
Una combinación explosiva
Trabajadores golondrina, falta de control de las autoridades, venta ambulante y precios más bajos son algunos de los elementos que se combinan en la producción clandestina de fuegos artificiales
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La pirotecnia ya comenzó con su estruendo. A menos de un mes de las fiestas de fin de año, los médicos ya tuvieron que atender a heridos por el poco cauto uso de fuegos artificiales o del precario mercado clandestino, que la última semana se cobró cinco víctimas mortales.
Los profesionales saben que el triste adagio que se cierne sobre la Nochebuena y el Año Nuevo se repetirá nuevamente, aunque instan a extremar medidas y cruzan los dedos para que el desfile de accidentados sea menor.
Pólvora negra o blanca, legal o clandestina, los especialistas advierten que su manipulación tiene un grado de riesgo considerable. En la ingenua presunción de que se trata de diversión inofensiva, cientos de personas terminan las fiestas en una sala de urgencias con quemaduras de consideración en el cuerpo o lesiones en los ojos, entre las heridas más habituales.
Poco confiados en que los penosos accidentes de años anteriores sean suficientes como para moderar los festejos riesgosos, los médicos del Instituto del Quemado ya atendieron a 14 víctimas de los fuegos artificiales y se preparan para recibir entre 300 y 500 más. A otros tantos aguardan en el Hospital Oftalmológico Santa Lucía, según se indicó.
La Dirección General de Fabricaciones Militares autoriza el uso de pólvora negra o mezclas píricas de poca sensibilidad para la confección de fuegos artificiales.
Los fabricantes clandestinos optan por una rústica preparación con pólvora blanca cloratada. Unos y otros son peligrosos en manos inexpertas. Pero las segundas llevan un riesgo implícito mayor.
La principal característica de la pirotecnia autorizada, de acuerdo con la Cámara Argentina de Fuegos Artificiales, es la deflagración y no la detonación. La ilegal tiende a la iniciación espontánea, la sensibilidad al choque o a las cargas eléctricas.
De octubre a diciembre, la fabricación casera acelera el ritmo de su temible e irresponsable producción. Es esa la época en que el mercado negro de la pirotecnia se vuelve un negocio por demás rentable. La misma en que un simple roce hace que los galpones estallen y dejen atrás víctimas mortales.
Prohibido para menores
Lejos de ser inofensiva, y pese a que su comercialización está prohibida a menores de 16 años, artefactos lumínicos o de estruendo están al alcance de los chicos en cualquier quiosco o en las mesas de venta callejera (ver aparte) que se ven cada vez en más lugares a medida en que se acercan las fechas de las fiestas.
Las penas no son lo suficientemente severas, dicen desde la policía, como para desalentar la fabricación ilegal, donde rompeportones y otros artefactos están a tan sólo un paso de convertirse en un arma explosiva.
Uno de los secretos del éxito de la pirotecnia ilegal -además de los bajos precios- es que la pólvora y las mezclas cloratadas que usan producen explosiones más ruidosas. Y hay que convenir en que quienes disfrutan con la pirotecnia quieren hacer ruido. Cuánto más, mejor.
"Por eso algunos eligen comprarlos", explicó el doctor Ruggero, de la Cámara Argentina de Fuegos Artificiales y Pirotecnia.
Tres elementos: circuito cerrado, trabajadores golondrina y venta ambulante. Fuentes policiales explicaron que la clave de la fabricación ilegal está en la facilidad para conseguir los químicos, la mano de obra barata e inexperta y la falta de controles. La elaboración de los rompeportones, por ejemplo, no tiene grandes secretos.
Una receta podría ensayarse así: alquilar un galpón no muy grande, introducir unos changarines, mezclar carbón vegetal, azufre, aluminio y clorhidrato de potasio en las proporciones indicadas, sazonar con mucha falta de escrúpulos, envolver la pasta en cilindros de cuatro centímetros de alto y dos de diámetro y guardarlos en cajones de manzanas. Los fuegos artificiales caseros están listos para salir a la calle.
¿Dónde comprar los ingredientes? En cualquier química. "Es que se venden libremente -afirmó la fuente consultada-. No existe ninguna ley que obligue a que queden registrados los compradores."
Se trata de un negocio sumamente rentable. La producción de un cajón de 1500 rompeportones se cotiza a seis pesos en el mercado clandestino. La policía calcula que en una jornada de siete horas, unas cinco o seis personas fabrican alrededor de seis cajones. Estos nueve mil rompeportones se venden a un precio estándar de entre 0,70 y un peso cada uno.
Las ganancias dan escalofríos y las consecuencias del uso de estos fuegos artificiales, espanto. Es una industria precaria, que trabaja en lugares no están habilitados, donde los materiales entran en combustión con facilidad y donde la única precaución es mojar el piso para reducir el riesgo de encendido.
Cañitas sin control
Los médicos del Instituto del Quemado conocen al dedillo los accidentes que se producen con la pirotecnia. "En el 60 por ciento de los casos se presentan lesiones en manos o miembros superiores; en el 10%, en la cara (con o sin lesión ocular); en otro 10%, el tronco y el abdomen, y en el 10% restante, los miembros inferiores", describió el jefe de guardia de ese centro, Juan Luis Gallardo.
Que no se usen fuegos artificiales es lo que el médico considera ideal, pero, en caso contrario, lo menos que pide es que las manejen adultos. "Las cañitas no tienen control remoto. No se sabe dónde van a caer. Tomar hace que sean aún más peligrosas, porque el alcohol retrasa la capacidad de reacción", indicó.
Dedos, manos y hasta genitales amputados son algunas de las consecuencias. "Mucha gente comete el error de guardar pirotecnia en el bolsillo -explicó Gallardo-. Por fricción, por el calor del cuerpo o por alguna chispa, se enciende y explota."
"No festejen con pirotecnia", es la recomendación de la doctora María Fernanda Valiño, del Hospital Oftalmológico Santa Lucía, acostumbrada a atender lesiones oculares con estallido de globo, úlceras de córnea y hasta pérdidas de ojos que convierten a la celebración de Año Nuevo en una noche inolvidable... en un hospital.
Prevención
- Sólo comprar productos que en su envase indiquen que están autorizados por Fabricaciones Militares.
- Leer y seguir rigurosamente las instrucciones de cada producto.
- No usar pirotecnia en lugares cerrados.
- Los padres deben ser quienes compren los fuegos artificiales y quienes los manipulen. En caso de que lo hagan sus hijos, deben estar alertas al uso que les den.
- No detonar fuegos artificiales en frascos, latas o recipientes.
- No llevar artículos de pirotecnia en los bolsillos.
- No retener petardos encendidos en las manos.
- No vender pirotecnia a menores de 16 años.
- En caso de accidente:
- Instituto del Quemado, Pedro Goyena 369. Tel.: 923-3022/25, 921-2243.
- Hospital Oftalmológico Santa Lucía, San Juan 2021. Tel.: 941-5555.
- Hospital Oftalmológico Pedro Lagleyze, Juan B. Justo 4151. Tel.: 581-0645, 582-1278.
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