerca del agua, el sonido de los motores de las lanchas en el río, los tradicionales clubes de remo, una arboleda bien verde y la brisa siempre fresca son algunos de los ingredientes que hacen de esta zona un lugar muy agradable.
Atracciones
En el Delta hay más de 30 hosterías y restaurantes a los que se accede por el río. Los viajes a esos lugares duran entre 20 y 90 minutos, y cuestan de 2,75 pesos en adelante.
En tierra hay otras 23 casas de comida, la mayoría sobre el Paseo Victorica y la avenida Cazón.
Los paseos en catamarán, que duran cuarenta minutos, cuestan un promedio de 5 pesos. El valor de los que demandan 1 hora 40 ronda los diez pesos y cuentan con servicio de almuerzo y de confitería a bordo.
También se puede partir desde el Tigre hacia el Uruguay:el pasaje a Montevideo, ida y vuelta, cuesta 30 pesos;a Carmelo, 20 pesos, y a Palmira, 22 pesos. También hay excursiones combinadas con ida en avión y regreso en barco.
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