Un hombre que escondía el mal detrás de un rostro amigable
El condenado no encaja en el perfil del típico asesino serial
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A primera vista, Cary Stayner no parece encajar en el perfil de un criminal: buena apariencia y trato, pura amabilidad, toda corrección.
"Nadie cree que sea capaz de matar una mosca", repetían aquellos que tenían a Stayner como un hombre común, algo solitario, pero uno de tantos que llegaban para ocupar empleos temporarios vinculados con el turismo en el áreadel Parque Yosemite, en el Estado de California.
Stayner no tenía antecedentes penales y su último patrón lo consideraba un empleado correcto y muy cumplidor. Pero la verdadera cara de los más aberrantes homicidas puede estar oculta detrás de una fachada así. Stayner es la prueba viva de ello.
La condena en contra de él demuelela extendida hipótesis de que basta el ojo avezado en eso de reconocer la clásica "portación de rostro" para distinguir a un criminal. Echa luz, al cabo, sobre una constante en la identificación de los asesinos seriales, un tipo criminal sobre el cual los Estados Unidos tienen una experiencia y una estadística de las que, seguramente, no se enorgullecen.
Pioneros y expertos en lo que se conoce como profiling, es decir, la "construcción" de las características de un criminal real, pero desconocido, a partir de los elementos que deja a su paso -o sea, cada vez que actúa-, los investigadores norteamericanos se han resistido a catalogar a Stayner como un típico asesino serial, aun cuando algunos de sus rasgos externos parecen encuadrarse dentro de esa tipificación criminalística.
Es decir: en esa categorización no bastan una personalidad psicopática, una motivación sexual y más de una víctima para describir a un asesino serial. Son determinantes los detalles con los que el protagonista "firma" su serie de crímenes: la elección de las víctimas, el método que utiliza para martirizarlas y matarlas y, no menos importante, el "rédito" que obtiene con el acto, en definitiva, "el fantasma" que busca exorcizar con él.
Y precisamente Stayner no se ha mostrado como un "detallista aplicado", aunque sí ha dejado a la vista, a partir de su confesión, que es un psicópata. Ahora, seguramente, los psiquiatras forenses tendrán mucho para escribir sobre el origen de las desviaciones de su mente.
En una entrevista para la TV californiana -preso ya por el asesinato de Joie Armstrong-, Stayner dijo que casi toda su vida "fantaseó" con asesinar a una mujer. Quizá desde su infancia. Precisamente después de que su hermano Steven fue secuestrado, cuando tenía siete años, y reapareció a los 14, momento en que juró que el hombre que lo mantuvo cautivo abusaba sexualmente de él. Ese, tal vez, podría ser el germen que oscureció su mente hasta hacerlo desear tanto matar que, finalmente, lo hizo.
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