
El estudio exploró la relación entre bienestar e intenciones de fecundidad; la relación pierde relevancia con dos hijos y reaparece cuando son tres
6 minutos de lectura'

Tener o no tener hijos, esa es la cuestión. Las personas más felices tienden a desear más hijos, pero esa relación desaparece —y luego reaparece— dependiendo de cuántos hijos ya tengan, según un estudio de investigadores del Instituto Latinoamericano de La Familia (Ilfarus) de la Universidad de La Sabana y de la City University of New York, basado en datos de 16.474 personas en 11 países (Argentina, Australia, Canadá, Chile, Colombia, Francia, Irlanda, México, Perú, Reino Unido y Estados Unidos).
“Esta investigación surgió porque se sabe que las personas son más o menos felices cuando tienen un hijo, pero nadie hablaba de qué pasa con la felicidad para que las personas tengan, o no, la intención de tener otro hijo”, explica Andrés Salazar, investigador de Ilfarus.
A partir de la data recolectada por Ipsos, empresa de investigación de mercados mundialmente conocida, aplicaron un análisis estadístico para sacar conclusiones nuevas sobre la felicidad e intenciones de tener hijos en estos once países.

¿Cómo se hizo el estudio?
Inicialmente la encuesta preguntó a los participantes, “En una escala del 0 al 10, donde 0 es ‘nada feliz’ y 10 es ‘extremadamente feliz’, ¿qué tan feliz te consideras?”. Los investigadores agruparon las respuestas en solo dos categorías: Felicidad baja (0 a 5) y felicidad alta (6 a 10). En este punto, un 87,1% de toda la gente encuestada se ubicó en las categorías altas (6 en adelante). Es decir, la mayoría de las personas se consideran felices, mientras solo el 12,9% dijo tener un nivel de felicidad de 5 o menos.
El reto metodológico surgió al querer medir si la felicidad predice cuántos hijos más desea tener una persona: la mayoría respondió “ninguno” y muy pocos dieron cifras altas, lo que impedía usar métodos estadísticos convencionales por la cantidad de respuestas en cero. Además, el equipo hizo seis modelos distintos: uno general y cinco adicionales según el número de hijos que cada persona ya tenía al momento de la encuesta (cero, uno, dos, tres, y más de tres).
Desde una perspectiva general, el estudio pudo determinar que existen factores que pueden influir a la hora de pensar en reproducirse. La felicidad, el sexo, la edad y la situación laboral son significativos.
Los investigadores pudieron encontrar que la felicidad sí está asociada positivamente con el deseo de fecundidad, es decir, personas más felices desean tener más hijos. En cuanto al género pudieron determinar que las mujeres desean tener menos hijos que los hombres y que para ambos, a mayor edad, menor deseos de tener más hijos.

El trabajo o la situación laboral también son relevantes, pues se pudo distinguir que personas con un empleo a tiempo completo, tienen mayor probabilidad de querer tener otro hijo.
Entre quienes no tienen hijos, todos los factores analizados —edad, trabajo, felicidad y tener pareja estable— resultan relevantes. Los más jóvenes son quienes más desean tener hijos, las mujeres desean tener menos que los hombres, y quienes viven en América Latina resultan ser el grupo menos motivado a tener hijos en comparación con otras regiones.
Salazar atribuye este último punto a la situación demográfica actual de la región: “Colombia, por ejemplo, tiene en este momento una tasa de fecundidad cercana a 1,0. Eso significa que cada mujer colombiana, a lo largo de su vida tendrá en promedio un hijo; la gran mayoría tendrá solo uno y unas pocas, dos, y otras ninguno”.
Entre quienes ya tienen un hijo, se mantienen los mismos factores relevantes que en el grupo anterior, con una excepción: el trabajo a tiempo completo deja de influir en el deseo de tener más hijos.
Para el grupo con dos hijos, el resultado es más llamativo. En este punto, la felicidad y tener pareja estable son factores que dejan de importar. Solo importan dos cosas: las mujeres siguen queriendo tener menos hijos que los hombres y la gente mayor sigue queriendo tener menos hijos. En ese punto, Salazar indica que las mujeres que tienen trabajo a tiempo completo y tienen dos hijos se ven obligadas a pasar a empleos de tiempo parcial para tener un tercer hijo.

Sobre la caída en la relevancia de la felicidad en este punto, el investigador ofrece una explicación adicional: “Cuando las personas tienen el primer hijo, normalmente la felicidad baja, porque hay problemas, falta espacio en el hogar, suben los gastos, hay noches sin dormir, etc. A medida que el niño va creciendo, la felicidad puede aumentar”.
Salazar también señala que en esta etapa influye una norma social ampliamente extendida: “Una tendencia muy presente en demografía en muchísimos países es la disposición a tener solo dos hijos. Ahora, dentro de la población hay subgrupos que quieren tener más de dos. Lo que sí se nota es que cuando ya tienen tres hijos, vuelve a haber diferencia y reportan querer un cuarto los que son más felices”.
Los datos del grupo de personas con tres hijos lo evidencian: la felicidad vuelve a importar. Sin embargo, las mujeres siguen queriendo tener menos hijos que los hombres. En contraste, esta brecha por género aumenta significativamente en el grupo de personas con cuatro hijos o más, el más pequeño de la muestra (casi 4%), donde las mujeres desean tener un 50% menos hijos que los hombres en la misma situación.

Un efecto que no es uniforme
Los autores destacan que el efecto de la felicidad no es uniforme, sino que actúa como facilitador en las primeras etapas de formación familiar (parejas sin hijos o con uno). Sin embargo, su influencia se diluye a medida que aumenta el número de hijos, posiblemente porque surgen otros factores estructurales (trabajo, distribución y tiempo de las tareas de crianza y cuidado) que cobran relevancia.
Los investigadores reconocen, sin embargo, una limitación importante: al tratarse de una encuesta de un solo momento en el tiempo, no pueden afirmar con certeza que la felicidad cause el deseo de tener más hijos, solo que ambas variables están asociadas. Para establecer esa relación de causa y efecto haría falta un estudio de seguimiento a las mismas personas durante varios años, verificando si quienes reportaron mayor felicidad efectivamente terminaron teniendo más hijos que el resto.
A pesar de las limitaciones del estudio, una cosa queda clara: la felicidad se presenta como una variable altamente asociada con las intenciones de tener uno u otro hijo. Y en un mundo en el cual los niños son cada vez más escasos, este resultado constituye un llamado a explorar nuevas dimensiones personales, diferentes a las variables económicas y sociales ya ampliamente estudiadas, que aporten para una mayor comprensión de las tendencias en las intenciones de tener hijos.
1
2Tras años de disputa, el Colegio Nacional de Buenos Aires inauguró un polideportivo en Puerto Madero
3Científicos descubren una pista que podría insinuar por qué recuperamos peso después de las dietas
4Cita del día, Isabel Allende, escritora: “La edad, por sí sola, no hace a nadie mejor ni más sabio, solo acentúa lo que cada uno ha sido siempre”
