
Un mito de Buenos Aires
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La calle Corrientes nace en el río y muere -con precisa lógica- en la Chacarita. En su recorrido cruza el mito mismo de la porteñidad: desde la fiebre de la Bolsa hasta el Abasto, desde la Buenos Aires de los teatros hasta el cementerio, pasando por el Obelisco y los bares que atesoran anécdotas con protagonistas tan ilustres como Carlos Gardel, Enrique Santos Discépolo o Astor Piazzola.
Es la calle que se resiste a ser llamada avenida, la denominación que a regañadientes le ponen los carteles de las esquinas. Casi se puede decir que nació junto con Buenos Aires, cuando en 1580 Juan de Garay fundó la ciudad y trazó una larga línea temblorosa perpendicular al río.
Fue primero un camino polvoriento entre los terrenos de los conquistadores. Luego se convirtió en una tosca carretera de tierra y, más tarde, en una calle empedrada.
En la época de la colonia se llamó calle de San Nicolás de Bari. Después fue rebautizada como José Santos de Inchaurregui, un corregidor del Cabildo. Su actual nombre figuraba en los registros de catastro en 1822.
El esplendor de la calle Corrientes comenzó a fines del siglo XIX y principios de éste. Se instalaron los primeros teatros (el Politeama Argentino, el Opera, el Odeón, El Nacional) y comenzó la inauguración de bares y cines.
Sus cuadras inspiraron a los poetas del tango. Como en "Corrientes y Esmeralda", que cuenta como "daban lustre las patotas bravas allá por el año 902". O en "A media luz", con el recuerdo del departamento de Corrientes 348 ("segundo piso ascensor"), donde en realidad funcionaba un salón de lustrar.
Corrientes fue angosta hasta 1936, cuando ya era la "Broadway porteña". El ensanche tiene la edad del Obelisco. Entonces nació la avenida. Hace un año, el gobierno porteño intentó volver el tiempo atrás y reducir la calzada para recuperar la calle angosta. Protestas de comerciantes y expertos en tránsito hicieron naufragar la idea.
El tramo desde el Bajo hasta Callao resumió durante años la noche porteña. En los años sesenta había entonces 14 cines y 7 teatros de todos los géneros en 17 cuadras. El espectáculo tuvo un lugar de privilegio en el tramo que va de Florida a la 9 de Julio.
Desde allí hasta Callao fue siempre la zona los cafés y las librerías, famosas éstas en todo el mundo. Basta recordar la anécdota que refiere el escritor italiano Umberto Eco, que encontró en un local de la calle Corrientes el libro que inspiró su famosa novela "El nombre de la rosa".
Pero de a poco se apagaron las luces de la tradicional arteria. En los últimos tiempos sólo quedaron tres cines y muchos teatros cerraron. Hoy los millones públicos y privados ilusionan con un regreso a los años dorados.
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