
Una escuela para hijos de argentinos que no quieren perder sus raíces
Por Juan Aznarez Enviado especial
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LOS ANGELES.- ¿Qué cara pondría su hijo si le propone ir a la escuela todos los sábados? Probablemente usted crea que a ningún chico le interesa sumar un día a su semana lectiva. Pero no es el caso de los 160 alumnos de la Escuela Argentina de Los Angeles, que de lunes a viernes asisten a clase en un colegio regular, y los sábados cursan, en paralelo, primario y secundaria en este establecimiento tan atípico como singular.
La Escuela Argentina de Los Angeles (Leala) es un proyecto educativo nacido hace 16 años por iniciativa de Justino Riobo, que por entonces era nuestro cónsul en California. Se trata, yendo al grano, de un colegio concebido para que los hijos y nietos de argentinos, cuya primera lengua es el inglés, no pierdan contacto con las raíces y el idioma de sus familiares directos. Aunque no se limita el acceso a nadie: un 20 por ciento de los alumnos son hijos de latinos no argentinos e incluso hay de afroamericanos.
Curioso status
El colegio -una "corporación sin fines de lucro" para la ley californiana- goza de un curioso status. Pese a que sus programas de estudio siguen los lineamientos del Ministerio de Educación, y en lo formal depende de la dirección de Asuntos Especiales de la Cancillería, en la práctica no recibe un centavo del gobierno argentino. Funciona dentro de la Universidad del Sur de California, en el centro geográfico de la ciudad de Los Angeles, y se financia como si fuera una cooperativa: los costos por sueldos, seguros y gastos operativos se reparten entre todos los alumnos, que pagan alrededor de 85 dólares mensuales.
Con aspiración bilingüe y bicultural, Leala complementa la educación que sus estudiantes reciben en las escuelas norteamericanas. Por eso no se imparten matemática, ciencias duras o historia local. Lo suyo es la lengua y la literatura castellanas, la historia y la geografía argentinas y la formación cívica para imbuir a los chicos en la modalidad de funcionamiento de las instituciones criollas.
"Somos una experiencia sin antecedentes. En Washington, Nueva York, Roma y Toronto funcionan otras escuelas argentinas, pero están pensadas para los hijos de los diplomáticos, que permanecen durante 4 ó 5 años en esos destinos antes de regresar al país. Lo nuestro es distinto, porque el 90%de los chicos tiene ciudadanía norteamericana y probablemente jamás vaya a vivir en la Argentina."
La explicación la ofrece Elba Díaz de Bonini (55), rectora de la escuela desde el 9 de abril de 1983, cuando se cortó oficialmente la cinta inaugural. Elba, que también es la directora de la primaria -que cuenta con 120 alumnos- llegó a California con su esposo, médico, en 1971. Aquí revalidó su título de licenciada en Ciencias de la Educación y ejerció como maestra hasta que nació la escuela argentina .
Su colaborador más activo en esta particular iniciativa es el profesor Edgardo Spik (42), un ingeniero agrónomo llegado a los Estados Unidos en 1983, que se desempeña como director del secundario. Spik se vinculó con el colegio como padre, cuando anotó a su hijo para cursar el primer grado. Después fue tentado para dictar clases y finalmente accedió a la dirección.
"El objetivo básico es enseñarles a los chicos una lengua y una cultura a la que no tienen acceso. Para eso utilizamos los mismos programas que en la Argentina, pero adaptados al contexto de este país. Nunca podríamos enseñarles quién fue San Martín si no lo comparamos con George Washington. Tampoco hablarles de la Asamblea del año XIII sin remitirnos a la Guerra de Secesión", ejemplifica.
En la Escuela Argentina de Los Angeles, las anécdotas están a la orden del día. Pero lo que más sorprende, sin duda, es la forma en la que se comunican los alumnos. Hablan en castellano dentro de las aulas, y en inglés durante los recreos.
A pulmón
Paradójicamente, Leala es una escuela del Primer Mundo, pero funciona al ritmo del subdesarrollo. Para suplir la falta de material didáctico, que el Ministerio de Educación se resiste a enviarles, los maestros apelan a sus mejores artes para fotocopiar libros de textos y armar manuales caseros. Lo mismo ocurre con las láminas, los mapas y el resto del material que se utiliza en clase.
La profesora Bonini evita las quejas y se muestra como una persona optimista y emprendedora. "Sabemos que pedir plata es imposible, pero nos gustaría que nos ayudaran a capacitar a nuestros docentes. Se podrían hacer intercambios", sugiere.
De todos modos, los docentes sólo tienen palabras de agradecimiento para el consulado argentino en Los Angeles, que desde hace un año encabeza el diplomático Luis Krecler.
Pero no hay que pensar sólo en las dificultades que deben sortear los docentes y directivos. Los alumnos también tienen las suyas. La geografía de Los Angeles es atípica dentro de los Estados Unidos: aquí todo queda lejos. Como se trata de un condado formado por 80 ciudades, hay que manejar millas y millas por las autopistas para llegar a cualquier parte. Incluso a la escuela.
Para ilustrar el entusiasmo de sus alumnos, la rectora Bonini expone un ejemplo que pinta la situación de cuerpo entero. "Tuvimos a una chica -dice- que para venir a la escuela viajaba tres horas de ida y tres de vuelta. Se levantaba a las cuatro de la mañana y el padre, que era médico, manejaba 150 millas para que llegar a clase a las nueve y media. Así durante siete años... y no faltó nunca."
Violencia
El año pasado, en los Estados Unidos fueron expulsados casi 4000 alumnos por ir armados a sus colegios. Por eso, ante el comienzo de las clases (allá está por terminar el verano) existe gran preocupación por la violencia, cuyo máximo pico fue la matanza de Littleton. De hecho, muchas escuelas montaron barreras de seguridad, cámaras de video y detectores de metales.
Los sueldos, made in USA
LOS ANGELES.- Si de educación en los Estados Unidos se trata, las referencias a las situación salarial de sus docentes es ineludible. En el estado de California, un maestro de grado gana en promedio 3000 dólares por mes, a cambio de una jornada laboral que se extiende desde las ocho hasta las quince.
A diferencia de lo que ocurre en la Argentina, los maestros norteamericanos sólo cobran durante los meses de clases. En julio y agosto, los equivalentes a enero y febrero del hemisferio sur, no perciben ningún ingreso. Aunque se les permite trabajar en las escuelas de verano, con menor extensión horaria y retribución más pequeña.
No menos curioso resulta para el extranjero enterarse de que la mayoría de los colegios les paga un plus a sus maestros para que puedan costearse el estacionamiento. La Escuela Argentina de Los Angeles, por ejemplo, les da seis dólares por día.
Sin embargo, no todos los establecimientos pagan lo mismo. Como los sueldos de las escuelas públicas se afrontan con la recaudación del impuesto inmobiliario, abonan mejor las que están enclavadas en los distritos con propiedades más valiosas.





