
Una carta es la clave de un pacto criminal
La dejó una madre acusada de filicidio
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LA PLATA.- "Vamos a estar todos juntos en el cielo, con mamá", decía la carta hallada en la casa donde tres hermanas de 3, 8 y 11 años fueron envenenadas y cuyo padre se ahorcó.
Como informó ayer LA NACION, los investigadores sospechan que Gabriel Ignacio Narváez, de 38 años, y su esposa, María Susana Márquez, de 31, padres de las víctimas, planificaron matar a sus hijas y suicidarse. La mujer no cumplió con el pacto y fue detenida, acusada de triple homicidio agravado por el vínculo.
El caso fue descubierto el sábado último, a las 23.55, en una vivienda situada en la calle José Hernández 4070, en Villa Zapiola, partido de Moreno.
A un lado del cadáver del esposo, que pendía de un cable atado a un tirante del techo, en el comedor de la vivienda, había otra horca, supuestamente para que se matara la mujer.
Esta prueba y la misiva, en la que se hace referencia al acuerdo criminal suicida, son las principales evidencias de la causa.
Además, según fuentes policiales, las autopsias que se le practicaron a los cadáveres de las niñas revelaron que fueron muertas con leche mezclada con psicofármacos y el hormiguicida Hortal. Así pues, el que mató a las niñas fue quien les dio de comer.
Aparentemente -agregaron los informantes- la carta fue escrita por Márquez. Una de las razones del pacto criminal sería la apremiante situación económica por la que estaría atravesando la familia Narváez. Sólo trabajaba el padre, en una panadería.
Pero ése no era el único problema del matrimonio. De acuerdo con las fuentes, su relación era conflictiva. Unos 20 días antes del triple crimen, la mujer se había ido de su casa, luego de una violenta pelea con su marido. Las niñas se quedaron con el hombre. La separación duró hasta el jueves último, cuando la pareja asistió a una audiencia de reconciliación. Márquez y Narváez celebraron el reencuentro con vino y sidra. Después sellaron otro acuerdo.
Según la carta, la mujer le dijo a su esposo que extrañaba mucho a su madre muerta. Con gramática rústica, la madre consideró que era un acto de amor y no un crimen matar a sus tres hijas y luego suicidarse, junto con su marido.
Se cree que Narváez y su esposa envenenaron a las niñas la noche de ese mismo jueves. La mayor de las pequeñas presentaba, además, varias costillas fracturadas y un pulmón lesionado.
Luego de aproximadamente 48 horas, habrían resuelto concluir con lo que se había establecido en el pacto.
Así que el hombre se colgó, la noche del sábado último. Pero la mujer se arrepintió y fue detenida.
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