
Un edificio pensado para que los más grandes vivan mejor
Especial: en Belgrano hay una casa de departamentos ideada para cubrir necesidades de la tercera edad y evitar los geriátricos.
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Cuando los años pasan, y la madurez comienza a reflejarse en los cambios del cuerpo, la casa propia puede convertirse en una trampa. Es entonces, a medida que se pierde la capacidad de adaptación al ambiente, que el hogar debe servir de protección, en lugar de poner a sus habitantes en peligro.
Hace más de 30 años, cuando casi nadie pensaba en la Argentina en estos temas, un grupo de visionarios creó una "vivienda tutelada" en pleno barrio de Belgrano. Hoy es todavía una experiencia inusual.
Allí viven unas 120 personas mayores -con un promedio de más de 70 años- en departamentos independientes, pero con servicios en común, un sistema de alarmas especiales y atención médica de urgencia.
Estos hombres y mujeres crearon, en definitiva, una alternativa para evitar los geriátricos. En Vida Linda -así se llama el hogar- están cuidados y acompañados. Pero, sobre todo, tienen la libertad de elegir la forma de vida que más les guste. Sin que nadie los obligue a nada.
"Hay que desterrar el mito de que los mayores no se arreglan solos", afirma Eduardo Frank, un arquitecto de 45 años que orientó su profesión hacia el tema de la vejez. "No hay que considerarlos como a discapacitados, sino como personas con necesidades especiales", insiste.
La internación en un instituto geriátrico es -para Frank- la última instancia. Y hay que evitarla a toda costa. "Para un viejo, sacarlo de su casa es igual a desarraigarlo. Se lo obliga a desprenderse de toda su historia, de sus memorias, que tienen un alto valor emotivo", afirma.
Según el experto, hasta los estudios más rigurosos muestran que sólo el 30 por ciento de la población mayor de 70 años requiere atención permanente.
La idea de Vida Linda surgió de un grupo de inmigrantes alemanes que decidió buscar un lugar donde compartir sus últimos años. Los hijos ya habían partido para formar sus propias familias y el panorama hacia adelante no era muy alentador, en casas o departamentos que quedaban grandes y vacíos.
Buena idea
La intuición de que, como sucede en otros países, en la Argentina podía funcionar un hogar tutelado se concretó con éxito. Ahora es un edificio de 15 pisos y 105 departamentos, que exteriormente no se diferencia en nada de cualquier otro de Belgrano.
Pero una vez que se traspasan las puertas que dan a la calle -en Vidal al 2300- el paisaje cambia. Un ambiente iluminado, con un jardín parquizado en el fondo y varios sillones para recibir visitas son parte del "hall" de entrada, en el que -por alguna razón- el visitante respira un aire distinto del de un "palier" común.
Los 120 hombres y mujeres que allí habitan se resisten a ser internados en geriátricos porque se verían obligados a llevar un ritmo de vida no elegido por ellos. En Vida Linda, en cambio, tienen la libertad de pasar las horas tan solos como quieran o de buscar compañía en otros amigos que van haciéndose ahí mismo, en su casa.
A través de una mutual -supervisada por un consejo directivo de ocho personas, todas ad honorem - administran con cuidado los gastos del edificio. Tanto es así que las expensas que pagan son un poco menores que las de mercado.
Este hogar tutelado es una experiencia inusual en la Argentina. "Se vive bien, con amigos en la casa. Y estamos muy bien cuidados", explica Ana Luisa Fleischner. En su coqueto departamento -un dos ambientes amplio, con un lindo balcón- tiene todo el confort para vivir en privacidad o para recibir gente. Pero si desciende unos pisos, hasta la planta baja, puede compartir con otros el espacio de los salones comunes.
Kurt Eremfeld, de 79 años, es el presidente del consejo directivo. Con orgullo muestra a La Nación los distintos ambientes de uso común. Son espacios agradables y prolijamente amueblados. En ellos, de tanto en tanto, organizan fiestas, como la que preparan para este fin de año.
Cuando se le pregunta por qué cree que la experiencia de Vida Linda no se reprodujo en otras partes del país, responde: "Hubo otros intentos, pero fracasaron, a mi criterio, por falta de sentimiento de comunidad", dice Kurt.
Servicios adicionales
¿Algunas de las características que hacen distintivo a este lugar?
Varios de los servicios están destinados a la atención de la salud. Las personas que lo deseen pueden llevar una alarma especial colgada al cuello. Si se sienten mal por alguna razón, aprietan un botón y activan así una chicharra que suena en la guardia.
Por otro lado, cada propietario está afiliado a una obra social y entre todos pagan un plan de ambulancias de emergencia. Además, tienen vigilancia privada las 24 horas.
En el comedor de la planta baja, los habitantes de este singular edificio pueden almorzar por un menú fijo de ocho pesos. Incluso, les llevan la comida a sus departamentos.
El orgullo de todos es, sin duda, la biblioteca. Tiene varios cientos de volúmenes en cuatro idiomas -aunque el principal es el alemán- perfectamente catalogados. Su responsable es otra vecina, Edith Silber.
Quienes habitan en Vida Linda saben que el suyo es un lugar fuera de lo común. Ahí se sienten respetados y se mantienen activos. Pero, sobre todo, valoran el hecho de poder disfrutar sus años de madurez, a pleno.
Adaptar el hogar
Eduardo Frank, autor del libro "Vejez, arquitectura y sociedad" -editado hace pocas semanas por Editorial Paradiso- insiste en que una casa puede ir modificándose gradualmente a las necesidades de la tercera edad: "Cuanto más se pueda adaptar la vivienda propia, tanta mayor calidad de vida se puede tener en la madurez", asegura el especialista.
"Arrancar a un mayor de sus hábitos de vida, de su contexto social y de las prácticas que le permiten todavía valerse por sí mismo, puede traerle graves consecuencias -dice Frank-. "Si no lo segregan, y puede seguir con su vida activa, no sólo la pasa mejor, sino que se enferma menos", agrega.
En los edificios no siempre las modificaciones requieren un abultado presupuesto. Frank aporta algunos ejemplos:
- El mayor porcentaje de los accidentes domiciliarios se da en los baños. Por eso, es aconsejable agregar barandas en los sanitarios y bañadera.
- Hay que evitar las mesas de vidrio porque son peligrosas.
- Los teléfonos con las teclas grandes y con los números importantes almacenados en la memoria son más cómodos.
- Es bueno poner pisos antideslizantes, agregar barandas seguras en las escaleras y marcar bien las "narices" de los escalones. A veces, "es mejor una escalera bien hecha que una rampa mal diseñada", dice Frank.
- Se pueden mecanizar los sistemas de enrollar o automatizar las luces. La idea es intentar que la casa dé el menor trabajo posible.





