
Un rescate para los que viven en silencio
Una ONG que asiste a niños sordos
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"No se consigue nunca lo posible si no se intenta lo imposible una y otra vez." La frase de Max Weber encabeza la página de la asociación que creó Marcela Barros y que se propone precisamente eso: hacer posible lo que parece imposible.
La cruzada de Marcela es contra el silencio. Desde 2002 ayuda a quienes tienen una discapacidad auditiva, les brinda audífonos y pilas, fundamentales para que puedan conectarse con el mundo sonoro. Tener acceso al lenguaje es básico para la formación de la estructura psíquica. "Es imposible la integración de una persona si no puede comunicarse", reconoce Marcela, una profesora de sordos y perturbados del lenguaje que desde hace 17 años trabaja con chicos sordos, cuando dejó de dar clases de tenis.
Su esfuerzo se suma de a uno y la ponen feliz los números que consiguió. Gracias a las donaciones que recibe, entregó 550 audífonos a chicos y abuelos, mientras que 110 niños reciben pilas mensualmente.
Marcela hace toda su terapia a través del juego. Recibe cerca de 60 pacientes por semana y con ella aprenden algo increíble: hablar.
Su motivación para crear la asociación civil fue agradecer a la vida el tener trabajo y salud. "Me dolía que hubiera tanta gente que no podían tener acceso a algo tan básico que les cambia la vida por completo. Son cosas que no tienen precio y no hay nada que te lo pague", reconoce. En 2002 formó la asociación Desear escuchar.
Dar dignidad
"Me empecé a dar cuenta de que mis hijos estaban sanos, de que fui una mamá que disfrutó mucho de sus hijos y quiero devolver todo lo que la vida me dio", dice. A pesar de que ya entregó tantos audífonos, no se siente una heroína. "Estoy dando dignidad. Para tener palabra, necesitás escuchar", se pone seria.
Se emociona cuando recuerda la cara de Olivia, de un año, o de Benjamín, de la misma edad que el día antes de esta entrevista habían escuchado por primera vez. "No sabés cómo miraban a los papás... y se fueron de acá balbuceando", se acuerda.
Mientras conversaba con La Nacion, Marcela atendía a Tomás y a Lautaro. Cuando llegó, Lautaro no caminaba ni hablaba. Sin obra social ni certificado de discapacidad, llegó al consultorio de Marcela a través del hospital de Vicente López. "Tener audífonos no es sólo aprender a hablar. Es escuchar la vida. Sin considerar que el alerta auditivo te cuida", agrega Marcela.
El acceso a los audífonos para mucha gente es un imposible. "Llegan tarde, se les detectan los problemas cuando están muy avanzados. Si no tienen obra social hasta que se consigue un audífono, pasan dos años –dice–. Cuando llegan acá, empiezo a trabajar aunque no tenga el audífono, para crear el hábito."
La asociación busca cambiar la vida de bebes y niños "que por ser pobres no tienen audífonos". Es una prótesis cara: un audífono cuesta entre 2000 y 8000 pesos. Y también es caro su mantenimiento: se gastan más de 120 pesos mensuales en pilas. Sin ir más lejos, cuando da cursos, Marcela pide pilas a modo de honorarios.
Por eso Marcela busca padrinos que compren las pilas para los chicos que no pueden hacerlo. "A la mayoría no los conozco, es tan emocionante que haya gente que sin conocernos nos ayude tanto", afirma. Para comunicarse con la asociación: www.desearescuchar.com.ar
En julio del año pasado empezó otra cruzada: ocuparse de los aborígenes sin atención. "Más de 600 chicos salteños fueron revisados por primera vez por un otorrinolaringólogo. Yo tengo que devolver todo lo que me dio la vida", se enorgullece.
Para contar sus experiencias, Marcela creó un blog: www.desearescuchar.blogspot.com
Allí va dejando sus sensaciones y las respuestas que recibe, como la carta de Carmen, la mamá de Thiago: "No dejaré nunca de agradecerle todo lo que hace por mi hijo, porque el día que yo llegué a su casa triste y en tinieblas no encontrando el camino, usted me devolvió la fe, la esperanza, la sonrisa al decirme que mi hijo Thiago tenía las capacidades para poder hablar". Uno de los tantos testimonios que hacen que Marcela se sienta feliz con su obra.






