Uno de cada ocho tumores en el mundo se atribuye a infecciones que se pueden prevenir
La mayoría de los casos se da en los países con menos recursos. La bacteria ‘Helicobacter Pylori’ y el virus del papiloma son los patógenos que causan más diagnósticos de cáncer
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BARCELONA.– Hay muchos cánceres que se podrían evitar. Eliminando un puñado de factores de riesgo, dicen los oncólogos, se podría prevenir alrededor del 40% de todos los tumores que se diagnostican. El tabaco es el gran paradigma porque fumar abona el desarrollo de una quincena de tumores y contribuye a una de cada cinco muertes por cáncer. Pero hay más: el alcohol, el sedentarismo, la obesidad, la polución y también algunas agentes infecciosos estimulan la enfermedad. Sobre estos últimos, una investigación publicada este lunes en The Lancet Oncology estima que están detrás de uno de cada ocho tumores. La mayor carga está en los países con menos recursos, pero también en las regiones más ricas se dan casos. La bacteria Helicobacter Pylori, que causa tumores gástricos, y el virus del papiloma, que provoca cáncer de cuello uterino, son los patógenos causantes del mayor número de casos.
La investigación calcula que en 2024, 2,3 millones de tumores en el mundo estuvieron relacionados con infecciones. “Estimamos que el 12% de los diagnósticos de cáncer en todo el mundo en 2024 se habrían podido prevenir en ausencia de exposición a los 12 agentes infecciosos evaluados en el estudio”, explica la autora del artículo, Harriet Rumgay, por correo electrónico. El estudio analizó una docena de patógenos y concluyó que cinco de ellos fueron los responsables de casi la totalidad de casos atribuibles a infecciones: la bacteria estomacal Helicobacter pylori se relacionó con 760.000 casos; por detrás, el virus del papiloma humano (VPH), que se vinculó con 750.000 diagnósticos; los virus de la hepatitis B y C se asociaron con 360.000 y 160.000 casos respectivamente; y el virus de Epstein-Barr, con 260.000.
Sufrir una infección causada por alguno de estos microorganismos no aboca directamente a un cáncer. Solo eleva el riesgo. De hecho, la infección por Epstein-Barr es casi universal en los humanos y se estima que el 80% de la población sexualmente activa entrará en contacto con el virus del papiloma, pero en la inmensa mayoría de los casos, el sistema inmune eliminará esos patógenos sin más consecuencias.
Ahora bien, según los autores, sus hallazgos destacan “la importancia del control de infecciones para lograr la prevención del cáncer” y recuerdan que hay enfoques disponibles —”aunque a menudo infrautilizados”, lamentan— para hacer frente a estos riesgos. Algunos ejemplos: las vacunas contra el papiloma o la hepatitis B, los cribados de lesiones precancerosas del VPH o tratamientos efectivos, como el que hay para la hepatitis C. La investigación llama a reforzar las herramientas preventivas disponibles y seguir investigando para desarrollar nuevas estrategias, “especialmente en el caso del virus de Epstein-Barr”, que no cuenta con medidas eficaces para controlar la infección.
Se estima que los agentes infecciosos constituyen el principal factor de riesgo modificable de cáncer entre las mujeres de 141 países y los hombres de 58 países. El VPH, por ejemplo, es el causante del 100% de los casos de cáncer de cuello de útero y también está detrás de algunos tumores de ano y orofaríngeos. El virus de Epstein-Barr está vinculado a tumores gástricos y varios tipos de linfoma. La infección por la bacteria Helicobacter pylori puede provocar tumores gástricos y los virus de la hepatitis C y B, cáncer hepático.
La radiografía del cáncer vinculado a infecciones, con todo, refleja patrones geográficos diversos según el tipo de patógeno y muestra también una profunda desigualdad socioeconómica. Los países de ingresos bajos y medios concentraron el 77% de todos los casos de cáncer relacionados con infecciones. “Esto pone de manifiesto que los cánceres relacionados con infecciones no son solo una cuestión de prevención del cáncer, sino también de equidad sanitaria mundial”, expone Rumgay.
La investigadora recuerda que ya existen muchas herramientas de prevención altamente eficaces. El problema es que estas intervenciones “no están disponibles, no son accesibles o se utilizan insuficientemente en los países de ingresos bajos y medios debido a limitaciones financieras, deficiencias en la infraestructura sanitaria, escasez de personal sanitario cualificado y barreras sociales o políticas más amplias”, lamenta. Otra investigación advertía en febrero de que en el África Subsahariana, donde la prevalencia del VPH es de las más altas del mundo, solo el 30% de las niñas elegibles recibió su primera dosis en los últimos dos años.
En los países ricos, hay más acceso a todas las medidas preventivas y de control, pero el cáncer atribuible a infecciones tampoco se eliminó. En Japón y Corea del Sur, por ejemplo, el Helicobacter pylori sigue siendo un factor importante en el cáncer gástrico. De hecho, en estos países y en China han implementado cribados poblacionales con endoscopia, pero los expertos asumen que este procedimiento es “invasivo y costoso, lo que limita su aplicación a mayor escala”.
Rumgay señala que en muchas regiones de altos recursos “se espera que la elevada cobertura de vacunación contra el VPH conduzca a una reducción sustancial de la incidencia de cáncer de cuello uterino en los próximos años”.
En España, la vacunación contra este virus ronda el 90% (la primera dosis). “Aquí hay coberturas bastante buenas, la vacuna es una más y está ampliamente aceptada. Pero esto difiere mucho en otros países”, cuenta Maria Brotons, epidemióloga de la Unidad de Infecciones y Cáncer del Instituto Catalán de Oncología (ICO) - Idibell. Según la experta, en otras zonas de Europa, la cobertura es menor y la causa es multifactorial: “Hay reticencias a las vacunas y también movimientos antivacunas más fuertes. Pero también influye que se administran a adolescentes y cuesta más llegar a esa población”, expone.
España también está transitando de un cribado oportunista de cáncer de cuello uterino —el que se hace a petición de la mujer o aprovechando que acude a consulta por otro motivo— a una estrategia poblacional ordenada para todas las mujeres de entre 25 y 65 años (la edad de inicio y los plazos entre pruebas dependen de sus antecedentes de vacunación).
“España logró avances excelentes gracias a una alta cobertura de vacunación contra el VPH y a la transición hacia un cribado de cuello uterino organizado y de base poblacional. Ambos son pasos importantes para reducir la carga de esta enfermedad”, celebra Rumgay. Pero todavía hay margen de mejora. “España también podría reforzar los programas de divulgación, detección y tratamiento de los virus de la hepatitis B y C y del VIH, especialmente entre las poblaciones vulnerables, incluidos los migrantes procedentes de regiones con una alta prevalencia de infecciones virales crónicas, las personas privadas de libertad y las personas que se inyectan drogas”, plantea.
La investigación no entra a analizar la evolución temporal de los tumores relacionados con infecciones, pero hay algunas señales positivas, dice Rumgay: “Otros estudios realizados en Europa y Australia demostraron que las tasas de cáncer de cuello uterino relacionado con el VPH están empezando a disminuir entre las cohortes vacunadas, y que las tasas de cáncer de hígado relacionado con el virus de la hepatitis C han descendido en países que cuentan con programas sólidos de prevención, detección y tratamiento”.
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