
Un escritor detrás de la línea de fuego
Según el novelista español, que fue corresponsal de guerra para la TV de su país, las batallas siempre las ganan los malos
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Arturo Pérez-Reverte pasó 21 años cubriendo conflictos internacionales para la prensa y la televisión españolas, hasta la guerra de Bosnia.
Además de fundarse en una vasta cultura literaria, su visión de la vida se formó entre bombas, degüellos y mutilaciones, atrocidades que sin embargo no le han quitado el sentido del humor a su obra narrativa.
Pérez-Reverte, autor de "Territorio comanche" (1994), llegó a la Argentina para presentar "El sol de Breda" , una aventura de guerreros españoles del siglo XVII, el tercer volumen de una serie comenzada en 1996 con "El capitán Alatriste" .
""El capitán Alatriste" era una especie de broma que escribí para los amigos, una novela de aventuras, de espadachines, con un poco de historia, y se convirtió en un éxito que yo no esperaba. Ahora me las tengo que tomar en serio. Yo hago otras novelas también: en ellas hay aventuras, enigmas, misterios, a veces tienen tramas policiales, pero con un fondo cultural europeo muy importante", dijo el novelista a La Nación .
-¿"El sol de Breda" le parece un divertimento?
-Nació como divertimento, pero es una novela seria. Habla de la guerra, de la condición humana, del dolor, del horror, de la muerte. Podría haber contado todo esto de una forma monótona, árida, aburrida, pero preferí contarlo como una novela de aventuras.
-¿La guerra es una aventura?
-No. Para mí era una aventura cuando tenía veinte años. Andaba con una mochila, no tenía ningún compromiso. Era una aventura de alcohol, de chicas guapas, de emociones, de disparos. Después descubrí otras cosas. Se fue convirtiendo en una escuela, como la vida, sólo que más intensa. Lo que hago en mis novelas es contar el mundo según la mirada que la guerra me dejó.
-¿Qué valores descubren los pueblos que sufren las guerras? ¿Se vuelven más solidarios?
-La guerra saca lo mejor y lo peor que tienes. He visto a la gente hacer las cosas más hermosas y las cosas más infames, y a veces son las mismas personas. Gente que mata a un herido y después se juega la vida por salvar a un perro o a un niño. Creo que las generaciones que han vivido muchos años sin guerra son peores que las que sí la han vivido. Saben apreciar palabras como paz, solidaridad, tolerancia, compasión, amistad, amor. Saben lo frágiles que son, lo fácil que es perderlas.
-¿Qué empuja a un pueblo a la guerra? ¿A los líderes y a los soldados los llevan los mismos motivos?
-No, no son los mismos. Este es un negocio de generales, de políticos, de banqueros y de comerciantes, y es una desgracia para el resto de la humanidad. Los líderes, que son los que no luchan nunca, quieren poder o ideología. Yo lo que he aprendido en la guerra ha sido un gran desprecio por los canallas de los despachos y una gran ternura por aquel pobre soldado que está en medio del barro y no sabe por qué.
-¿Acaso los soldados no están convencidos de lo que hacen?
-Están convencidos porque los convencen. Existe una manipulación de símbolos, que en principio son nobles: Dios, patria, religión, bandera. Pero hay una cantidad de h... de p... que durante siglos los han estado usando en su beneficio. Ni ellos ni sus hijos van a la guerra. Y la gente se ha hecho matar por creer en eso. En todas las guerras es igual: Líbano, Eritrea, Malvinas, Nicaragua, El Salvador, Chipre, Bosnia, Croacia. Cuando escucho la palabra patria, digo: ¿qué nueva canallada van a pedirnos en nombre de la patria esta vez?
-¿Qué es un soldado para usted? ¿Un héroe?
-El soldado es un peón de ajedrez. Hay una reina y un rey que son los que llevan la gloria, un caballo elegante que salta y sale en las fotos, y después todos los peones, que son los que hacen el trabajo sucio, los sacrificados, los oscuros. Al final, justifico más al tipo que, caliente, mata a un prisionero o degüella a un enemigo que a esa segunda fila de figurones que posan para el cuadro, la foto o la estatua de bronce.
-"El sol de Breda" relata una serie de batallas del siglo XVII. ¿Ha cambiado el sentido de la guerra desde entonces?
-Esa guerra no me la contó nadie. Usé textos de la época, relaciones de testigos, pero sobre todo utilicé mi experiencia personal. La guerra no ha cambiado nada, salvo las cosas técnicas. Ni siquiera los discursos cambian. Cada uno sobrevive como puede: matas por miedo, por odio, por muchas razones. "El sol de Breda" es eso, es ver cómo era esa gente, cómo era el soldado que estaba en Malvinas, con el barro hasta aquí, con el fusil que no le funcionaba, muerto de frío porque quería defender a la patria, esperando que el inglés lo degollara.
-¿Quiénes son los malos en la guerra de Kosovo?
-Los mismos de siempre. La OTAN es tan mala como Milosevic. Y los buenos son la pobre gente desgraciada que ves en las fotos. Siempre es así, y siempre ganan los malos, aunque no hay que resignarse. Pero bueno, ya me retiré, ahora soy escritor, y soy yo quien hace mis propias batallas con mis libros.
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