Un intento para evitar que el libro desaparezca de la escuela
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Mucha televisión y pocos libros. Una cuestión de medida que, en el transcurso del tiempo, acumula más conversación y opiniones que conocimiento y saberes.
El último ensayo de Eliseo Verón, "Esto no es un libro" (Editorial Gedisa), alerta sobre un asunto de fondo: el peligro de desaparición del libro como objeto cultural en una sociedad que consume medios en altas dosis. Y, en profundidad, el semiólogo expresa su angustia por el futuro de esos escolares que hoy no leen ni se aproximan al libro.
Su intención fue "salvaguardar el libro", que pelea su espacio entre el crecimiento sostenido de los nuevos medios y la buena salud de los tradicionales. Al tiempo que lanza su SOS, Verón denuncia "la trampa" en la que se hallan niños y libros, "victimas de la complicidad negativa de los padres y maestros".
El autor cuestiona que hoy, desde la escuela, se desalienta el vínculo entre el alumno y el texto para sustituirlo por otras prácticas constructivistas y experimentales.
De la biblioteca a la escuela
Verón dividió su ensayo en dos partes. En la primera descubre la contradicción entre la demanda de los usuarios y la oferta cultural de las bibliotecas en Francia. En la segunda parte, situado en la Argentina, enfoca el libro como texto escolar y enuncia las teorías pedagógicas en contradicción.
-¿Cuál es el perfil del lector de "Esto no es un libro"?
-(Piensa un instante y vacila) La verdad, no lo sé. Supongo que todo aquel interesado en proteger el libro.
-¿Qué lo motivó a escribirlo?
-El pánico de que el libro desaparezca de la escuela y la preocupación de que si los chicos no aprenden a leer en el colegio, ¿dónde lo harán? Ellos son las víctimas de esta situación.
-¿Por qué es tan grave este asunto?
-Es sorprendente y grave que un chico colombiano lea más que uno argentino. Los chicos de nuestro país son los que menos leen en el mundo. Algunos padres se angustian al preguntarse qué van a hacer sus hijos cuando lleguen a la Universidad. ¿Imagina usted que alguien pueda recibirse de abogado sin haber leído?
-¿Quiénes son responsables de que los chicos no lean?
-La culpa no es de la TV. Fallan las negociaciones familiares. Hay una complicidad negativa entre los padres y los maestros. Hoy, los docentes son modernos, constructivistas. Y todo el mundo está de acuerdo, sobre todo los padres, porque no tienen que comprar libros. Allí está la trampa. Y luego está la teoría de aprender jugando (según Verón, la pedagogía dominante hoy). Aprender no es lo mismo que divertirse. Una sala de videojuegos no es lo mismo que el aula. La relación del individuo con el libro no llega sola, sino que se construye. Lo único que viene solo es la inercia para mirar televisión. El vínculo del usuario y el libro es muy específico y no se parece a ningún otro. Si se perdiera, sería una catástrofe.
-¿Qué condujo a esa complicidad entre padres y docentes?
-Es muy difícil contestarlo. Creo que en el país las cosas ocurrieron demasiado rápido... la democratización, la pedagogía constructivista moderna, todo en seis años. Eso tiene algo que ver con el hecho de que los chicos argentinos sean los que menos leen en el mundo.
-¿Qué ocurre con los medios?
-Yo no estoy en contra de la TV, pero hay que preservar ciertas prácticas de consumo de medios. Estos no son, en sí, ni buenos ni malos. Todo depende de lo que hagamos con ellos. Los efectos de los medios son responsabilidad de los actores que los usan.
-¿Qué diferencia advierte entre el libro tradicional y el libro electrónico?
-Un texto tiene su existencia asociada a la vida de cada lector. Yo no imagino mi vida marcada por un libro electrónico. Entre ambos hay una diferencia sustancial: el tiempo. Esa temporalidad hace envejecer al libro con nosotros. Tengo en mi biblioteca títulos con más de 30 años de existencia que me han marcado. El libro electrónico está fuera del mundo y hace desaparecer algunas nociones. El borrador que yo mando a la editorial sale tan perfecto de la impresora que ya no puede llamarse borrador. Debemos preservar ciertas prácticas culturales.
-¿Qué riesgos corre la sociedad de la información mimetizada con los medios audiovisuales y alejada de los libros?
-No estamos en la sociedad de la información. Esta es la sociedad de la conversación. Mi teoría es que lo audiovisual sólo tiene que ver con el cine. Pero en los géneros básicos de la TV -juegos, noticieros, talk shows y programas periodísticos- la imagen no tiene preeminencia. Lo que predomina es la conversación. Cuando esto ocurre en la escuela es muy grave. Allí se confunde opinión con conocimiento. Se trata de uno de los efectos más serios. Hay una especie de perversión democrática que hipoteca el futuro de los chicos.
Y resume: "Puesto que no hay verdades incuestionables ni duraderas, todo conocimiento resulta de un entrecruzamiento de opiniones. Individualista, cerrado y pasivo, el libro queda posicionado como el símbolo de certidumbres pasadas de moda".
-¿Faltan políticas culturales?
-Sí. Faltan políticas culturales que recuperen la relación del usuario con el libro. Pero también faltan políticas familiares.





