
Villa La Angostura duplicó su población
El índice de ocupación alcanzó el 93 por ciento en la primera semana de enero. Casi no quedan casas ni cabañas para alquilar. Recomiendan hacer reservas antes de emprender el viaje
1 minuto de lectura'
VILLA LA ANGOSTURA.- No cabe un alfiler. La capacidad de alojamiento ya está colmada, según la Dirección de Turismo local. Y no es para menos: los visitantes que llegaron aquí duplicaron la población estable. Se pasó de 7000 a 14.000 personas.
El boom de la cordillera es aún mayor que el año último, pues se agregaron 400 nuevas plazas, que ya están desbordadas.
A esto hay que sumar las casas y cabañas en alquiler, no declaradas oficialmente. Una práctica común aquí es que los propietarios se muden a una casa más chica o a un camping durante la temporada alta para alquilar sus viviendas a los viajeros.
El índice de ocupación ayer en la ciudad era de un 93 por ciento, por encima del 91 por ciento promedio de la temporada veraniega pasada.
La presencia del turismo se nota en la calle, los lagos, las playas, la montaña y las hosterías. El boulevard de la avenida Arrayanes está atestado de automóviles estacionados en doble fila.
Los que llegan al anochecer a esta villa por el camino de los Siete Lagos, desde San Martín de los Andes o desde Bariloche, y no tienen reservas se ven en serios problemas para conseguir una cama. Hubo casos de personas que incluso terminaron pasando la noche en su auto. La otra solución es seguir viaje a Bariloche, a 70 kilómetros de aquí. Por eso, recomiendan a aquellos que piensen venir el mes próximo que vayan haciendo sus reservas.
El exclusivo country Cumelén, donde viven 1200 personas en 90 residencias veraniegas, que al menos valen un millón de dólares cada una, está a pleno. Allí, una hectárea alcanza rápidamente el medio millón de dólares. Un poco más allá, La Estacada fue el lugar elegido por Amalia Lacroze de Fortabat para comprar, en 2,5 millones de dólares, una estancia.
Los viajeros eligen cabañas en alquiler, hoteles y hosterías, cuyos precios oscilan entre los 70 y los 400 dólares por día, como en el exclusivo complejo Las Balsas, a orillas del Nahuel Huapi.
Los mochileros son pocos aquí. No son gasoleros: la mayoría carga en su equipaje una tarjeta Visa o una American Express con la que hacen sus compras en el pueblo y preguntan si pueden pagar de ese modo el camping.
Playa y miradores
Con una temperatura cercana a los 27 grados y sin viento, la gente ayer se volvió decididamente a las playas. En el pueblo, al pie de los muelles sobre la costa arenosa del Nahuel Huapi, las playas de Bahía Mansa y Bahía Brava fueron la primera parada.
Pero el grueso de los viajeros se volcó al lago Correntoso, a tres kilómetros de la villa.
Sus aguas, unos grados por encima de las del Nahuel Huapi, ofrecen la posibilidad de zambullirse, nadar y hacer deportes náuticos, como el esquí acuático y el windsurf, o navegar en canoas. Es la playa de moda.
Ese fue el programa de la familia de Gabriel y Silvia. Con sus dos chicos, Nicolás (13) y Mariana (14), dejaron su casa de Villa Devoto y cambiaron Mar del Plata por la cordillera. Pasaron por Neuquén y en 8 días piensan llegar hasta Esquel. "Los precios están más caros que en la costa, pero esto es impagable. El año que viene vamos a volver", explica Gabriel, quien conoció la zona trabajando en una empresa de calefacción.
Medio equipo de primera división de rugby del Club Pueyrredón hace una tocata en la playa. Para muchos, es su debut en la Patagonia. Quedaron fascinados.
Igual que Laura y Carolina, dos chicas nativas de aquí, pero que estudian psicología y relaciones internacionales en Buenos Aires. Biquinis y anteojos negros, imprescindibles, las protegen del sol y de las miradas de los rugbiers. Juan, el neuquino amigo de las chicas, los mira con recelo.
"Este año estamos el 30 por ciento por encima de lo que facturábamos el año pasado", se entusiasma Juan Pablo, el encargado de un bar de la playa, donde se alquilan bicicletas de agua y botes.
Unido con el Nahuel Huapi por el río Correntoso, de apenas 200 metros de largo, este lago se muestra imponente desde el mirador Belvedere, en el cerro homónimo, junto al cerro Incayal. Desde allí, las montañas chilenas parece que se pueden alcanzar con la mano.
Es el final de un día de playa intenso, donde los jóvenes llegan en sus mountain bike y enfilan derecho al agua.
Con el atardecer, nunca antes de las 21, la fila de autos regresa a sus cabañas. Otros, en cambio, deambulan por la Dirección de Turismo buscando un lugar donde alojarse. Una tarea difícil si no se reservó antes, en esta villa rodeada de bosques y lagos.
1
2Un verano extremo en la costa: sismo, meteotsunami, remolinos de viento, sudestada y temporal, ¿solo casualidad?
3En campos y también en zonas urbanas: el ataque a un niño reavivó un problema que hace décadas crece en la Patagonia
4Después de los therians, llegó el “Hobby dogging”: de qué se trata la nueva tendencia de pasear a perros imaginarios



