
Tragedia en el Delta al arder una lancha
La nave, de bandera argentina, trasportaba a 94 personas; 2 pasajeros perdieron la vida y otros tres están desaparecidos
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Dos personas murieron, tres desaparecieron y otras cuatro resultaron heridas en la madrugada de ayer como consecuencia del incendio de una lancha argentina procedente de Carmelo, Uruguay, ocurrido en la confluencia de los ríos Paraná Guazú y Paraná Miní, a 56 kilómetros del puerto de Tigre.
El fuego obligó a los 86 pasajeros y los tripulantes a arrojarse a las correntosas aguas.
La embarcación, que pertenecía a la empresa Cacciola, partió a las 4.20 del puerto uruguayo de Carmelo con destino a Tigre. La Trans Uruguay, tal el nombre de la lancha, transportaba a 86 pasajeros, 3 tripulantes y 5 oficiales de la Prefectura Naval Argentina (PNA).
Setenta y cinco de los pasajeros eran uruguayos; 10, argentinos, y uno, alemán; en su mayoría, el pasaje se componía de personas mayores y mujeres.
Las víctimas mortales, según informó la PNA, son Estela Cardozo, de 59 años, y Rómulo Walter Gutiérrez, de 68, ambos uruguayos, al igual que los desaparecidos José Bruni y Mirta Leys. Tampoco se ha podido encontrar a Arturo Jardón, ayudante de la tercera división de la PNA.
Al cierre de esta edición no se habían determinado las causas del siniestro. La investigación quedó a cargo del juez federal de San Isidro Roberto Marquevich, que ordenó que quedaran demorados, hasta que se aclare su reponsabilidad en el hecho, el capitán de la nave, Gabriel Machado, y el tripulante Pablo Crespiel.
Pánico a bordo
La tragedia comenzó a las 5.40, cuando se declaró el fuego en el compartimiento de máquinas de la embarcación. Inmediatamente, y ante la presencia de humo, la tripulación intentó paliar el incendio con extinguidores, sin lograr más que avivarlo.
La presencia de una negra humareda y la rápida expansión del fuego generalizaron el terror entre quienes se encontraban a bordo. El pánico se apoderó de los pasajeros, los que en su desesperación por salvar la vida no dudaron un instante en arrojarse a las negras aguas, algunos sin salvavidas.
Allí comenzó una lucha contracorriente para alejarse de las llamas y llegar a la orilla, con el agravante de que el encuentro de los dos cursos de agua genera una violenta corriente que desparramó a los sobrevivientes hasta unos 3000 metros río abajo.
Pero la oscuridad reinante, el agua helada, la angustia y el consecuente caos no impidieron que afloraran actitudes solidarias. En medio del griterío y la desolación, varios le ganaron al miedo y se abocaron a la tarea de ayudar a mujeres, niños y ancianos a salvar sus vidas.
Las llamas que iluminaron la negra madrugada terminaron por consumir por completo la lancha ante las estupefactas miradas de los sobrevivientes, que observaban cómo la quilla de la nave -lo único que quedó en pie- era arrastrada por las aguas.
Acusaciones y reclamos
Entre 20 y 30 minutos más tarde se hicieron presentes allí chatas areneras y guardacostas de la PNA que trasladaron, pasado el mediodía, a las víctimas de la tragedia hasta el destacamento de Tigre.
Allí los esperaban sus familiares, a quienes fueron relatando, en medio de llantos y gritos, las horas angustiantes que acababan de vivir. Los náufragos eran asistidos por el cuerpo médico del establecimiento.
Los cuatro heridos, tres de ellos con quemaduras leves y uno con una fractura, fueron trasladados al hospital de Tigre, donde fueron examinados.
En cuanto pusieron los pies sobre tierra firme, los sobrevivientes que no se encontraban en estado de shock no dudaron en acusar por "negligente" a la empresa Cacciola.
El jefe de la zona Delta de la PNA, prefecto mayor Carlos Fernández, aseguró que la embarcación contaba con "cinco certificados de habilitación que vencen en el 2000".
Afirmó que las prefecturas argentina y uruguaya realizan un control antes de que parta la embarcación, aunque admitió que sólo se trata de una comprobación de "papeles" mientras que las verificaciones técnicas se realizan cada dos o tres años.
