
Una fundación que busca igualar las oportunidades
El comedor de Sol Naciente ofrece 1500 raciones de comida por día; voluntarios brindan apoyo escolar y capacitación en oficios
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Son las 11.30 y la gente ya se agolpa en la puerta de la Fundación Sol Naciente, que todos los días reparte 1500 raciones de comida entre almuerzo, merienda y cena, asistiendo a 750 personas de bajos recursos (niños, madres y abuelos) de Bajo Flores y la villa 1-11-14.
"En el comedor hay cada vez más demanda porque los alimentos están muy caros. Y acá no viene la gente que se está muriendo de hambre, sino los que tienen que decidir entre darles de comer a sus hijos o comprarles unas zapatillas o útiles escolares. Porque los chicos son una fuente de demanda permanente y hay que atenderlos", explica Lidia Hernández, a quien hace 15 años un hecho fortuito la enfrentó con la necesidad de ayudar a los niños del barrio.
"Un día abandonaron a nueve chicos en la puerta de mi casa y me hice cargo de ellos. Yo justo había dejado de trabajar hacía poco, y junto a otras mujeres empezamos a ocuparnos de estos chicos como si fuéramos su familia: les dábamos de comer, los llevábamos al colegio. Cada vez más chicos se fueron acercando y tuvimos que armar la ONG", recuerda Lidia, que empezó esta tarea solidaria en el patio de su casa, luego en un local que alquilaron y ahora, en una propiedad en comodato.
Allí, funciona un hogar para mujeres vulnerables víctimas de violencia de género junto a sus hijos, el comedor, una panadería y las diferentes actividades que brinda la entidad. Los chicos reciben apoyo escolar, inglés, computación, contención, seguimiento en el colegio y atención primaria de la salud.
"En la panadería comunitaria, damos trabajo a las madres y a gente del barrio, y eso dignifica mucho, porque son personas de bajos recursos que no tienen las mismas oportunidades ni educación que el resto de la población. Hay 25 personas capacitándose y 10 que ya trabajan en el emprendimiento. Se hacen cerca de 100 kg de pan por día, de los que 80 se utilizan para el consumo interno del comedor y el hogar, y los otros 20 se venden en la comunidad", cuenta Lidia, mientras unas voluntarias se ocupan de preparar las milanesas con arroz para al almuerzo y unos chicos aprovechan para jugar al fútbol en el patio.
Desde la ONG, hacen malabares para poder llegar a fin de mes a cubrir todos los gastos fijos, que rondan cerca de los 6000 pesos, y mantener en funcionamiento todos sus servicios.
"Las donaciones se redujeron muchísimo el año pasado, especialmente estos últimos meses. Yo creo que tiene que ver con que la gente siente que lo que nos puede donar no nos sirve para mucho. Hoy, un guiso para cuatro personas te sale 120 pesos, cuando antes lo hacías por 10 pesos. Por eso es que necesitamos gente que no se comprometa con mucho, pero sí que lo haga a largo plazo", suplica Lidia.
Para disponer de los alimentos, cuentan con el apoyo del programa del PNUD, que les cubre 400 raciones, y de un subsidio del gobierno porteño para otras 160 raciones; también compran mercadería en el Banco de Alimentos. "El resto lo tenemos que conseguir nosotros. Lamentablemente, la mayoría de los colaboradores son golondrina. Necesitamos manos que se comprometan a lavar los platos, hacer la comida, ayudar con los chicos", agrega esta mujer, cuyo mayor objetivo es darles una vivienda y un trabajo digno a las madres del hogar y un futuro mejor a los chicos del barrio.
Para eso, solicitan la colaboración de voluntarios y la donación de alimentos no perecederos, de una sobadora grande, de un vehículo para ir a buscar las donaciones, juguetes para los chicos, pelotas de fútbol y muñecas.
"A los que se solidaricen con nuestra obra yo les diría que Dios les va a multiplicar todo lo que den. Y que la ayuda no la tienen que ver como una pérdida sino como una ofrenda. Porque dando es como se recibe", concluye Lidia.
Los datos de contacto de la ONG son los siguientes: (011) 4919-9773/3873 y www.solnaciente.org .
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