
Una fachada histórica en conflicto
El gobierno porteño aprobó la demolición del Banco Español y ahora pretende salvar una parte.
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El dinero sube a las alturas en la city porteña, donde el antiguo edificio de dos pisos del Banco Español está desapareciendo en aras de una torre de veinticinco pisos del Banco Galicia.
No bien se escuchó el estrépito de la caída del edificio, se encendió la ira de los mayores organismos culturales de la Nación y de la ciudad de Buenos Aires, que ahora se aprestan a conservar lo poco que sobrevive de la demolida estructura original.
Queda aún en pie la fachada de estilo italiano, erigida en 1905, cuando el edificio neoclásico se alzó en la zona de mayor concentración financiera de la Argentina, en la esquina de las actuales Perón y Reconquista.
Aunque los arquitectos especializados en restauración insisten en su indudable valor cultural, el edificio del Banco Español no estaba, sin embargo, considerado oficialmente patrimonio histórico de la ciudad, por lo que no gozaba de ninguna protección legal contra remodelaciones ni demoliciones. Su destino estaba librado a las necesidades de los propietarios de ocasión.
Aprobados los planos del nuevo diseño ante la Secretaría de Planeamiento de la Ciudad, el derrumbe fue autorizado, y finalmente concretado, a fines de diciembre último. La nueva torre está por surgir en reemplazo de las actuales ruinas.
Obra autorizada
La nueva obra fue bendecida por la Secretaría de Planeamiento como una atractiva estrategia para evitar que las empresas abandonaran la zona y se llevaran los negocios a otras áreas en expansión, como Puerto Madero.
"Fue un poco antes de las fiestas. Estaba todo tapado y no había cartel de obra. Nos enteramos tarde, porque la Secretaría de Planeamiento había autorizado la demolición, pero nosotros no lo sabíamos", dijo a La Nación el arquitecto Fabio Grementieri, asesor de la Secretaría de Cultura de la Ciudad en temas de conservación de patrimonio.
Antes de desaparecer del paisaje urbano, el edificio del Banco Español era un representante solitario de las casas centrales bancarias de arquitectura académica de fines del siglo XIX y comienzos del XX. El diseño sirvió de modelo, en distintas escalas, a cientos de edificios bancarios en diferentes puntos del país.
Una fachada maciza y decorada precedía a un gran hall interior de gran altura, techado por una imponente claraboya. La claraboya voló y el hall quedó a cielo abierto. Los últimos trabajos de demolición continúan a toda marcha, custodiados por un muro de chapas grises, impenetrables a la curiosidad del peatón y sin la mínima abertura para espiar el avance de la caída.
El gran enigma del momento es el destino de la fachada, último reducto de tiempos pasados, todavía ilesa. El proyecto de la torre, diseñado por el estudio Mario Roberto Alvarez y Asociados, preveía la desaparición de la fachada, pero ante los primeros reclamos se acordó conservar sólo dos fragmentos, ubicados uno a cada lado de la esquina. Pero los conservacionistas quieren mantener toda la fachada original.
Las leyes, ausentes
La Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos elevó un pedido al gobierno de la ciudad y otro al gobierno de la Nación para frenar el derrumbe del frente del banco. Incluso la Secretaría de Planeamiento ha reconsiderado el asunto y ahora clama en favor de la salud de la fachada.
"El Consejo Asesor de Asuntos Patrimoniales de la secretaría votó la solicitud al estudio de arquitectos a cargo de la obra de conservar la mayor parte de la fachada. Es un desafío hacer compatible el nuevo edificio con la fachada, pero ellos son profesionales a la altura de la tarea", dijo la arquitecta Silvia Fajre, que asumió como subsecretaria de Planeamiento en enero último, cuando el grueso de la demolición se había consumado.
Según los entendidos, de prosperar el pedido de clemencia urbana, sería de todos modos un manotazo de ahogado que no soluciona el problema de fondo: la falta de medios legales para preservar la memoria, la belleza y la identidad de la ciudad.
"La legislación es insuficiente o anticuada. Hay varios proyectos de ley de preservación de patrimonio, pero están dando vueltas en la Legislatura de la ciudad de Buenos Aires y en el Congreso de la Nación y no son aprobados", dijo Grementieri. En eso coincide Fajre, quien lamenta "la falta de herramientas para resolver estas dificultades y llevar adelante una política de conservación más efectiva".
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