
Umberto Eco imagina el libro del futuro
En una entrevista con La Nación anticipó que la enciclopedia será sustituida por el CD; la novela conservará su formato
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Es la tercera vez que el italiano Umberto Eco viene a la Argentina. La primera fue a principios de los ´70 ("Después irrumpieron los generales", aclara). La segunda, en 1994. De aquel momento sólo recuerda que, entre numerosas conferencias, reuniones y entrevistas, apenas si pudo divertirse con Les Luthiers.
En esta ocasión, Eco llegó al país para presentar la primera sede en el exterior de la Universidad de Bolonia, la más antigua del mundo. "Hace tiempo que tenemos vínculos con investigadores argentinos y seguramente los vamos a reforzar", adelanta.
Profesor de semiología en esa casa de estudios, profundo analista de los medios de comunicación, novelista, pensador y crítico literario, confiesa que alguna vez le gustaría recorrer "de incógnito" el país, para conocerlo mejor. Es que, en esta visita de apenas unos días, el tiempo no le sobró.
Anoche, antes de una merecida cena en el Círculo Italiano, Eco disertó en el teatro Coliseo sobre un tema recurrente, el futuro del libro, al que le auguró larga vida. Sin embargo, él, que ama profundamente la letra impresa (posee una colección de más de 40.000 volúmenes), no calla su más reciente radiografía de Buenos Aires: "Apenas llegué, fui a caminar por Corrientes y por Lavalle, calles que quiero mucho, y noté que muchas de las viejas librerías ya no están más".
Ayer por la mañana, horas antes de comenzar a cumplir con su ajetreada agenda, el autor de "Obra abierta" (1962), "Lector in fabula" (1979), "El nombre de la rosa" (1982), "La isla del día de antes" (1995) y los recientemente publicados en la Argentina "En qué creen los que creen" y "Cinco escritos morales", conversó con La Nación .
-Como coleccionista, usted tiene obviamente un interés personal en la supervivencia del libro...
-Pienso que la recurrente pregunta sobre si el libro va a sobrevivir no tiene sentido. Yo no creo que vaya a desaparecer, porque es más útil que cualquier otro instrumento. Hay inventos en la historia de la humanidad, como la cuchara, la tijera y la silla, que prácticamente no han cambiado. Y el libro pertenece a este tipo de creaciones. Sigue siendo la mejor manera de transportar información (la computadora, aun siendo pequeña, resulta incómoda). Se puede leer donde uno quiera, por ejemplo en el baño. Y es posible interrumpir su lectura para luego retomarla.
-¿Pero las nuevas tecnologías no van a cambiarlo?
-Bueno, hay dos grandes avances que podrían influir. En el Massachusetts Institute of Technology (MIT) están trabajando -yo mismo lo vi- en un libro electrónico con numerosas páginas, cada una con un pequeño chip . Al conectar este soporte a la World Wide Web o a un lector de CD se puede obtener, por ejemplo, "La divina comedia", que una vez leída puede cambiarse por otra obra, usando las mismas hojas. El otro avance es el desarrollo de una tecnología que permitirá imprimir el libro deseado en casa. Funciona así:se elige en Internet una novela, se selecciona el formato (por ejemplo, en letras grandes si no se ve bien) y una impresora especial se encarga de la "publicación". Los derechos de autor se pagan automáticamente. Después de ser leído, el libro puede conservarse o desecharse. Esto, obviamente, va a transformar el mercado de las librerías; quizá desaparezcan o bien se conviertan en lugares muy especiales, para un público específico.
-¿Todos los contenidos son susceptibles de la misma transformación?
-Yo distingo entre los libros de consulta y los de lectura. En el caso de las enciclopedias y los diccionarios, reconozco que probablemente serán sustituidos por los CD-Rom. Por dos razones: esas obras son caras y requieren mucho espacio para ser guardadas.
-¿Cómo describiría el hábito de lectura en la actualidad?
-En general, creo que en esa experiencia conviven dos actitudes. A veces se lee velozmente en la pantalla, olvidando información esencial, y en ocasiones se imprime el texto en un papel para leerlo con tranquilidad.También hay diferencias generacionales: los jóvenes leen más rápido que los adultos, pero esto no significa que presten menor atención al texto... Aunque, claro, es posible que así ocurra.
-¿La conducta del escritor tampoco es la misma que antes?
-Yo antes escribía a mano y copiaba en la máquina de escribir. Después corregía y tipeaba de nuevo. Con la computadora, en cambio, uno produce una cantidad casi infinita de versiones. Esto puede ser bueno, pero también malo. Bueno, porque uno tiene la posibilidad de escribir casi a la velocidad del pensamiento, sin preocuparse por los errores de tipeo, que se corrigen luego. Y malo, porque algunas veces el afán por reescribir puede asumir rasgos neuróticos. En mi caso, muchas veces vuelvo al lápiz y al papel, porque necesito detener el vértigo del pensamiento.
-¿Cuál es su pronóstico para la otra forma de letra impresa, el diario?
-Los diarios son igualmente indispensables que los libros y, por lo tanto, parecen tener el futuro asegurado. Sin embargo, están amenazados por sí mismos, porque ya no pueden ofrecer las noticias antes que la televisión. De manera que deben elegir: o dicen algo más, con mayor profundidad, o hacen referencia a la TV. Lamentablemente han elegido el segundo camino. El periódico dice: esté atento, mire ese canal, porque ayer pasó tal cosa. Es la primera vez en la historia de la industria que un producto hace publicidad de su competidor. Otra característica de los diarios es que están transformando las noticias en chismes. Están imitando a la televisión al publicar demasiadas entrevistas, que, para mí, son el antiperiodismo . Pueden ser necesarias en la TV, porque en ese medio se necesita una imagen, una persona hablando. Pero, para los diarios, su profusión es una extraña forma de rendirse, porque en lugar de publicar la propia opinión o versión, terminan difundiendo las de otros. Para mí, un periódico debe tener entrevistas sólo excepcionalmente.
-Entonces, ¿en este momento estamos contribuyendo al antiperiodismo ?
-Sí, sí... (se ríe).
-¿Piensa que hay alguna forma de combatir la evidente concentración de los medios?
-Por ejemplo, Internet podría ser un arma útil, porque en la red de redes cada uno puede crear su propia página, tener voz. El problema es que resulta difícil saber qué información es realmente interesante.
-¿La red sigue siendo poco creíble?
-Yo uso Internet de vez en cuando para buscar contenidos específicos, y tengo criterios para evaluar la información que recibo. En cambio, la gente que navega todo el día se ve abrumada y paralizada por la abundancia de datos, porque es incapaz de entender qué es confiable y qué no lo es. Esto es un riesgo. En el caso del libro, basta con ver el nombre del editor para saber cuán serio es. En Internet, en cambio, no existe este tipo de garantías. De modo que necesitamos una nueva forma de educación, que ayude a elegir la información creíble; pero no sé con exactitud cómo debe ser.
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