
Un recluso narró cómo fueron las horas de horror en Sierra Chica
El testigo vio crímenes y atrocidades, que les contó a los jueces; teme por su vida
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LA PLATA.- Se rompió el pacto de silencio: un preso que estuvo en Sierra Chica durante el motín de 1996 habló ante el tribunal. Detalló asesinatos de varios presos y se refirió a la ingesta de carne humana.
El interno Marcelo Ortellado dijo haber visto meter el cuerpo descuartizado del preso José Cepeda en el horno de la panadería del penal.
"Todo el que se rebelaba a los líderes del motín iba a parar a ese horno", expresó el testigo, que, ante un cuestionamiento de las defensas, dijo que no había declarado así anteriormente por miedo a represalias de sus compañeros de encierro.
Mientras Ortellado pronunciaba su relato, pudo verse en las pantallas cómo se endurecía el gesto de los "doce apóstoles" y del resto de los procesados por la revuelta.
Según los códigos carcelarios, cuando un recluso decide delatar a sus pares pone en juego su vida.
Acaso por ello, la Procuración General de la Suprema Corte resolvió dar protección a algunos de los internos que declaren en éste, el primer juicio por teleconferencia y que se sustancia en el penal de máxima seguridad de Melchor Romero.
Como se dijo, Ortellado fue el primer preso que quiso contar lo ocurrido en Sierra Chica entre el 30 de marzo y el 7 de abril de 1996.
Punto de inflexión
Aunque nervioso, mostró, aun antes de sentarse frente al tribunal, que iba a hablar: "Sí, que se haga justicia", respondió cuando el presidente de la Cámara Penal de Azul le preguntó si tenía algún interés particular en la causa.
El testigo estaba en la celda 674 del pabellón 9 de la cárcel. Pasado el mediodía del sábado 30 de marzo, estaba en el campo de deportes cuando oyó el ruido de dos disparos. Pensó que venía del pabellón 3, donde era habitual que hubiera motines.
Dijo que muchos pensaron lo mismo y que continuaron jugando al fútbol. Volvió a oír tiros.
"Entonces vino (Daniel) Ocanto y se puso a gritar a la gente que rompiera los candados. Nadie le quería hacer caso", aseguró.
Ortellado se recluyó en su celda. Pasaban las horas y nadie quería salir para buscar comida. El lo hizo.
Volvió a su pabellón y sólo salió al patio al día siguiente. "Se me acercó un encapuchado, me amenazó con una faca y me dijo que si no cuidaba rehenes me violaban o me mandaban al horno. Después entendí eso de lo del horno."
Eligió vigilar a rehenes. "Si no lo hacía, me mataban", dijo.
El lunes pudo ver cómo Marcelo Brandán, Jorge Pedraza, Víctor Esquivel, Juan Murgía, Miguel Ruiz Dávalos y otros amotinados asesinaban a puñaladas a los presos Agapito Lencina, Esteban Polieschuk y Daniel Niz, en el pabellón 8.
"Agapito salió corriendo al patio. Lo seguían El Paraguayo (Ruiz Dávalos) y Murgía. Este le dio una puñalada en el pecho", relató.
"Entonces entró el GEO (Grupo Especial de Operaciones) y empezó a los tiros. Le dieron a Murgía. Nadie lo quería levantar, por el asunto del SIDA. Lo junté yo y lo llevé a Sanidad. Ahí, los amotinados me obligaron a llevar a la terraza a un rehén", narró.
También vio, dijo, cómo mataban a José Cepeda, luego de que no lo dejaron entrar en el sector de la guardia: "Los policías lo tiraron para adentro y ahí lo acuchillaron".
Como una vidriera
Más tarde, según aseguró el testigo ante el tribunal, vio a los muertos. Estaban apilados en el piso del pabellón 12. "Cualquiera podía verlos. Era como una vidriera", dijo.
La fiscalía le preguntó sobre el destino de esos cuerpos. Ortellado respondió: "Supuestamente los descuartizaban. También me dijeron que habían trozado el primer cuerpo para darle de comer a la población de los pabellones 10 y 11".
Pedraza le habló en una oportunidad sobre antropofagia. Ortellado estaba en la panadería cuando el primero extrajo del horno una fuente. El testigo le dijo: "¡Chabón, se te está quemando la pizza!" El otro le contestó: "Este es el cuerpo de Agapo (Lencina), que se está desintegrando".
Ortellado -dijo- salió corriendo del lugar y vomitó.




