Un tesoro histórico cumple un siglo
La iglesia del Sagrado Corazón, en Ascochinga, encierra anécdotas y recuerdos de ilustres figuras
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ASCOCHINGA, Córdoba.- Los últimos 100 años de la historia del país entrecruzan sus destinos con el de la Iglesia del Sagrado Corazón de esta ciudad serrana, que el 15 del actual cumplirá un siglo.
Fruto de la iniciativa desinteresada de ungrupo de mujeres porteñas que veraneaban en el lugar, encabezado por Carolina Estrada de Martínez, y del impulso decisivo del entonces presidente Julio Argentino Roca,el templo ha dejado su impronta en las serranías cordobesas por su obra espiritual y por la especial atracción que ha ejercido durante los añosen innumerables visitantes, anónimos e ilustres.
La centenaria capilla está hoy en manos de las Hermanas Adoratrices Argentinas del Santísimo Sacramento.
Ascochinga, nombre de origen quechua que significa perro perdido, queda al noroeste de la provincia de Córdoba, en los faldeos de las Sierras Chicas.
Fue tierra de sanabirones, indios pacíficos por naturaleza, hasta que los repartimientos de los primeros conquistadores pusieron a la región en manos de españoles.
Se formó entonces la estancia de Santa Catalina, de la que Ascochinga formaba parte. Con una extensión de 625 km2, es decir, 62.500 hectáreas, fue adquirida posteriormente por los jesuitas, que la transformaron -hasta que fueron expulsados, en 1767- en el establecimiento rural más importante de la provincia.
Vendidas en remate público, las tierras fueron adquiridas en 1774 por don Francisco Antonio Díaz, alcalde ordinario de primer voto de la ciudad de Córdoba.
Julio Argentino Roca, casado con Clara Funes Díaz, descendiente del comprador, pasaba largas temporadas en la estancia La Paz,que está situada sobre lo que era el antiguo Camino Real, a cuatro kilómetros de Ascochinga, una zona por la que -según se dice- sentía unaespecial predilección.
Los recuerdos del presidente
El poder y la importancia que tuvo Ascochinga en el destino del país de fines del siglo XIX y principios del XX se reflejan claramente en el libro "Soy Roca", de Félix Luna.
Pero para entonces el lugar también se había convertido en el destino preferido de vacaciones de las familias tradicionales de Buenos Aires y Córdoba.
No en vano la zona está sembrada de algunos de los más lindos cascos de estancia del interior del país, enclavados en un marco natural excepcional.
También hay residencias míticas, como la que perteneció a Agustín P. Justo, golfista consumado, que durante los años de su presidencia hizo asfaltar la actual ruta E-66, desde la ciudad de Jesús María, a 20 kilómetros de Ascochinga, justo hasta la puerta de su casa, a metros de la cancha de golf.
Ayuda desde Buenos Aires
Con el apoyo de un nutrido grupo de mujeres porteñas que integraban la Sociedad de Damas de Caridad y el visto bueno del presidente Julio A. Roca, principal impulsor de la obra, los trabajos se iniciaron en 1898.
El ingeniero Van Sevene estuvo a cargo de la dirección de obra de la capilla, que se llevó a cabo gracias a las laboriosas manos de don José Gedoz.
La construcción de la iglesia se puso en marcha sobre un predio donado a tal fin por los hermanos Carlos y Alejandro Argüello.
Dos años después, el 15 de febrero de 1900, el obispo auxiliar de Córdoba monseñor Aquilino Ferreyra inauguraba la iglesia, de estilo neogótico y construida totalmente en piedra.
A la entrada, a cada uno de los lados, se observan seis magníficos vitrales que, según consta en los archivos del Arzobispado de Córdoba, fueron donados por don Emilio de Anchorena.
El altar mayor, el lateral y el púlpito están construidos en mármol de Carrara.
En manos de las Adoratrices
La idea era, además, anexarle un colegio y dejarlo en manos de alguna congregación religiosa, según los testimonios de la época.
Carolina Estrada de Martínez tenía un especial afecto por las Hermanas Adoratrices y por su superiora, la hermana María del Carmen Yanson, pero falleció en 1928, antes de ver concretado su tan ansiado deseo.
Sin embargo, en 1931, sus tres hijos -Celia, Alberto y Julián Martínez Estrada- cumplieron su sueño, con la generosa colaboración de Elisa Roca de Blaquier.
El colegio no sólo educó a varias generaciones de niñas de la zona serrana, sino que las capacitó en dactilografía, corte y confección y otras habilidades por entonces muy requeridas.
Alba G. Aguirre y Mabel T. Solares son las autoras de "Cien años de luz", un libro que rescata la historia de la iglesia a partir de documentos del Arzobispado de Córdoba, el diario que llevaban las Hermanas y relatos orales.
Esas damas ejemplares lo financiaron de su propio y magro jornal de maestras rurales.
Cien años después
Según el testimonio de esas escritoras, con el correr de los años la llegada de la Escuela Nacional Nº505, para mujeres y varones, fue restando poco a poco alumnado al establecimiento de las Hermanas Adoratrices.
Finalmente, el colegio debió cerrar sus puertas.
Hoy, las magníficas instalaciones de la congregación en Ascochinga se utilizan para casa de ejercicios y retiros espirituales, aunque hay una creciente demanda de mayor apertura hacia la comunidad por parte de los lugareños.
Los vecinos de la capilla están esperanzados en que, en esta nueva etapa, la iglesia del Sagrado Corazón, que ya es parte de la historia del país, sirva también de centro de reunión y formación.
Sobre todo para los jóvenes, en tiempos en que las oportunidades aquí tampoco abundan.