A su vez, indicó que "el control diario y el mantenimiento de las lanchas son responsabilidad de cada empresa", y que la última inspección a la Trans Uruguay le fue realizada el 4 de junio último.
Respecto de la capacidad con la que cuenta la nave, Fernández sostuvo que es de 88 pasajeros, más 3 tripulantes, al tiempo que indicó que "es posible que haya habido alguna persona de más".
Si bien el prefecto aseguró que la lancha contaba con más de 100 salvavidas, los pasajeros afirmaron que el número de personas era superior al de flotadores.
Hicieron hincapié en que nadie los puso en alerta de que los salvavidas se encontraban debajo de sus asientos, razón por la cual algunos se arrojaron al agua sin ellos. Denunciaron que la lancha sólo contaba con un extinguidor y un balde con arena para paliar el incendio.
Al cierre de esta edición, las dotaciones de cinco patrullas de la PNA se encontraban abocadas a la búsqueda de los tres desaparecidos.
La solidaridad acotó el total de víctimas
Una vez declarado el incendio, las 94 personas que viajaban en la Trans Uruguay vivieron horas de intenso dramatismo. Pese a ello, el temor no reprimió el instinto solidario. Todos colaboraron para que el siniestro no cobrara más víctimas.
Apenas descendieron de la Martín García, la lancha de Prefectura que los puso a salvo, buscaron reencontrarse con sus familiares. No bien los vieron, se entrelazaron en un fuerte abrazo y lloraron en forma desconsolada.
"Fue terrible, estamos con vida porque cooperamos entre todos y gracias a la ayuda de los lugareños que, pese a la hora, se comportaron brillantemente", aseguró Andrés Lemos, uno de los cuatro heridos, que arremetió contra la falta de seguridad: "La lancha no debería tener una capacidad mayor que para 65 personas; hubo 6 o 7 que viajaron parados".
Un ciudadano de nacionalidad uruguaya, Julio César Corean Gamba, subrayó: "Lo importante es que estoy con vida". Luego de ello, y antes de retirarse hacia el hotel donde se hospedaba, agregó: "Todo fue muy rápido, había un solo matafuegos. Los tripulantes quisieron extinguir el incendio con un balde de agua, lo que empeoró la situación porque en ese momento el fuego se expandió".
Rubén Guastavino, de 54 años, afirmó que nadie les explicó dónde estaban los salvavidas. "No tengo dudas de que en esta oportunidad la empresa se manejó con mucha negligencia".
Actitudes heroicas
El titular de la jefatura de Prefectura de la sección Guazú-Guacito, Juan Miguel Risso, fue uno de los cinco oficiales que se encontraban de franco y viajaban en la embarcación. Desarrolló una labor decisiva en el rescate: logró acercar a la costa a siete náufragos.
"Hicimos lo que pudimos; yo me encargué de ayudar a la gente que estaba sin salvavidas, estuve 40 minutos en el agua", confió Risso, el último en subirse a la lancha de rescate.
En el rostro de Juan Risso podía verse una gran angustia. No tenía consuelo. Su pensamiento estaba dirigido hacia su compañero Arturo Jardón, que desapareció en plena operación de rescate.
"Se comportó como un verdadero héroe. Luego de salvar la vida a un bebe, volvió a arrojarse al agua para buscar a más personas. No lo volvimos a ver, sólo encontramos su campera. Le pido a Dios que Arturo esté con vida, se lo merece por su gran labor."
Guillermo Sastre tiene 74 años, pero su espíritu y su energía no han envejecido. El, gracias a su habilidad para nadar, logró rescatar a una madre que boyaba en medio del agua junto con su pequeño hijo.
Antecedentes
- 2/11/86: naufragó el alíscafo Flecha del Litoral, que realizaba el trayecto entre Colonia, Uruguay, y el puerto de Buenos Aires. Murieron cuatro personas.
- 7/02/91: dos lanchas, una de las cuales transportaba a jubilados en viaje de placer, chocaron frontalmente en el Río de la Plata. El accidente les costó la vida a doce ancianos.
- 7/2/97: una lancha deportiva se hundió en el río Paraná, frente a la localidad entrerriana de Santa Elena. Hubo cinco muertos.
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